
El 29 de octubre de 1972 se escribía el primer capítulo de una historia dorada protagonizada por uno de los mayores exponentes de nuestros fierros. El Flaco Traverso lograba su primer triunfo en el TC en 25 de Mayo.
Todo tiene una raíz; en algún lugar algo y comienza; en un tiempo dio el primer paso. Es que nada, ni nadie aparece repentinamente; todo es parte de un proceso evolutivo, que en la mayoría de los casos lo genera el propio protagonista. Desde esta suerte de precepto podemos entender, abordar la carrera y la historia de un deportista. Por ello, hoy Tribuna 2 decidió rendirle tributo a uno de los más grandes exponentes del automovilismo argentino, como lo fue Juan María Traverso.
Todas sus hazañas, su mágica ascendencia y ese especial talento para guiar un auto de competición también tuvieron un punto de partida, como todo, como todos. El 29 de octubre de 1972, el Flaco de Ramallo logró su primera victoria en el Turismo Carretera, en “La vuelta de 25 de Mayo. Fue el punto de partida de una senda fantástica que lo arropó con la pilcha de ídolo.
Han pasado 54 años desde aquella jornada cuando el Torino naranja con el 11 en sus laterales y guiado por un pibe de 21 años y que recién dibujaba los primeros palotes en el automovilismo, sorprendía con un triunfo impensado y logrado ante gigantes como Pirín Gradassi o el Turco Nasif Stéfano. Nadie imaginó que se trataba del primer eslabón de una cadena de hazañas, que se estaba ante la primera página de una historia tan brillante como dorada, cargada de hitos, rebeldía y talento innato al volante.
Aquel domingo primaveral de los 70, la pasión desbordaba como ante cada aparición del TC en la ruta. Miles de seguidores se colocaban a la vera del asfalto para ver desde lo más cerca posible a sus ídolos; los motores de seis cilindros sacaban desde sus entrañas el rugido furioso por los escapes. Y en el medio de ese mapa, comenzaba a llamar la atención el pibe que había llegado desde Ramallo. Su herramienta era el Torino naranja, atendido por Heriberto Pronello, y que se convertiría en un auténtico símbolo de sus primeros pasos en el TC.
El Flaco supo mezclar en dosis perfectas esa audacia propia de la juventud con una inusual frialdad para un piloto de su corta edad en cada vuelta al semipermanente, que se hacía en un tiempo cercano a los 4m 40s y un promedio de velocidad de 192 kilómetros por hora. Supo exprimir al máximo el rendimiento mecánico del Toro ante los Ford oficiales, los Chevrolet y los poderosos Dodge GTX. A pesar de los riesgos que residían en un semipermanente, el Flaco entregó una imagen lejana a la de un debutante, porque desde la sobriedad escaló a lo más alto del podio.
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El día comenzó con el dominio de Cesar Malnatti (Torino) y Miguel Angel De Guidi (Dodge GTX) en la primera y segunda serie, respectivamente. Tras ello, la final, cuya grilla se ordenaba de acuerdo a los tiempos arrojados por la serie, entregó en la primera fila a De Guidi, por el lado de la cuerda, y a Ricardo “Caito” Iglesias por afuera. El arranque lo ganó el Ford oficial, pero sin dejar pasar mucho tiempo, la Dodge de De Guidi pasó a mostrar el camino. Esa era la foto de esos primeros tramos, pero en los relojes mandaba Malnatti, seguido por Gradassi, quienes viajaban chupados.
Sin embargo, Miguel De Guidi era implacable con la Dodge, aunque a sus espaldas aparecían Juan María Traverso y Nasif Estéfano, quienes también iban en la succión. De ese modo, ambos se arrimaron a la punta, tanto que les llenaron los retrovisores a Pirín Gradassi y a César Malnatti. Los cuatro autos armaron un diabólico ritmo sobre el asfalto de 25 de Mayo y en sobre ese mapa, Traverso ya mostraba algo que luego sería su ADN: arriesgó en una frenada, pero el Torino se fue al pasto y fue aprovechado por Gradassi y Malnatti para escaparse y seguir tirando juntos, mientras Nasif quedó solo en la ruta.
En los relojes, De Guidi iba en punta, pero a partir del 10° giro comenzó la ronda de retrasos y abandonos. Gradassi perdió ritmo con un motor en cinco cilindros; Malnatti quedó al margen por la rotura de un pistón, al igual que De Guidi, que vio así diluirse una victoria que no se veía amenazada hasta el momento del abandono.
Semejante revuelo dejó ganancias para el lado de Juan María Traverso, que heredó la punta y de ese modo le dio forma a su primer triunfo en el Turismo Carretera. El clasificador de aquella jornada en 25 de Mayo, mostró en lo más alto a Juan María Traverso (Torino), con un tiempo de 1h 11m 4s 8/10, escoltado por Ricardo «Caito» Iglesias (Ford), a 4s 7/10 y Nasif Estéfano (Ford), a 46s 6/10.
El dato de color de aquel halago tuvo que ver con una costumbre fierrera y romántica de la época. Es que el Flaco no sólo recibió los premios consabidos -trofeos, algún dinero y la gloria deportiva- sino que también el ganador se llevó una vaquillona donada por una carnicería de la zona. No se trató de un triunfo más, de una victoria de las tantas. Es que se constituyó en los cimientos sobre los que, luego, se elevó un mito, una leyenda, un piloto distinto, que cosechó 46 victorias en el TC, que se adjudicó seis campeonatos con los colores de Ford (dos), Chevrolet (tres) y Torino (uno).
Desde allí, el Flaco fue urdiendo un ADN, que se integró de versatilidad, de un manejo al límite, de jornadas épicas, de una personalidad única, sin tapujo al decir lo que sentía. Todo eso comenzó en octubre de 1972, bajo el sol y el rugido nervioso de los motores en 25 de Mayo. Quizás, el automovilismo nacional, ya había divisado en ese 29 de octubre de 1972 que en ese joven de 21 años se encarnaba una figura icónica que comenzaba a asomar en el planeta de los fierros.
Fotos: Facebook Pasión Tuerca – elgrafico.com / Por: Osvaldo Álvarez – Tribuna 2








