Efemérides

La revolución de un Trasatlántico

Un 11 de junio de 1989 se dio la primera victoria del recordado Ford Fairlane en manos de Oscar Angeletti. Sucedió en el Gálvez y el Pupi peleó el campeonato con el Pincho Castellano.

Un 11 de junio de 1989 estalló una revolución. No hubo armas de fuego, no hubo invasión, tampoco hordas en las calles o manifestaciones con un rosario de reclamos sociales. Una revolución se puede definir como un “un cambio fundamental, radical y a menudo repentino en las estructuras de algo, puede ser de carácter político, social, económico o de alguna otra índole de una sociedad o de una organización. Sería algo así como un quiebre con el orden y los paradigmas establecidos y que, de algún modo, se altera el curso de la historia.

En este caso, el territorio es y fue el Turismo Carretera, un modelo de auto estableció ese movimiento revolucionario. En esa fecha, en el autódromo porteño estalló el primer bombazo de un verdadero acorazado, porque un Ford Fairlane lograba su primera victoria en el TC. Ocurrió en el mítico y recordado trazado número 12 a manos de Oscar Mario Angeletti. Se trataba de la tercera carrera del auto en cuestión, que había debutado el 23 de abril, en Balcarce.

El Pupi Angeletti y el Fairlane

Se trató del Gran Premio 70 Años de la revista El Gráfico y por lo tanto la bandera de cuadros estuvo en manos del titular de la Editorial Atlántida, Constancio Vigil, pero además el Aguilucho Oscar Alfredo Gálvez fue protagonista de aquella jornada histórica en un escenario, que hacía tres meses llevaba su nombre. La irrupción de Angeletti con el Fairlane celeste y blanco causó conmoción y con su llegada a lo más alto del podio hizo estremecer las estructuras de la categoría. Nacía un mito viviente, porque significó el primer grito de excelencia de un auto que se hizo espacio entre los grandes de la historia del TC.

El piloto de Burzaco ganó de punta a punta y regulando, dejó muy lejos a sus perseguidores más inmediatos, como lo fueron Antonio Aventín y Silvio Oltra -ambos con Dodge. Y más atrás se sumaron: Oscar Castellano -Ford-, Luis Hernandez -Chevrolet-, Eduardo Ramos -Dodge-, Francisco Alcuaz -Ford-, Carlos Saiz -Dodge-, Luis Minervino -Chevrolet- y Carlos Vanrell -Chevrolet-). Y la frutilla del postre representó el récord de vuelta para Oscar Angeletti, en 1m56s18/000 a 175km 82 metros a la hora de promedio.

Así fue que la muletilla marcó que “el Jumbo se tomó el buque”. El Pupi, de ese modo, volvía a la victoria tras tres años, ya que la última vez que una competencia lo había visto ganador había ocurrido en la Vuelta de 25 de Mayo, en 1986, año en que se había coronado campeón con una Dodge.
Lo cierto es que 1989 resultó una temporada que lo vio reverdecer, porque aquel “Buque” o “Trasatlántico” le siguió dando alegrías, a partir de la mecánica de Rubén Verdejo y del chasis del Negro Juan Carlos Benavídez (además, Omar Wilke le desarrolló la tapa de cilindros, y a José Miguel Herceg se le encargó de la leva, cigüeñal y volante).

El Pupi Angeletti y el Fairlane

La cosa no quedo en el Galvez

Había dominado en una pista (en el Gálvez) y el 17 de setiembre volvió a imponer condiciones en el semi permanente de Junín. Allí, el producto del Ovalo daba la talla, avisaba que se adaptaba a todo tipo de dibujo y ya parecía que era cosa seria.

Le anduvo cerca en el Juan Manuel Fangio de Balcarce (15 de octubre). Una llanta delantera se rompió en la final que venía ganando, y lo privó de redondear un excelente fin de semana, puesto que había marcado la pole, con cinco Chivos detrás, y había ganado su serie.

Siguió Nueve de Julio, en donde se impuso en una mano a mano con Pincho Castellano y le sumó, en noviembre, un quinto puesto en la visita al circuito de la Base Aérea de Morón, en donde se impuso el local, el Puma Aventín, escoltado por Roberto Mouras y Oscar Castellano.

Y llegó el cierre, la Vuelta de Tandil, trazado que había sido bautizado como el “Nürburgring argentino”, por su extensión, unos 32 kilómetros, subidas y bajadas. El Pincho Castellano era el líder del campeonato, con 158 puntos, seguía Emilio Satriano (145) y Oscar Angeletti (138,5). Si bien el Pupi era tercero, asomaba como el más peligroso, respaldado en el rendimiento del Ford Fairlane. De todos modos, el de Burzaco debía ganar y que el Pincho de Lobería no sumara, pero además arribaban con chances también Tony Aventín y el Vasco Jorge Oyhanart.

El Pupi Angeletti y el Fairlane

Aquellas dos etapas, a cinco vueltas cada una, que daban el ganador por suma de tiempos, fueron de antología. Angeletti voló con su Fairlane y ganó pese a la rotura del neumático delantero izquierdo, que se reventó a 20 kilómetros del final. Llegó con la llanta, apareado al Pincho, que lo alcanzó en el camino y eso fue suficiente para que el de Lobería se llevara el título en lo que era su primer año con el Falcon naranja. Sin embargo, esa carrera y esa temporada quedaron inscripta en los anales de la historia por obra del Pupi y de su equipo.

Armaron una tremenda revolución en el TC, con un producto del Ovalo como si fuera su bazuca (bazooka). Es que el Fairlane marcó una época en el automovilismo argentino, ya que desde el rendimiento puro fue capaz de movilizar masas y hacer tambalear estructuras que parecían intocables. Pero aquel 11 de junio del 89 representó la piedra basal de una temporada épica y revolucionada por un Trasatlántico celeste y blanco, llamado Fairlane. Tanto fue así que, el Pupi Angeletti -campeón 86 y propietario de seis victorias- quedó marcado a fuego por esa temporada de 1989, porque los hinchas hoy lo recuerdan más por aquel Ford Fairlane que por su título de 1986.

Fotos: ACTC – Revista Corsa / Por: Osvaldo Álvarez – Tribuna 2

Fernet 777
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