
Osvaldo “Pato” Morresi ganó ocho carreras en el TC, en presente la semana se cumplen 40 años de su primera victoria, lograda en Tandil, con una Chevy del equipo Supertap.
Aquel 27 de marzo de 1994, en La Plata, golpea con su látigo en lo más profundo del sentimiento. No lo sabíamos, pero faltaban 35 días para que el mundo se quedara sin Ayrton Senna. Pero, antes partió Osvaldo Morresi y lo hizo con la estatura de ídolo del TC y de Chevrolet en particular.
Así, casi automáticamente, se abre el arcón de la memoria emocional y nos lleva, por caso, a mayo de 1986. ¿Por qué, se preguntará? Porque resultó el inicio de un amor eterno con los hinchas del Moño, a quienes les regalaba su primera victoria en la categoría.
Ocurrió en el recordado circuito semipermanente “El Panorámico” de Tandil, bajo el esquema de una carrera a dos series, que se definió por suma de tiempos. Representó la primera vez del piloto de San Pedro en lo más alto de un podio de TC. Había debutado en la especialidad en 1984 y debieron transcurrir 34 presentaciones en la categoría para que llegara la primera de las ocho victorias que logró, en 157 carreras.
En aquella oportunidad, el Pato se subió a un Chevrolet del recordado equipo Supertap, el que compartió con Juan “Tachuela” Martella. Como si ya estuviera avisando que el futuro lo uniría desde las vísceras mismas a la gente del Chivo, Osvaldo Morresi marcó presencia sólida en la primera serie, de la que se adueñó y con ello dejó relegado al Pincho Oscar Castellano, con la Dodge naranja, y Emilio Salvador Satriano, con otro Chevrolet.

Satriano, en cambio, salió a pisar fuerte en la segunda batería, con Castellano y Morresi a sus espaldas. Si bien se impuso en ese parcial, al piloto de Chivilcoy no le alcanzó en la general, porque el Pato Morresi manejó las distancias y diferencias que había sabido cosechar en la serie inicial.
En definitiva, el Pato se impuso en 2h06m45s39 (además clavó el récord de vuelta en 10m 25s 55/00) y en el podio lo acompañaron Oscar Castellano -a 8s 41/00- y Emilio Satriano -a 18s 74/00-. Más atrás se encolumnaron: Oscar Angeletti (Dodge), Edgardo Caparrós (Dodge), Esteban Fernandino (Ford), Miguel Angel Atauri (Dodge), Mariano Calamante (Chevrolet), Oscar Aventín (Ford) y Juan Carlos Nesprías (Dodge).
Tras ese primer baño de gloria, el sanpedrino repitió el festejo en Buenos Aires -en dos ocasiones, 20 de mayo de 1990 y 18 de abril de 1993-; en La Plata -tres veces,17 de marzo de 1991, 7 de julio de 1991 y 27 de marzo de 1994, declarado ganador post morten-; Zárate/Campana -22 de setiembre de 1991-; y en el autódromo de Allen, Río Negro -19 de abril de 1992. Y, por si acaso se necesita aclararlo, siempre arriba de un Chivo.
Fierrero desde la cuna
Un 15 de agosto de 1952 nació en la ciudad bonaerense de San Pedro, en donde creció y muy tempranamente se mezcló con el olor a nafta y ruido de escapes. Como la mayoría de los pibes alcanzados por la pasión, se inició en el karting -divisiones inferiores del automovilismo-, pero se vino el primer salto grande a autos con techo, ya que entre 1975 y 1982 fue parte del Turismo Nacional. Allí ya afloraba que ese sanpedrino venía con un talento adjunto. En 1978 se coronó campeón con un Fiat 128, tras acumular cuatro triunfos y una docena de podios.


Sin embargo, había más tela por cortar. El Turismo Carretera se hizo realidad para el Pato el 8 de abril de 1984, cuando debutó en una competencia para no ganadores, en el Coliseo porteño. A bordo de una Chevy del Supertap, de Tandil, se impuso sin escollos, escoltado por Gustavo Degliantoni (Ford).
El primer triunfo en TC le dio paso a una segunda etapa, en la que se unió al equipo de Emilio y Pablo Satriano; de allí, bajo una suerte de mandamiento no escrito en los dominios de Chevrolet, en 1987 se encontró con Jorge Pedersoli, un año más tarde hizo equipo con Roberto Mouras y en 1989 calzó motores de otro emblemático del TC, Omar Wilke.
A pesar de que no fue campeón y forma parte de “los reyes sin corona”, el Pato Morresi entró en el corazón de la hinchada del Chivo. Lo hizo a puro acelerador y carisma. Seguramente, también por eso, es que aquel 27 de marzo en La Plata duele en el recuerdo. Porque el estilo nunca lo negoció.
Fotos: vjmprensa.com – Baúl de los Recuerdos del Automovilismo / Por: Osvaldo Alvarez – Tribuna 2






