
El piloto de Ituzaingó, Lucas Barale, viene de ganar en la clase mayor del GTM con una Dodge imparable. “No nos sorprendió ganar, porque la marca está a la altura de los Chevrolet”, dijo.
Pasión. Una palabra multiuso, que suena muy a menudo. Pero cuál es su significado. Hay acepciones a la cuestión, pero hay una definición más cercana: “Una emoción intensa, un deseo o entusiasmo muy grande hacia una actividad, un arte, un deporte o una meta en la vida”. Con ese término de seis letras se dibuja, se colorea, se la da contexto, a un amor único por algo o alguien. Y si de contexto se trata habrá que decir que la palabra pasión engarza perfectamente con el sentir de Lucas Barale, el último ganador de la clase mayor del Gran Turismo Metropolitano (GTM).
Sus dichos, en diálogo con Tribuna 2, tienen un ensamble perfecto con su identificación con el automovilismo. “Me gusta meter mano en el auto, porque soy de la vieja escuela”, describió rotundamente. Esa vieja escuela vive en nombres que engalanaron la historia del automovilismo criollo y del Turismo Carretera en particular. La visión y el sentimiento de Barale se emparenta con nombres pesados, como el Pincho Castellano, el Vasco Jorge Oyhanart, el Toro Roberto Mouras, Emilio Satriano, los Gálvez, el mismísimo Juan Manuel Fangio, quienes regaron de gloria la historia.

“Mi viejo me llevaba a las carreras de TC en los semipermanentes, crecí así. De es modo nació la pasión por el automovilismo en mí. Y corro con Dodge porque me gusta marca, aunque era hincha de Ford”, reveló Lucas Barale. Su estilo escapa a lo hegemónico. Para el piloto de Ituzaingó no pasa sólo por calzarse un casco y subirse a un auto de competición.
En una de las tantas entrevistas que supo dar acerca de aquella carrera mítica en Roca cuando ganó con la Renault Fuego en llamas, el Flaco Traverso explicaba que no se había alarmado por el fuego, ya que se había dado en un lugar en el que no había elementos inflamables. “Esto me lo permitió entender algo de mecánica”, dijo el recordado ídolo de Ramallo.
Allí existe un hilo conductor con la filosofía de Lucas Barale. “Me gusta meter mano en el auto, soy de la vieja escuela, de aquellos pilotos que corrían y armaban sus autos. Entiendo, y está bien, que se pueda recurrir a motoristas o preparadores, o sólo calzarse el buzo y el casco, pero prefiero armarlo todo yo y después subirme y manejar”, describió. Y subrayó: “Creo que esa es la esencia del automovilismo. Porque en todo caso para ponerme el casco y subirme al auto me voy a otro lado”.
El piloto de Ituzaingó reapareció en el 4° capítulo en la categoría tras la ausencia en las primeras tres fechas. Ese paréntesis marcado guarda una historia, cuyo corolario fue la victoria en Roque Pérez. En la última carrera del 2025 había estado mezclado en los buenos tiempos, luego de que rompiera el motor anteriormente. “En Roque Pérez el año pasado había tenido una buena carrera, pero un toque me dejó afuera. Luego tomé clases, hice cursos y terminé por armar el motor yo mismo, Para eso, acondicioné el taller con todo lo necesario para armar y controlar el motor. De hecho construimos una sala aparte para desarrollar toda esa tarea”, comentó.

Pero no sólo el motor de la Dodge tiene atención propia. “Fui a Ciocci, que me reforzó la carrocería, trabajó en la jaula hizo reformas para bajarle kilos a un auto muy pesado. Lo traje al taller y ahora sigo yo con el trabajo”, agregó. Lo cierto es que dejó pasar tres carreras para volver. “No empecé desde el arranque de la temporada por temas personales y de trabajo.
De todos modos, esperé para volver bien armado, ya que me gusta correr con todo probado. No quería aparecer así nomás, sino llegar achicando todo lo que se pueda los riesgos”, explicó el ganador de Roque Pérez. “Quizás no venía disfrutando cuando iba a las carreras como podía, pero ahora me agarraron las ganas, se hizo un gran trabajo y los resultados aparecieron, por suerte”, analizó.
Un paso arrollador
Desde que lo tiró en pista en El Orejano, el auto dio muestras de estar para cosas grandes. Los Chevrolet venían marcando la clara tendencia, pero la irrupción de la Dodge amarilla sorprendió. Pero no tanto al propio protagonista. “El auto funcionó de 10, pero la verdad, y no es falta de humildad, fuimos a eso. Por eso, no me sorprendió ganar y haber estado arriba durante todo el fin de semana. Porque hubo mucho trabajo detrás de todo esto”, confesó el piloto de Ituzaingó.
“Fuimos con la idea de romper los relojes porque en la última fecha del año pasado, el auto había andado bien. Pero sí me sorprendió haberle sacado 10 segundos a la Chevy de Sacks, que venía muy firme”, admitió. La diferencia resultó llamativa, aunque no todo fue tan simple. “En la final de Roque Pérez apareció una vibración en el auto y no entendía qué era, pero me di cuenta que no era tan complicada. Después cuando revisamos descubrimos que se había aflojado un bulón de la pata del motor”, relató.

Bautizada como La Bosterita -las razones asoman como obvias, pero responden a su otra pasión-, la Dodge le arranca elogios a su piloto/propietario. “La tiro a la pista y funciona, salen los tiempos. Y no me pasó lo mismo con el Ford de mi hermano, al que también me subí, pero no salieron los tiempos. Por eso creo que nuestro auto está y buscaremos repetir en General Belgrano”, se entusiasmó Lucas Barale.
Rompió los relojes sobre asfalto, pero ahora se viene la tierra en General Belgrano. Sin embargo, a Lucas Barale no le modifica la ecuación. “No cambia demasiado, porque hoy es muy parecido correr en tierra que en asfalto. De hecho, en tierra gané en Brandsen aunque no fue tan contundente, como lo fue ahora sobre asfalto”, recordó.
La primera victoria del tándem La Bosterita-Barale se dio en Brandsen en 2023, mientras que la segunda ocurrió el 7 de abril de 2024, también en Brandsen.
La historia del piloto de Ituzaingó con la marca de las Cinco Estrellas refiere a su desembarco en el automovilismo, que se dio en 2022 junto a su compadre, Javier Coba, con un Valiant en el Provincial. “Allí logré mi primer podio, pero me gustó aquella experiencia y por eso compré la Dodge en el Museo del Mouras. De a poco fuimos trabajando y así uno se va conociendo con el auto; siempre corrí con la marca y me resulta un auto dócil”, relató.

Cuando se lo invitó a analizar la actualidad de la marca en la clase mayor del GTM, Lucas Barale entendió: “Hoy Dodge está a la altura de los Chevrolet. Es que el motor de la marca me encanta cómo va, pero también el chasis, que están importante como el motor” y añadió: “El Ford se está acercando, ya que, por ejemplo, Panella está haciendo un gran trabajo. De todos modos, no me parece que haya un monstruo en la divisional y por ello el desafío es luchar y mantenerse”.
Siempre la victoria se empapa del sabor a miel, pero la manera seguramente le aplica un IVA. Es que hacerlo, arremangarse, meter mano y ponerle su propia impronta, eleva esa sensación de que se trata del sabor de la pasión.
Fotos: Lucas Barale – Prensa GTM / Por: Osvaldo Álvarez – Tribuna 2






