
El piloto sanjuanino fue uno de los argentinos que formó parte de la Fórmula 1. El 30 de setiembre de 1979 debutó tras reemplazar en forma inesperada a Niki Lauda en el equipo Brabham.
Cada vez que rememoramos épocas pasadas de la relación del automovilismo argentino con la Fórmula 1, automáticamente y, con lógica, aparecen en nuestra memoria Juan Manuel Fangio, Froilán González y Carlos Reutemann. Pero hubo más representantes de estas pampas que pasaron a formar parte de las doradas páginas de la Máxima. Ricardo Héctor Zunino es uno de ellos. No logró escribir jornadas teñidas de proeza, aunque cobró notoriedad desde la manera en que desembarcó en la Gran Carpa y con ello enhebró una historia de esfuerzo, talento y de giros insólitos del destino. Es que reemplazó en un abrir y cerrar de ojos a Niki Lauda en la grilla de la Máxima.
El 30 de setiembre de 1979 el sanjuanino se subió por primera vez a un monoposto de la F1, en Montreal, oportunidad del Gran Premio de Canadá, en el circuito de la Isla de Notre Dome.
El Colo nació el 13 de abril de 1949, creció en medio del viento zonda, a la sombra de las parras cuyanas. A temprana edad se vinculó con el automovilismo, pero se formó en competencias nacionales sobre monopostos y sobre autos con techo, sobre todo en el Turismo Nacional, en donde se proclamó campeón en los años 1975 y 1976, al volante de un Fiat 125.
Sin embargo, tenía claro que para dar el salto de calidad ameritaba cruzar el Atlántico para desarrollarse en la elite del automovilismo mundial. Eligió la Fórmula 2 Europea, en la que coincidió con otros argentos, como Miguel Angel Guerra, Ariel Bakst, el Flaco Traverso y Cocho López. El paso constituyó un aprendizaje para el sanjuanino, quien posteriormente compitió en el Campeonato de la Fórmula Aurora, cuyo parque automotor se nutría con chasis y motores que se habían utilizado durante años anteriores en la F1. Allí exhibió un nivel superlativo, que lo llevó, por caso en 1979 a lograr una victoria memorable bajo la lluvia en el circuito de inglés de Brands Hatch, sobre un Arrows A1. Además de atraer la atención del ambiente internacional, allí conoció a Bernie Ecclestone, que más adelante le allanaría el camino.
EN EL LUGAR EXACTO
Ricardo Zunino había aglomerado méritos deportivos, pero el desembarco en la F1 tuvo ribetes peculiares. En realidad, mucho tuvo que ver estar en el lugar exacto, en tiempo y forma.
En el inicio de las acciones del Gran Premio de Canadá, en la Isla de Notre-Dame, durante último finde de setiembre de 1979, ocurrió algo inesperado cuando el argentino ya estaba en Montreal.
Durante las prácticas libres del viernes, nada menos que Niki Lauda, quien era figura estelar del equipo Brabham liderado por Bernie Ecclestone, tomó la sorprendente decisión de retirarse del automovilismo tras haber participado del primer entrenamiento (algo así como lo hizo el Flaco Traverso en Olavarría, previo a la largada de una serie de TC). Con ello la butaca del Brabham BT-48 rojo quedaba vacía.
Los reflejos de Bernie Ecclestone pusieron en el centro de la mira a Zunino. De todos modos, algunas versiones sostienen que el sanjuanino estaba en Canadá por pedido de Bernie, el mandamás de la categoría en esos tiempos. Esa especie encuentra respaldo en que a Lauda se le terminaba el contrato con la escudería inglesa ese fin de semana. Por ello fue que Ecclestone había invitado a Zunino a Canadá, todo a partir de que se conocían de la intervención del argentino en la Fórmula Aurora, aunque también había probado ese año el Brabham que guiaban Niki Lauda y Nelson Piquet.
Lo cierto es que el Colo fue convocado por el “dueño del circo”, pero no tenía la vestimenta adecuada, ya que estaba en el rol de espectador. A pesar de ello, no dejó pasar el tren: tomó el buzo y el casco del austríaco y salió a pista. Mucho no pudo hacer con un auto que no estaba a su medida. Esa noche, el equipo trabajó duramente para adaptar la butaca y la pedalera a su estatura. Así, al otro día, el sanjuanino fue parte de las tandas de clasificación con el 19° tiempo como corolario de su escasa experiencia con el Brabham.
Pese a las desventajas, realizó una actuación digna. En carrera, Zunino llegó a estar cuarto, pero un problema de transmisión lo mandó al sector de a boxes. Ese retraso lo condicionó, aunque pudo remontar hasta el séptimo lugar, y quedó en el umbral de los puntos (sumaban hasta el sexto). Los medios hablaron de carrerón, de hazaña del novato sanjuanino, que había sustituido nada menos que Niki Lauda.
LUZ VERDE
Esa capacidad de adaptación significó una eficaz tarjeta de presentación, una suerte de luz verde. Es que Ecclestone se convenció de mantenerlo en el equipo para la última fecha de la temporada en Watkins Glen (costa Este de Estados Unidos) para luego confirmarlo como piloto oficial para la temporada 1980. Iba a ser el segundo piloto de la escudería, que compartiría con Nelson Piquet.
De un modo peculiar había colocado los dos pies en la Máxima y de ahí en más, Zunino sumó minutos en pista junto a pilotos de primera línea. Logró dos sextos puestos en el Gran Premio de Argentina (Buenos Aires) y en el Gran Premio de España (Jarama, aunque luego se decidió que esta carrera no aportaría puntos por los conflictos entre la FISA y la FOCA).
Al año siguiente, Zunino fue reemplazado por el mexicano, Héctor Rebaque y de allí arribó a Tyrrell. Primero sustituyó al estadounidense, Eddie Chever, en las pruebas de Sudáfrica, que se trató de una carrera no puntuable, pero luego ante la salida de Kevin Cogan, Zunino disputó los GP de Argentina y Brasil con Tyrrell.
Esa fue la última función del sanjuanino en la Máxima, porque la falta de patrocinadores lo obligó a devolver la butaca del equipo capitaneado por Ken Tyrrell, que enseguida fue ocupada por el italiano, Michele Alboreto.
Con ello, Ricardo Zunino fue parte de 11 Grandes Premios puntuables de la Fórmula 1 entre 1979 y 1981. Se trató de un paso breve, pero la audacia para aprovechar la chance de reemplazar a Niki Lauda lo colocó en las páginas doradas de la F1.
Fotos : : www.sanjuan.gob.ar / Por Osvaldo Alvarez – Tribuna 2










