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Rock y motores: “Toti” Sosa y una unión pasional

Mientras el GTM deberá esperar al 4 de octubre para salir a pista, uno de sus pilotos, “Toti” Sosa, agarra el bajo y hace música.

El Gran Turismo Metropolitano debió suspender por segunda fin de semana consecutivo la doble fecha (6ª y 7ª) en Brandsen. Por el mal tiempo todo pasó para el finde siguiente, es decir 4 y 5 de octubre. Por ello hay que reordenar agendas. Cada uno reemplazará ese hueco de tiempo para dedicárselo a la familia, al ocio, o ambas.

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Para otros también existe el arte como otro integrante del día a día, que convive con las labores cotidianas y con el deporte. En ese grupo se anota Gastón Sosa, piloto de la clase Promocional del GTM. “Toti”, como más se lo conoce, vive entre pasiones, aquellas que despiertan el  automovilismo, por un lado, y la música por el otro.

Es muy común que utilicemos “la pasión” para describir entusiasmo, buena energía y hasta lo tomamos como un causal de un logro. La definición académica reza: “Es un sentimiento intenso y poderoso, una fuerte inclinación o entusiasmo por algo o alguien que puede manifestarse como alegría, motivación y un propósito en la vida”. El análisis puede extirpar palabra por palabra para desmenuzar semejante significado expresado en una referencia escrita.

Evidentemente existe algo, magnético quizás, que atrae a estas dos actividades, que en algún punto se conjugan para darle rienda suelta a ese entusiasmo del que habla la definición académica. Por cierto, la unión entre la música y la sinfonía de motores acumula antecedentes en la historia y el presente. El recordado Silvio Héctor Oltra  llegó a ser un reconocido cantante después de su carrera de piloto, o Pappo, enorme guitarrista y amante de los fierros. Y en la actualidad, el Tubo Esteban Gini, intérprete de batería, que formó parte de Las Magic, una banda que compartió con Dalan, el hijo de Juanse de los Ratones.

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Cada uno en su nivel y momento ha aportado un eslabón a esa comunión del arte y el deporte de los fierros. En ese caso, Toti Sosa tomó la música como una vertiente para generar y decir con melodía. Unos 20 años atrás se juntó con sus primos y de ahí nació “1No C Salvó”, una banda de rock and roll, que cuenta con cinco integrantes, dos guitarras, un bajo y una batería.

“Todos somos primos, menos Ari, el batero, quien era un fans nuestro y de tanto seguirnos se sumó cuando otro de los primos que tocaba la batería dejó la banda”, explica “Toti”, de 45 años y con ganas de empezar a dar un paso al costado. “Los chicos, nuestros hijos, vienen con más fuerzas y hay que darles el lugar y la oportunidad”, reflexiona. Por ello, hoy el grupo ha experimentado algunas modificaciones de nombres.

La voz de la banda es Adrián Nariche; en guitarras están dos representantes de lo que se viene: Emilio (Fiky), hijo de Adrián, y Jeremías (hijo de Carlos, ex integrante de la banda); Ariel, el único extra familiar, en la batería; y “Toti” Sosa, en el bajo.

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Sosa conduce un Chevrolet 400 en el GTM Promocional. (Foto Cande Fernández)

“1No Se Salvó” camina por la senda del rock con temas propios y covers, en los que recrean temas de Divididos, La Renga y Almafuerte. “Tocamos por diferentes lugares, a donde la música nos lleve, aunque con el automovilismo a veces se me complica. Hemos estado en José C. Paz, Burzaco, Pilar, Martínez, Olivos, Grand Bourg, CABA, San Miguel, encuentros de motos, y hasta fuimos en Del Viso teloneros de la Mississippi”, se entusiasma el piloto de José C. Paz, quien destaca que parte del material de la banda se puede encontrar en redes (Instagram y Facebook), o en plataformas como Spotify y You Tube.

El acercamiento del hombre de José C. Paz con todo lo que tiene que ver con la música asoma desde su niñez, y a medida que creció esa pasión fue dándole paso al “Toti” autodidacta. “Desde chico escuché música, quizás por mi primo mayor,  Adrián, que tocaba la guitarra y me haya enganchado desde allí”, reflexiona y recuerda un punto crucial en su carrera. “Desde la adolescencia siempre me centré en el bajo y aprendí solo. Pero luego debí aprender las notas y estudié algo de música”, cuenta y subraya: “Cerca de casa vivía el bajista de Jambao, una banda de cumbia (Ricardo “Richard” Vargas), me contacté con él en su momento y así aprendí muchísimo. Me aclaró muchas cosas, me simplificó el aprendizaje y desde ahí comencé a trabajar para buscar superarme y ponerle mi impronta”.

“Toti”, desde su experiencia cosechada en 45 años, marca que hay una frontera, que define dar el paso al costado a tiempo para que asome la sangre nueva. Y eso es lo que contempla por estos días entre sus actividades en la rectificadora de motores, en su José C. Paz, el Chevrolet 400 de la Promocional de GTM, los ensayos de los martes con la banda y su familia -Carolina, su señora, y sus hijos, Joaquín y Lorenzo-.

“Creo que estamos cerca de dejarle el lugar a uno de mis hijos, Lorenzo, que está en la banda con 18 años. Quiero verlo desde la platea y emocionarme al verlo tocar, como a los otros chicos”, asegura y acota que “Lorenzo aprendió solo y toca tremendo”.

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Las sensaciones del piloto del GTM nacen desde la irrupción de los jóvenes, que le dieron vida a “Lipsick”, un grupo que va por el lado del punk rock. Son tres sus integrantes: Lorenzo Sosa, en el bajo, Jeremías, en la  batería -ambos ya son además parte de “1 No Se Salvó”- y Ulises, en guitarra y voz.

Más allá de los ensayos de los martes, que se realizan en una sala de José C. Paz, un puñado de días atrás, padres e hijos se regalaron el placer de tocar juntos, puesto que coincidieron ambas bandas. “Tocamos juntos, los chicos primero y luego nosotros, en los Tres Chelines, un pub-bar de Grand Bourg y fue un momento memorable, único, para todos nosotros”, destaca un “Toti” Sosa, que por momentos escucha la música del motor de su Chevrolet 400 y en otros, el sonido de un bajo y una guitarra.

Allí es donde el crisol recibe a las dos expresiones: las corcheas y las RPM, a las cuerdas y a las bielas. En definitiva, a la pasión propiamente dicha conjugada en un piloto del GTM.

Osvaldo ALVAREZ
Por Osvaldo ÁLVAREZ
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