Efemérides

La Fórmula 1, en una misma moneda

Se trata de una semana cargada de historia. España fue el epicentro de dos hechos antagónicos: la tragedia de 1975 y la primera victoria de Niki Lauda en 1974.

La Fórmula 1, como la vida misma, vive en una misma moneda: es parte de sus dos caras. O, si prefiere, se representa en el símbolo de las dos caras del teatro. Así han sido los capítulos de la profusa historia de la Máxima.

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A todos los que hacemos Tribuna 2 no les pasa por alto esta semana, que involucra a las postrimerías del mes de abril y a los albores de mayo. Se cierra con la fatalidad de Imola de 1994, pero también hubo otros hechos que quedaron asentados en el libro de oro de la F1 a lo largo del recorrido.

Y fue España el epicentro de las dos efemérides que dan cuenta del paso del tiempo, aunque siempre parece que fue ayer. Como decíamos, una y una. El 27 de abril de 1975 se inscribió la tragedia de Montjuic; el 28 de 1974 marca, en cambio, la primera victoria de uno de los pilotos más encumbrados, como lo fue Niki Lauda.

El otoño de aquellos años en Buenos Aires no tenían humedad, ni calor, ni cambios bruscos de temperatura, hasta no se sabía de la sensación térmica. No había que ir a buscar un sweter al placard y al otro día canjearlo por una remera liviana. Eran épocas en que hasta el clima respetaba sus tiempos.

Así las mañanas de domingo, y de carreras, pintaban frescas, con la hojarasca revoloteando por el juego del viento; el solo asomaba tenue, casi sin tomando envión para calentar recién cerca del mediodía, mientras el mate y las medialunas acompañaban. En ese contexto, la radio traía información desde el otro lado del Atlántico sobre nuestro Carlos Reutemann, o desde un semi permanente en donde el TC hacía furor en la ruta.

La tragedia de Montjuic aún perdura en el recuerdo de la Fórmula 1

Un panorama similar es el que se vivía aquel 27 de abril de 1975 esperando un triunfo del Lole con su Brabham en Montjuic. Sin embargo, la taba se dio vuelta y la tragedia asoló en el callejero de Barcelona. Un auto voló, varias personas murieron y una carrera que se detuvo con un resultado deportivo que poco y nada importó.

El trazado urbano, que ya había albergado pruebas de F1 en 1969, 1971 y 1973 combinaba dos zonas antagónicas. Es que, una era muy rápida y peligrosa, mientras que la otra asomaba muy lenta, pero además había desniveles entre las carreteras que conformaban el trazado catalán.

Ese fin de semana, aparecieron quejas de los pilotos sobre el mal estado de las defensas. Hubo amagos de no correr, que derivaron en que los organizadores trabajaran durante toda una noche para acomodar las condiciones. Se dio una votación, que ganó la negativa -por no correr- 16 a 9, pero los organizadores presionaron para que los pilotos respetaran los contratos.

El brasileño, Emerson Fittipaldi, campeón vigente, fue la voz cantante de la oposición y mantuvo la postura. Por cuestiones contractuales y legales salió a clasificar, pero bajo protesta. ¿Cómo lo armó? Lo hizo en forma lenta y con el brazo en alto. Luego, decidió no correr.

La tragedia de Montjuic aún perdura en el recuerdo de la Fórmula 1

En los primeros tramos de la prueba se dio un accidente múltiple, pero las acciones no se detuvieron. Lauda, Brambilla, Andretti, Regazzoni se vieron involucrados. Entonces, apareció un alemán,  Rolf Stommelen, que se adueñó de la punta por herencia, y sin mucha experiencia en ese rubro.

Sin embargo, poco duró ese orden, ya que en el 26° giro en plena recta, el alerón trasero del Lola se desprendió, el auto literalmente tomó vuelo más allá de los guard-raid, hasta caer en una zona destinada para el público. Stommelen sufrió fracturas en miembros superiores e inferiores, pero salvó su vida. Sin embargo, un poco más allá quedaron cinco espectadores fallecidos.

Eran tiempos diferentes en materia de seguridad, muy alejados de los que imperan en la actualidad. Nadie pensó en bajar la carrera al momento del accidente. Se corrieron dos vueltas más y allí recién se dio por terminada. El alemán, Jochen Mass, con McLaren, obtuvo en aquella jornada teñida de dolor su único triunfo en la Máxima, mientras que el podio lo completaron el belga, Jacky Ickx (Lotus) y Carlos Reutemann (Brabham).

El puntaje, que para esa carrera sólo otorgó la mitad, llegaba hasta el sexto clasificado. Así, cuarto fue el francés Jean-Pierre Jarrier (Shadow/Coswort), quinto el italiano, Vittorio Brambilla (March/Coswort) y en el último peldaño puntable apareció la italiana, Lella Lombardi (March/Coswort), quien se convirtió en la única mujer en sumar puntos por el campeonato de F1.

Montjuic no volvió a ser parte del calendario de la Máxima luego de aquel 27 de abril de 1975. Un día que se pudo haber evitado, pero los pactos comerciales y negocios pesaron mucho más que la advertencia de los pilotos.

Un austriaco en la cima

La otra cara de la Fórmula 1 de esta semana, pero hace tiempo ya, es la de Niki Lauda, quien se mostraba como un candidato a ser uno de los íconos de la categoría.

Otra vez España, pero un año antes de la tragedia de Barcelona. Esta vez, el circuito de Jarama, en Madrid, fue el escenario de la primera gran aparición de Lauda. El 28 de abril de 1974, el austríaco llegó a la cima en lo que era su cuarta carrera con Ferrari. Ese primer triunfo del piloto significaba, a la vez, el 50° de la casa italiana en la categoría.

Niki Lauda largó desde la pole, marcó el récord de vuelta y se llevó la victoria. Todo redondito.

Su compañero de equipo, Clay Regazzoni y Emerson Fittipaldi (McLaren/Cosworth) completaron el podio. En tanto, los otros tres puestos puntables fueron para el alemán, Hans Joachim Stuck (March/Cosworth), el sudafricano, Jody Scheckter (Tyrrell/Cosworth) y el australiano, Denny Hulme (McLaren/Cosworth).

La primera victoria de Lauda en la Fórmula 1

A esa altura, el austríaco ya mostraba sus garras. Porque exhibía su estilo equilibrado, sin excesos, pensante. Bajo ese modo inauguró la serie de triunfos que lo catapultó a ser una de las grandes estrellas de la Fórmula 1. Esperó, nunca se desesperó. Ni cuando Ronnie Peterson pasó al frente en la largada, ni cuando el otro Lotus, de Jackie Ickx, lo presionó y le quitó la punta de la carrera, mientras el Lole Reutemann abandonaba con el Brabham.

La Ferrari mantuvo el ritmo, los Lotus se quedaban afuera y a partir de allí, asomó la marea roja en España, con Niki Lauda en lo más alto, con Clay Regazzoni, como primer escolta y Emerson Fittipaldi en el tercer peldaño del podio.

La Fórmula 1 vivió en España dos realidades opuestas, como las caras de una misma moneda, como el símbolo del teatro. Todo esto también es historia que siempre debe ser contada.

Fotos: motor.es – vavel.com – motorsport.com / Por: Osvaldo Alvarez – Tribuna 2

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