
A los 38 años de su partida, Tribuna 2 recuerda a Enzo Ferrari, el hombre que convirtió al automovilismo mundial y que empapó con su legado a la Fórmula 1.
Es una marca de automóviles de lujo. Lo es. Es una emblemática escudería de carreras. También. Es un símbolo nacional de Italia. Es verdad. Todo eso es Ferrari. Sí, pero además es un culto de la velocidad, de la sapiencia y de una elegancia global, que ha atravesado todos los tiempos. En definitiva, es el legado de su creador, Enzo Ferrari, quien dejó este plano el 14 de agosto de 1988.
Llegó a la cúspide a partir de un sueño de pibe, de aquel que nació en Módena, que logró cristalizar sus ilusiones de fabricar los autos más veloces del planeta. Y ese espíritu se mantiene vigente en cada producto que sale de Maranello con el Cavallino Rampante grabado, que representa la herencia que dejó IL Commendatore.

Enzo Ferrari, uno de los grandes próceres del automovilismo mundial, fue mecánico, piloto y constructor. Atravesó cada una de esas estaciones y se convirtió en el único fabricante del mundo que mantuvo el color que identificaba a su patria: el color rojo tan distintivo de Ferrari.
Dejó este plano a los 90 años, sin deudas con sí mismo. Es que le dio forma al sueño de ser el propietario y hacedor de una empresa fabricante de autos de carrera que lleva su nombre, pero que además le permitió disfrutar de la Fórmula 1.
Y lo hizo como piloto arriba de un Alfa Romeo, después como constructor, cuya primera alegría en la Máxima fue con un piloto argentino: José Froilán González, quien quedó inscripto en la historia como el primer ganador con una Ferrari. Sucedió en el autódromo inglés de Silverstone, en 1951, un año más tarde de la creación del campeonato de la Fórmula 1.
Los primeros pasos
Enzo Anselmo Ferrari nació en Modena, Italia, en febrero de 1898. Su padre, Alfredo, a través de su trabajo, lo relacionó con el universo de la mecánica. Sin embargo, hubo otro momento bisagra: en 1908, el pequeño Enzo, de 10 años, presenció por primera vez, junto a su padre, una carrera de autos, en Bolonia.

La música de los motores, los aromas de combustible y aceite quemado cautivaron la atención del pequeño, que desde allí enhebró una estrecha relación con el mundo del automóvil.
Las tragedias de la Primera Guerra Mundial dejaron un derrotero de pobreza en Europa. Falló en el intento de ingresar a la Fiat en Turín, pero en 1919 consiguió empleo como piloto de pruebas en CMN (Costruzioni Meccaniche Nazionali). Allí aparece el primer mojón de un largo camino.
La senda Alfa Romeo
Su talento hizo ruido, a tal punto que Alfa Romeo le dio un espacio para su desarrollo profesional. Así, como piloto, Enzo logró resultados destacados, como la victoria en la Coppa Acerbo en 1924. Se trató, en definitiva, de un pequeño lapso, ya que tenía claro que lo suyo no estaba detrás del volante de un auto de competición. Por ello, en 1929, armó los cimientos de ese emprendimiento, que luego se transformaría en un verdadero imperio: fundó la Scuderia Ferrari en Módena.
En los primeros tramos, esa firma funcionó como la división de carreras de Alfa Romeo. Y allí apareció el emblema del Cavallino Rampante, que representa un homenaje al héroe de la aviación italiana de la Primera Guerra Mundial, Francesco Baracca, cuya madre le sugirió a Enzo que pintara el símbolo en sus coches como un amuleto de la buena suerte. Y parece que funcionó.
La era gloriosa de la Fórmula 1
Tras la Segunda Guerra Mundial y las desavenencias comerciales con Alfa Romeo, Enzo decidió emanciparse, pero un acuerdo legal le impedía utilizar el nombre “Ferrari” en sus coches por espacio de cuatro años. Ante ello, estableció la empresa Auto Avio Costruzioni en Maranello. Ese sitio se convirtió en la verdadera Meca de la escudería.

En 1947 apareció el modelo 125 S, que constituyó el primer automóvil comercializado oficialmente bajo el nombre Ferrari y propulsado por un motor V12. Fue el nacimiento de la leyenda.
Es que en 1950 se instauró el Campeonato Mundial de Fórmula 1, y la Scuderia Ferrari estuvo presente desde sus inicios. Como se dijo, la primera gran victoria en la Máxima llegó en 1951, a través de José Froilán González en el Gran Premio de Gran Bretaña, disputado en Silverstone a bordo de una Ferrari 375 F1.
Aquel triunfo marcó el comienzo del dominio de Maranello en la F1, donde cosechó múltiples títulos mundiales de constructores y tuvo en sus filas a figuras legendarias, como lo fueron Alberto Ascari, Juan Manuel Fangio, Niki Lauda, John Surtees, Michael Schumacher o el mismísimo Carlos Alberto Reutemann, o el recordado Gilles Villeneuve, a quien Don Enzo casi que había adoptado como el hijo preferido.




Golpes dolorosos
A pesar de los éxitos, la vida personal de Don Enzo fue golpeada por el dolor. La muerte de su hijo, Alfredo “Dino” Ferrari, de 24 años, en 1956, a causa de una distrofia muscular, representó un mazazo del que nunca logró recuperarse por completo.
Allí aparecieron las inconfundibles gafas oscuras que utilizó y, al mismo tiempo, comenzaron a escasear las apariciones públicas en los circuitos. Don Enzo prefirió seguir todo desde su despacho en Maranello.
Unos años más tarde reconoció formalmente a Piero Lardi como su hijo, fruto de su relación con Lina Lardi. Desde ese hecho, Piero accedió a puestos en la directiva de la empresa, que terminó por asegurar la continuidad del apellido dentro de la marca.
Por el lado empresarial, a fines de los 60, Enzo Ferrari le dio forma a un acuerdo estratégico con el Grupo Fiat, con el propósito de garantizar la estabilidad económica de su empresa, pero manteniendo la autonomía sobre el equipo de competición.

El emblemático constructor manejó su escudería con puño de hierro, con exigencia absoluta sobre la excelencia a sus ingenieros y pilotos. Pero su filosofía se apoyaba en que el auto era el protagonista supremo de la historia.
Fue una de las figuras más influyentes, icónicas del siglo XX. Con su partida se cerró un capítulo dorado de la industria automotriz, pero nació una leyenda imborrable. Es que no solo construyó automóviles rutilantes, sino que incidió en la identidad misma de la Fórmula 1 y el espíritu del automovilismo deportivo.
Fotos: autohebdo.fr – motorsport.com – latercera.com / Por: Osvaldo Álvarez – Tribuna 2






