
Con una vida dedicada a los motores, la formación y el trabajo, Mariano Pestoni se convirtió en una pieza clave de la Fórmula 3 Metropolitana.
Mariano Pestoni no necesita demasiadas presentaciones dentro del automovilismo argentino. Su nombre se volvió sinónimo de técnica, de criterio y de una forma muy particular de entender este deporte: con pasión, pero también con responsabilidad plena. Nació el 23 de noviembre de 1979 en San Martín, provincia de Buenos Aires, y creció en Santos Lugares, en un entorno donde los fierros no eran un hobby, sino parte de la vida cotidiana.
Hijo de Roberto Andrés “Beto” Pestoni, histórico técnico de la CDA, y de Marta Inés Bogliotti, docente de Educación Especial que llegó a ocupar un rol clave en la provincia de Buenos Aires, Mariano creció entre dos mundos: la rigurosidad del trabajo técnico y la vocación formativa. Tiene una hermana, Vanessa, dos años mayor, pero fue con su padre con quien construyó el vínculo que marcaría su destino.
“Desde chiquito siempre estuve ligado a esto”, recuerda. Y no es una frase hecha. A los 10 años ya acompañaba a su padre “su ídolo” a todos lados: a reuniones en el Automóvil Club Argentino, a circuitos, a jornadas interminables de trabajo, compartiendo y disfrutando la misma pasión. En su casa, además, había un tesoro: la colección completa de la revista Corsa, que alimentaba sueños de correr, de preparar autos, de formar parte de ese mundo.
Estudió en la Escuela Técnica N°35 de Devoto, donde se recibió como técnico mecánico en automotores. Más tarde continuó su formación en la Universidad de Lomas de Zamora, donde cursó hasta tercer año de ingeniería. “No la terminé, pero soy técnico superior mecánico”, destaca, quien sabe que su verdadera formación no estuvo solo en las aulas, sino en la práctica constante.

Los primeros pasos de Mariano Pestoni no fueron en la Fórmula 3 Metropolitana, sino en el karting. A los 18 años, casi sin darse cuenta, empezó a trabajar en la técnica de la categoría Prokart. “Me dijeron ‘esto se hace así’ y nunca más paré”, resume. Desde entonces, su camino fue una suma incontable de experiencias: homologaciones en karting, trabajo en distintas categorías zonales, participación en la Fórmula 1000, en el Sport 1050 y, más tarde, en la Fórmula 4 donde dio un gran paso que marcaría su carrera.
En esta última, junto a Rubén —con quien trabajó durante años—, fue parte de un momento clave: la creación de un reglamento técnico que impulsó el crecimiento de la categoría. “Llegamos a tener más de 40 autos todo el año”, recuerda con orgullo. Ese crecimiento no fue casual: fue el resultado de decisiones técnicas pensadas para potenciar la competitividad y facilitar el acceso.
Pero la historia de Mariano Pestoni está profundamente ligada a la Fórmula 3 Metropolitana. Antes de convertirse en técnico oficial, ya era parte activa de ese mundo, desde un rol menos visible pero igual de fundamental: viajando, banqueando motores, acompañando procesos y sumando experiencia en cada fin de semana de carrera. Fueron años de aprendizaje constante, de ruta, de taller y de confianza ganada.
En ese recorrido, Mariano Pestoni compartió trabajo y vida con figuras clave como Jorge Casalins —actual Presidente de la categoría— y con Adolfo Re, uno de los grandes impulsores y fundadores de la Fórmula 3 Metropolitana, con quien construyó un vínculo que trascendió lo profesional. “Con Adolfo vivimos algo hermoso. Fueron años de viajar, de compartir, de aprender”, recuerda con la emoción intacta.

También aparece en ese camino el nombre de Claudio Re, alguien muy cercano a ese núcleo, con quien forjó una relación de afecto y amistad profunda. “Es más papá tuyo que mío”, le dijo Claudio alguna vez, en referencia a ese lazo familiar que se generó en la convivencia, en las rutas, en las largas noches en el autódromo. Porque en ese ambiente, donde el trabajo es intenso y el tiempo compartido es mucho, los vínculos crecen de otra manera.
La llegada formal de Mariano Pestoni a la técnica de la categoría se dio alrededor de 2010 o 2011. Desde entonces, su rol se volvió central, por su conocimiento y por su forma de ejercerlo. “La parte más dura es excluir. A nadie le gusta dejar a alguien afuera. A veces hay discusiones, momentos tensos. Pero hay un reglamento y hay que cumplirlo”, admite. En esa frase se condensa una de las claves de su trabajo: el equilibrio entre la empatía y la firmeza.
Esa mirada también está atravesada por su experiencia en el karting, donde encontró situaciones que lo marcaron. “Una vez excluí a un piloto y el padre le dijo al chico que había perdido por mi culpa. Te sentís mal, porque el error no es del nene, ni mío, tenía un problema en el motor. Es una cadena de decisiones”, reflexiona.

Lejos de endurecerlo, esas vivencias reforzaron su vocación formativa. Pestoni ve a los pilotos como competidores, como chicos en formación. “Siempre me gustó esa parte. Ayudar, acompañar”, dice. No es casual: Mariano Pestoni también fue presidente del Club Defensores de Valeria del Mar, donde vive desde 2003, y donde desarrolló un fuerte compromiso social.
Su trayectoria no se limita al ámbito local. Junto a su padre, vivió una de las experiencias más impactantes de su carrera: trabajar en el Dakar. “Ahí tocamos el cielo con las manos”, afirma. El contacto con la FIA, con equipos internacionales, con otra escala de trabajo, le permitió ampliar su mirada. “Están años adelantados. Ves otra forma de hacer las cosas”, explica.
Sin embargo, lejos de idealizar, vuelve siempre a su lugar: la categoría, el trabajo cotidiano, el crecimiento sostenido. En ese camino, reconoce el acompañamiento de dirigentes como Hugo Mazzacane —Presidente de la ACTC—, fundamentales para el desarrollo y crecimiento de la Fórmula 3 Metropolitana.
Hoy, con más de dos décadas de trayectoria, Pestoni se define como alguien que logró vivir de lo que ama. “Trabajo y gano plata con lo que siempre quise hacer”, dice, con una mezcla de orgullo y gratitud. Su rutina en Valeria del Mar es simple: taller, siesta, más taller. Una vida tranquila que contrasta con la intensidad de los fines de semana de carrera.
Pero si hay una imagen que resume su historia, es una que guarda como un tesoro. Fue en San Juan Villicum, en una carrera especial. La categoría había crecido, había llegado a escenarios importantes. Ese día, con el auto campeón subiendo a una rampa entre luces, pantallas, tribunas, fuegos artificiales y un show único, Mariano se miró con Jorge Casalins y no pudieron contener las lágrimas. “Nos pusimos a llorar. Pensamos en la categoría, todo lo que habíamos pasado y ver dónde estábamos fue realmente emocionante”, recuerda.
En ese instante, se entiende todo. La historia de Mariano Pestoni no es solo la de un técnico: es la de alguien que construyó, junto a otros, un camino, acompañó el crecimiento de una categoría y, en ese recorrido, también creció él. Una vida en los autódromos, sí. Pero, sobre todo, una vida atravesada por la pasión.
Fotos: Tribuna 2 / Por: Morena Perez – Tribuna 2







