
Sebastián Porto está festejando 30 años de la obtención del título europeo de motociclismo en la clase 250cc. Aquel logro le valió que Aprilia lo sumara a su equipo para se parte del Moto GP.
El talento y la dedicación jamás le faltaron a un piloto argentino, sobre todo cuando salía a mostrar lo suyo más allá de nuestras fronteras. Hubo varios que dejaron instalados sus nombres en la rica historia del automovilismo y si no fueron más, todo se debió al aspecto económico que truncó la carrera de muchos.
Sin embargo, las aptitudes innatas siempre funcionaron para que algún argento brillara del otro lado del Atlántico. Sebastián Porto fue uno que integró ese grupo selecto y exquisito. El rafaelino brilló en el motociclismo mundial y hoy se cumplen 30 años de su consagración como campeón europeo de motociclismo en la división de 250 cc.
La historia de Sebastián Porto arrancó bien abajo, en los torneos zonales y nacionales de velocidad, en lo que siempre se destacó, tanto que se alzó con campeonatos en las clases 100cc y 250cc. Su talento, su manejo fino y veloz había tocado techo. Necesitaba más y mejores desafíos. Así, en 1995, con el apoyo de su familia, que realizó un enorme esfuerzo económico, pudo llegar a Europa, con apenas 18 años.
Supo adaptarse y sortear las adversidades, como la presión deportiva, enfrentarse a figuras descollantes del motociclismo y la lejanía de sus afectos. Con madurez absoluta, aquel joven rafaelino hizo cabeza de playa y en 1996 logró la consolidación tan buscada.
Porto (en aquel momento se apellidada como Porco) subió al olimpo un 13 de octubre de 1996 y le puso letras de oro a su historia en el mundo motor. Eran sus primeros años en Europa, en realidad su segunda temporada lejos de la Perla del Oeste, pero ese día, con apenas 18 años de edad, se impuso en el circuito francés de Magny Cours, en donde fue blanco de todas las miradas. Se trataba de un chico, pero que, a pesar de su corta edad, mostraba un perfil maduro, propio de un experimentado.
Desde las tandas de entrenamiento, la Aprilia del argentino volaba sobre el asfalto francés. De todos modos, la carrera no fue sencilla, por la exigencia física y de puesta a punto de la moto. Ante ello, Porto impuso la mente fría para contener el asedio de sus principales rivales en el campeonato. Lo cierto es que la bandera de cuadros lo vio primero y con ello llegaba el desahogo, el relax luego de mucho tiempo de sacrificio, de desarraigo y trabajo sin pausa junto a su equipo.
El paso hacia la Meca
Porto celebró el título, pero había algo más en esa jornada de Magny Cours. Y tenía que ver con que su nombre comenzó a sonar fuerte en el Viejo Mundo, y allí quedaba instaurado que un talento argentino estaba preparado para conquistar la Meca de las dos ruedas. Por ello, quedaba abierta la puerta para el salto de calidad hacia el Campeonato Mundial de Motociclismo.
Es que ese título europeo funcionó como el puente que comunicó al rafaelino con el Campeonato Mundial de Motociclismo (MotoGP / 250cc). Ese tranco lo pudo dar a partir de que la casa Aprilia le diera carácter de piloto oficial de la marca y de ese modo, comenzó a codearse con figuras de la talla de Valentino Rossi, nada más ni nada menos.
Aquel momento deportivo quizás se haya tratado del segmento dorado en su carrera, con varios triunfos que lo llevaron, por caso, al recordado subcampeonato mundial de 250cc en la temporada 2004. De aquí surge que el título europeo de 1996 no forma parte de un galardón más en la vitrina del piloto santafesino.
Es que hay otra lectura, que conduce a marcar que el talento, el sacrificio y la voluntad son aliadas necesarias para tocar el cielo con las manos. Sebastián Porto dejó instalado que su ilusión encontró cimientos sólidos en el trabajo sin pausa ni condicionamientos y en una pasión sincera que se montó en dos ruedas.
Foto: soymotero.net – RRSS Sebastián Porto / Por: Osvaldo Álvarez – Tribuna 2









