Efemérides

Adelaida: el día que la tecnología de la F1 no pudo con la naturaleza

Se cumplen 35 años de aquel GP de Australia, en Adelaida, recordada como la carrera más breve de la Máxima. La lluvia hizo que apareciera la bandera roja en la 16° vuelta. Ganó Ayrton Senna.

La corriente del Niño nos tiene contra las cuerdas. El agua avanza y deja su marca dolorosa en los barrios más bajos y ribereños. En las urbes, cada vez se consulta más el Servicio Meteorológico Nacional, o alguna aplicación que se dedica a tales fines; ya es parte de lo cotidiano. Sin embargo, 35 años atrás no apareció un fenómeno climático que perdurara, pero sí existió una jornada acuática de la Fórmula 1.

El 3 de noviembre de 1991 en Adelaida se disputó el Gran Premio de Australia más corto de la historia de la Máxima. Claro, el clima fue el gran responsable de aquella marca que quedó fija en los libros de historia deportiva. Se trató de la carrera más corta. Es que apenas tuvo una duración de 24m35s, con 15 vueltas, aunque se tuvieron en cuenta sólo 14 giros.

El recordado brasileño, Ayrton Senna se impuso al cabo de ese pequeño segmento con un McLaren Honda, tras 14 vueltas al callejero australiano de Adelaida. La prueba fue detenida por el mal tiempo y como estaba pactada a 81 giros, sólo otorgó la mitad del puntaje. El clasificador en cuanto a los primeros seis puestos, se conformó con Ayrton en lo más alto, con un registro de 24m 34s 899/1000 y detrás se encolumnaron Nigel Mansell (Williams/Renault), Gerhard Berger (McLaren/Honda), Nelson Piquet (Benetton/Cosworth), Ricardo Patrese (Williams/Renault) y Gianni Morbidelli (Ferrari).

Adelaida 1991, una de las carreras más cortas de la F1

Aquel domingo, un diluvio cayó sobre el callejero de Adelaida, en donde la Máxima cerraba la temporada de 1991. Por lo general el sol alumbraba el circuito callejero australiano; el campeonato ya tenía dueño, ya que estaba en manos de Ayrton Senna, que en Japón se había coronado tricampeón mundial. El cierre, de todos modos, cobijaba despedidas de equipos y el color que siempre dominó en Australia. Sin embargo, la imaginación no llegaba a presumir que aquella jornada tan esperada de motores rugientes se transformaría en una de las páginas más insólitas que se recuerden.

Aparecieron nubes tan oscuras como pesadas, con mucha agua para descargar. El cielo de Adelaida se cubrió y a nada de que se pusiera en marcha la carrera se desató un vendaval. Con ello, la pista no tardó en convertirse en un verdadero espejo de agua, con la visibilidad prácticamente nula.

Es que el spray que levantaban los autos sumado al agua que no tenía salida y se había estancado sobre el asfalto urbano, le daban forma a un escenario difícil. La pregunta era por qué se largó la prueba con semejante panorama. Simple: el show debía continuar. Con una pista que se asemejaba directamente a un río, Ayrton Senna, que movió desde la pole, se fue adelante en la largada, mientras que el resto de la caravana se aferraba a la cautela porque había que sobrevivir al efecto del aquaplaning.

Adelaida 1991, una de las carreras más cortas de la F1

Se sabe que el brasileño se movía como pez en el agua eneste tipó de sitaaciones (su primera victoria la logró bajo la lluvia de Estoril) y así estiró la luz sobre el resto del pelotón. Se guiaba por su memoria, ya que los ojos no alcanzaban a ver ciertos sectores del circuito. A pesar del optimismo acerca de que la lluvia daría una tregua, no hubo cambios. El agua siguió y así los incidentes se fueron encadenando. Aparecieron los dibujos raros, autos que parecían enloquecer, salidas de pista, trompos y despistes en las zonas de aceleración.

El peligro estaba sembrado en todo el trazado urbano, pero en la 14° vuelta, Nigel Mansell, que marchaba segundo y exprimía a su Williams en busca del McLaren de Ayrton, sufrió un violento despiste debido a la acumulación de agua sobre el asfalto, que lo dejaba fuera de carrera. Y le siguieron otros, como Mauricio Gugelmann y Jean Alesi. No había alternativa que detener la carrera. Es que la pista ya era una trampa mortal. Los pilotos, desde sus autos, metían presión para que el comisariato sacara a flamear la bandera roja. Por ello, en el giro 16 se detuvo la competencia, los autos ingresaron en fila india a los pits, en donde los equipos trataban de evaluar los daños.

En los paddock se dibujaba un signo de interrogación acerca de si habría, o no, relanzamiento. En definitiva, nunca pudo ser, porque el tiempo nunca lo permitió. Entonces, se decidió dar por terminado el GP australiano con 14 vueltas y, como el reglamento deportivo de aquella época, marcaba que al no haberse completado el 75 por ciento de la distancia total prevista, se otorgó la mitad de los puntos. Bajo la tormenta inusual Ayrton Senna alzó el trofeo de ganador, acompañado en el podio por el italiano Ricardo Patrese y el austriaco Gerhard Berger. En definitiva, era el día en que Adelaida quedó inscripta en los libros de historia como el GP más breve de la F1. Se trató del día en que la tecnología debió rendirse ante el poder de la naturaleza.

Fotos: motorsport.com / Por: Osvaldo Alvarez – Tribuna 2

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