
El Brabham BT46B revolucionó a la Máxima en 1978. Conocido como el Auto Ventilador ganó en Suecia el único Gran Premio que disputó, en manos de Niki Lauda, antes de ser prohibido.
La Fórmula 1, entre otros condimentos, se ha constituido en un crisol de ideas revolucionarias a partir de los adelantos tecnológicos. Así se ha dado durante toda su vida. Algunos marcaron una época -el efecto suelo, por caso- y otros nacieron, armaron una punta de revolución y quedaron al margen. De todos modos, esto no alcanzó para que la historia no cuente con algunas líneas o páginas dedicadas a esos sucesos tecnológicos. El auto con ventilador es uno de los casos emblemáticos de esas volátiles manifestaciones de modernismos.
La fecha del 17 de junio de 1978 significa un acta de nacimiento y a la vez una de defunción para una ocurrencia de la ingeniería e inventiva salida de una mente brillante como la de Gordon Murray. Se trató del Brabham Alfa Romeo Ventilador, que en manos de Niki Lauda ganó el Gran Premio de Suecia, el primero y el último de aquella innovación del ingeniero sudafricano.

Para entender aquel movimiento habrá que contextualizar. Era una temporada que estaba hegemonizada por el equipo Lotus, a partir de la aparición del modelo 78, y luego por su heredero 79, con efecto suelo que había diseñado Colin Chapman. Gordon Murray buscó la manera de romper con ese dominio. Cuenta la leyenda que en el GP de Mónaco de esa temporada logró inmiscuirse en el territorio de Lotus y descubrió el secreto.
Entonces, Murray recordó un auto que había sido presentado en la Canadian-American Challenge Cup, la CanAm, un campeonato que casi no contaba con un reglamento técnico. Se hizo llamar el Chaparral 2J, una suerte de caja de zapatos con ruedas y que en su parte trasera tenía dispuestos un par de ventiladores, pero que tenía una velocidad final temible.
Así, pasaron tres carreras y el sudafricano puso en pista el Brabham BT46B, que pasó a la fama como el “Coche Ventilador” (o Fan Car). Cuando el auto apareció en el autódromo de Anderstorp se armó el primer revuelo, que se transformó en escándalo cuando Lauda ganó la carrera, la única en definitiva de ese modelo.

La anchura del motor Alfa Romeo de 12 cilindros impedía copiar la estructura angosta de los pontones del Lotus, que además trabajaba con las famosas polleritas. Ante ello, el ingeniero sudafricano tomó como salida la instalación de un generoso ventilador mecánico en la parte trasera del auto. Los reglamentos suelen dejar espacios vacíos o grises, que le dan cabida a “lo que no está prohibido está permitido”. Murray fue por ahí.
LA FIA no contemplaba dispositivos aerodinámicos móviles, pero sí tenían luz verde aquellos elementos para la refrigeración de la planta impulsora. La excusa o argumentación del equipo que comandaba Bernie Ecclestone refirió a que más del 50 por ciento de la función del ventilador estaba destinada a evitar el recalentamiento del motor Alfa Romeo.
De todos modos, “hecha le ley, hecha la trampita”. Es que la presencia del polémico elemento también tenía funciones aerodinámicas “ocultas”. Es que el ventilador succionaba el aire que corría debajo del auto y de ese modo se creaba un vacío extremo que lo pegaba al piso.

Todas las miradas estuvieron ancladas en el Brabham BT46B cuando asomó en Anderstorp, en donde debutó oficialmente. Enseguida aparecieron las protestas formales de la mayoría de los restantes equipos, con Lotus al frente. Sin embargo, en los chequeos técnicos previos no hubo objeciones de parte de las autoridades técnicas y así Niki Lauda y el irlandés John Watson pudieron salir a pista.
En medio de la polémica, la clasificación quedó en manos de Lotus, con Mario Andretti, pero con la sombra de los dos Brabham, John Watson y Niki Lauda, en ese orden (Lole Reutemann marcaba el octavo tiempo con la Ferrari). Andretti tomó el dominio en carrera, pero en la 38ª vuelta, Lauda pasó al frente, que no la dejó hasta la bandera de cuadros.
Detrás del austríaco se encolumnaron el italiano, Ricardo Patrese (Arrows/Cosworth), el sueco, Ronnie Peterson (Lotus/Cosworth), y a una vuelta: el francés, Patrick Tambay (McLaren/Cosworth), el suizo, Clay Regazzoni (Shadow/Cosworth) y el brasileño, Emerson Fittipaldi (Copersucar/Cosworth). “Es como ir sobre rieles y cuanto más aceleraba en una curva más se pegaba el coche al suelo”, destacaba Lauda sobre el auto que le había entregado el equipo.

Entonces, la polémica escaló en los boxes. Nada estaba claro, nadie contaba con una poderosa justificación contra el invento de Murray. Lo cierto fue que se alegó que el coche ventilador levantaba demasiado polvo y suciedad, lo cual complicaba al resto de los pilotos. Así fue que el Brabham BT46B pasó a ser ilegal por generar polvo, levantar piedritas y turbulencia en demasía. Quizás, en realidad, aquella invención significaba una molestia, porque amagaba con quebrar el orden natural de la competición.
Por ello, ante la amenaza de una guerra política y que podía estirarse a la Justicia entre los constructores, el jefe del equipo Brabham, Bernie Ecclestone, y, además titular de la FOCA (entidad que nucleaba a los equipos de la Máxima) decidió retirar sin chistar el BT46B de la competición tras esa única carrera.
Lo cierto es que el Coche Ventilador resultó una idea brillante. Tan brillante que se había transformado en temible y que lo llevó a la “clandestinidad”, es decir a la prohibición. Sin embargo, la historia marca que el Brabham BT46B es el único que ganó todas las carreras que disputó en la F1.
Fotos: goodwood.com / Por: Osvaldo Alvarez – Tribuna 2






