
Carlos Reutemann reinó en el Principado de Mónaco en mayo de 1980. Se cumplen 46 años de su victoria con un Williams en el trazado monegasco.
Un puñado de días atrás, el Gran Premio de Miami mostró toda su majestuosidad de primer mundo y de show, al mejor estilo norteamericano. Franco Colapinto tocó el cielo con las manos cuando Lionel Messi, junto a su familia, pasó por el paddock a saludar, tanto como habitualmente lo hacen estrellas del espectáculo y del deporte en cada aparición de la Máxima.
Suele darse seguido que el deporte y el glamour se estrechen la mano, pero hay sitios elegidos, puntuales, ceremoniosos, tradicionalistas. Quizás lo que es Wimbledon para el tenis de la ATP, Mónaco lo sea para la Fórmula 1. Sus intrincadas calles hicieron las veces de escenario para una de las enormes tareas de Carlos Alberto Reutemann en la Máxima. Sí, el Lole en mayo de 1980 dio cátedra en el Principado.
Cómo olvidar la emoción incontenible del recordado relator de ATC (hoy TV Pública) Héctor Acosta cuando el Lole recibió primero que todos la bandera de cuadros bajo una intensa llovizna. El relato de Víctor Hugo Morales en el segundo gol de Diego Maradona ante Inglaterra, en México 86, quedó en la historia de la radiofonía argentina y en el corazón del argentino, pero también el de Héctor Acosta fue un hito inmortalizado.
“Atención Argentina, atención Argentina… Televisora Color… y este Gran Premio de Mónaco para el argentino. Va a ganar… ¡ganó! ¡ganó! Carlos Alberto Reutemann…”. Esta construcción salió de las vísceras de aquel periodista cordobés, cargado de emoción y con lágrimas que se derramaban sin encontrar oposición en su camino.
Es que no significaba cualquier triunfo. Había un par de razones fuertes, sólidas. Una tenía que ver con el lugar: era ganar en la capital del glamour, casi en una catedral para la F1, era codearse con la realeza, de hecho haber ganado le entregó el placer de cenar con el Príncipe Rauniero y su esposa, la Princesa Grace.
La otra razón se apoyaba en que se terminaba una racha gris, de esas que sólo contienen desdicha, bronca y desilusión, como lo había sufrido el santafesino en Lotus la temporada anterior. De ahí la emoción de un periodista, que hizo lagrimear y emocionar a un país fierrero en aquel mayo otoñal en la Argentina. Cuando el Williams FW07B cruzó la meta se rompía un karma de decepciones y se abría, al mismo tiempo, un ciclo de festejos y de buenos resultados.
Es que en Mónaco quebraba una sequía de un año y medio sin triunfos, pero se además se trataba de su 10° victoria (logró 12 en la Máxima). Pero, a partir de allí, siguió una senda exitosa para el Lole: fueron 15 pruebas consecutivas (tomó parte del 80 y del 81) en las sumó puntos.

Esa marca tuvo vigencia hasta la aparición de Michael Schumacher, quien entre 2001 y 2003 clavó 24 pruebas seguidas con suma de puntos.
Sin embargo, hubo otro detalle que la hizo especial a esta victoria de Carlos Reutemann. Es que tuvo ayuda más allá de los guard raid. Era la primera vez que su familia completa estaba en el lugar de los hechos para verlo acelerar. Su mujer de esa época, Mimicha apareció con sus hijas, Cora Inés y Mariana, quienes experimentaban por primera vez ver de cerca a su padre arriba de un F1.
La carrera
Las características del trazado de Montecarlo hacen que la clasificación tome mayor envergadura, a partir de lo complicado de realizar sobre pasos. El Lole anduvo cerca de la pole, pero en definitiva quedó en manos del francés, Didier Pironí, con un Ligier Coswort.
De todos modos, el santafesino asomaba como candidato junto a su compañero de equipo, Alan Jones. La primera parte de la prueba Pironi y Jones se fueron adelante, pero el australiano en la 25° ronda dejó la pista con problemas de transmisión. El camino quedaba despejado para el Lole, que poco a poco comenzó a presionar al líder, a quien le mostraba su poderío con el récord de vuelta en el 40° giro.
Pironi comenzó a tener problemas en la caja de cambios hasta que en la 54° vuelta abandonó con el Ligier magullado por un “beso” a las defensas que dañó la parte delantera del auto.
Con la llovizna como una molesta invitada, Reutemann tomó la punta por el resto de las 22 vueltas que quedaban para el epílogo, en las que debió administrar combustible, neumáticos y un problema en la caja de velocidades. Y lo hizo como siempre, con sapiencia y solidez.

El clasificador de aquel Gran Premio de Mónaco quedó con el argentino al tope, con un tiempo de 1h 55m 34s 365/000 para cubrir las 76 vueltas, mientras que detrás siguieron: Jacques Lafitte (Ligier/Cosworth), Nelson Piquet (Brabham/Cosworth), Jochen Mass (Arrows/Cosworth) a 1vta; Gilles Villeneuve (Ferrari), a 1vta y Emerson Fittipaldi (Fittipaldi/Cosworth) a 2 vueltas.
Nürburgring (Alemania,en 1975), Brands Hatch (Inglaterra, en 1978) ya formaban parte de la página gloriosa escrita por el Lole. Y en mayo de 1980 le sumó la elegancia y el encanto de Mónaco, en donde armó una carrera memorable para ser Príncipe por un día.
Fotos: Prensa Williams – Motores a Pleno / Por: Osvaldo Álvarez – Tribuna 2







