Entrevista

Adrián Luna, el alma de Luna Carreras

Adrián Luna, dueño de Competición Luna Carreras repasó su historia de esfuerzo, sus inicios en los talleres y la pasión que vive por las carreras.

Hablar con Adrián Luna es encontrarse con uno de esos personajes genuinos que todavía conserva el automovilismo. Hombre de taller, de trabajo y de una pasión inagotable, el propietario del equipo de competición Luna Carreras que construyó su camino desde abajo, aprendiendo entre motores, fierros y largas noches de preparación.

Nacido el 16 de agosto de 1979 en San Martín, provincia de Buenos Aires, Adrián recuerda siempre sus raíces con emoción. Hijo de María Ester y Carlos Julio, reconoce que la pérdida reciente de ambos marcó profundamente su vida, aunque asegura que hoy sigue adelante en honor a ellos. Casado con Celeste y padre de Bianca y Camila, Luna encuentra en la familia el sostén cotidiano para una vida que gira alrededor de los autos de carrera. “El automovilismo es mi vida”, resume sin vueltas.

Su pasión nació desde muy chico gracias a su abuelo Oscar y a la influencia de gente del barrio ligada a las carreras. Más tarde aparecieron nombres fundamentales en su formación: Sergio y Ariel Giambrone, a quienes considera sus grandes maestros dentro del automovilismo. “Ellos me enseñaron todo lo que sé”, asegura Adrián, recordando aquellos años en los que trabajaba en una rectificadora de tapas de cilindro hasta las seis de la tarde y luego se iba directamente al taller para seguir aprendiendo.

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Con apenas 18 o 19 años Adrian Luna comenzó a meterse de lleno en el ambiente. El esfuerzo pronto empezó a dar resultados: fue campeón de TC Pista junto a Ignacio Sabino y también con Maxi Juan, además de lograr títulos en Procar. Después llegó el gran paso: independizarse y crear su propio camino. Así nació Competición Luna Carreras, un equipo construido a pulmón y basado en el compromiso absoluto con cada auto que sale a pista.

Actualmente, Adrián trabaja junto a Juan Pablo, Cristian Rech y otros colaboradores especializados que lo acompañan en la atención de los autos del Turismo 4000 Argentino y en el asesoramiento dentro del Procar. “Prefiero hacer pocas cosas y estar por encima de todo. No me gusta quedar mal con nadie”, explica, dejando en claro su manera meticulosa de trabajar.

Uno de los pilares más importantes de esta etapa en la carrera de Adrián Luna es el vínculo que construyó junto a Andrés Kechichian, piloto de extensa trayectoria y referente dentro del ambiente. Lo que comenzó como una relación laboral entre preparador y piloto, con el paso del tiempo se transformó en una amistad marcada por la confianza, el respeto y el trabajo compartido.

Hace ya cinco años que trabajan juntos, consolidando un equipo que se caracteriza por el compromiso y la dedicación en cada carrera. Para Adrián, Kechichian representa mucho más que el hombre que se sube al auto cada fin de semana. “Es como un padre para todos nosotros dentro del equipo”, cuenta Adrian Luna emocionado, resaltando la calidad humana del piloto y el constante acompañamiento que brinda en cada proyecto.

Luna también destaca la actitud con la que Andrés afronta cada competencia, algo que considera fundamental para sostener el espíritu del equipo. “Más allá de la edad y de toda la experiencia que tiene, siempre llega con unas ganas tremendas de correr y eso nos contagia a todos”, asegura.
La relación entre ambos se fortaleció tanto dentro como fuera de las pistas. Hoy trabajan sobre varios autos del equipo y ya comienzan a proyectar el futuro junto a los hijos de Kechichian, pensando en continuar el legado familiar dentro del automovilismo.

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“Nosotros vivimos las carreras igual que él. Las sufrimos, las disfrutamos y las sentimos muchísimo. Por eso, cuando un piloto transmite pasión y compromiso, todo se hace más fuerte”, resume Adrián, dejando en claro el valor humano que existe. La rutina de Adrián prácticamente no tiene horarios. Arranca temprano, mate mediante junto a su esposa, y luego pasa gran parte del día en el taller. Las semanas previas a las carreras suelen extenderse hasta altas horas de la noche, entre motores, herramientas y planificación. “El día que deje de acostarme y levantarme pensando en autos de carrera, ese día no voy a venir más”, afirma con una sonrisa.

Fanático de Boca y admirador del recordado Mariano “Monito” Altuna, Adrian Luna también se define como un hombre abierto al aprendizaje constante. Lejos de creerse dueño de la verdad, asegura que siempre consulta y pregunta cuando tiene dudas. “Cuando uno no sabe, lo mejor es preguntar”, sostiene.

Con humildad, trabajo y una pasión intacta, Adrián Luna representa a esa gente imprescindible que muchas veces no aparece en los grandes titulares, pero que hace posible que los autos lleguen a la pista cada fin de semana. Un hombre de taller, de esfuerzo y de valores, que sigue construyendo su historia a fuerza de sacrificio y amor por el automovilismo.

Fotos: Tribuna 2 / Por: Morena Pérez – Tribuna 2

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