Efemérides

Por siempre “Pappo”: a 20 años de su muerte, el recuerdo en el automovilismo

Norberto Aníbal Napolitano, emblema del rock nacional, tuvo pasión desde chico por los autos de carreras y corrió en distintas categorías nacionales.

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El mundo del rock se quedó en silencio aquel 25 de febrero de 2005, cuando se conoció la noticia que “Pappo”, uno de los mejores guitarristas de todos los tiempos, “se iba de gira”. Y el ruido de los motores también se apagó.

Era un apasionado de los autos, las motos y el automovilismo. Ese músico brillante se forjó tras una frustración que tuvo de pequeño: él quería correr en karting y su mamá Angela no lo dejaba. Por eso se encerraba en su habitación y rasgaba la guitarra de bronca.

El Carpo se crió en el taller “Napolitano hermanos”, pero en el recinto no se reparaban autos sino de calderas. Su papá Carlos y su tío Rafael trabajaban todo el día allí y, cuando la jornada finalizaba, metían mano en los kartings de los primos de “Betito”, como lo llamaban al que después sería guitarrista de Los Abuelos de la Nada, Los Gatos, Aeroblus y Riff, entre otros.

Ya en la adolescencia, “Pappo” se juntaba con Héctor Lorenzo, “Pomo” para los amigos (después sería el baterista de Pappo’s Blues), para ensayar en el cuartito de la calle Artigas, en Flores, y en los altos, ambos conversaban de fierros y carreras. Había otro amigo con el que hablaba de la misma temática por esos años: Rubén Bulla.

Norberto y el arrecifeño se conocieron, de chicos, en el Instituto Don Bosco de Ramos Mejía. “Pappo” recaló allí por su mala conducta en los colegios por los que había pasado y fue pupilo. A fines de los 70′ se reencontraron. “El venía a verme a las carreras y yo iba a verlo a los recitales, que en ese tiempo tocaba en bares o teatros. También venía a mi casa y se quedaba una, dos semanas. La pasábamos de diez, era un tipo bárbaro”, recordó Rubén con Tribuna 2 hace unos años.

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Pappo en sus comienzos, con un Chevrolet.

“La historia de Norberto con los autos de carrera empezó con una Cupecita que se había comprado y corrió un par de carreras. Después un día vino a casa y quería que corriéramos en el CAP porque había un auto del Negro Pedernera en venta, pero no le alcanzaba la plata. Yo ya había dejado porque me había pegado un palo muy fuerte en la F1 Nacional. Entonces le dije: ‘Yo lo compro y vos corrés'”, contó el arrecifeño.

En el Club Argentino de Pilotos se codeó con los grandes de ese momento: Traverso, Bessone, Cocho López, Der Ohanessian, Guerra, aunque él era admirador del “Lole” Reutemann. Después cumplió el sueño que tenía de pequeño, el de competir con la marca de sus amores: Chevrolet. Con una Chevy se presentó en el TC4000 arrecifeño. A esa altura, comienzos de los 90′, “Pappo” no quería saber más nada con la música y se quería dedicar de lleno al automovilismo.

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Pero fue Juanse, frontman de Los Ratones Paranoicos, quien lo devolvió a los escenarios y lo sacó de las pistas. “Un día fui al taller que tenía en La Paternal y le dije: ‘Salí de debajo de los autos y ponete algo como la gente que nos vamos a Vélez a tocar de soporte de Keith Richards’. Ahí le devolví las ganas de tocar de nuevo, porque no quería saber más nada con la música”, expresó el líder de la banda en una entrevista. El Carpo continuó deslumbrando con sus punteos pero no se alejó del todo del automovilismo. Corrió en Supercart y en GTA (Gran Turismo Americano), donde consiguió su único podio como piloto: 3º en La Pampa.

GTA

“No vengo a las carreras para ganar o perder, vengo para dar vueltas porque me gusta andar rápido en un lugar donde todos andan rápido. Es mi hobby. Alice Cooper tenía el hobby del golf, yo tengo el hobby del automovilismo y las motos”, dijo con su voz ronca y el trofeo en la mano. Después se subió a un TC, como acompañante del “Tano” Salerno en el 2003. “Me gusta tanto andar en un auto de carrera que aunque sea de acompañante y en un Dodge me subo igual”, bromeaba ese fin de semana en La Plata. Una de sus últimas incursiones al volante fue en el 2004 al mando de un BMW 325i de la Clase Super del Turismo Internacional.

“No era rápido pero tampoco era un desastre. Iba por la huella y siempre te traía el auto sano. Le ponía unas ganas bárbaras. Por ahí venía y me decía: ‘Escuchaste el solo que me mandé en la horquilla’. Había gente que no entendía a qué se refería, pero siempre me decía eso cuando lo pasaba de vueltas, ja, ja. Era un fenómeno como persona. Hay dos amigos que me dio el automovilismo a los que extraño muchísimo: al Loco (Di Palma) y a Norberto”, dijo Bulla.

Hace dos décadas se convirtió en leyenda. Se lo extraña, tanto en los escenarios como en las pistas. Por siempre Pappo.

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