Efemérides

La muerte de Tom Pryce: una puñalada del absurdo

Se cumplen 48 años del accidente en el GP de Sudáfrica de Fórmula 1, en Kyalami, en el que perdió la vida el piloto galés y un auxiliar de pista.

Los riesgos siempre están presentes. A veces en forma minimizada, a veces en una mayor magnitud. El automovilismo vive impregnado del peligro, de ciertas contingencias que pueden generar una situación luctuosa. En la Fórmula 1, en concreto, muchas vidas se truncaron en un circuito y un gran número ha quedado impresa en la historia de la Máxima y del deporte motor.

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El arcón de los recuerdos se abre y como si fuera un túnel del tiempo (de hecho en los 60 y 70 existió una serie con ese nombre) nos tira la ubicación: 5 de marzo de 1977, Gran Premio de Sudáfrica en Kyalami, a 25 kilómetros al norte de Johannesburgo. Allí tuvo lugar un hecho que se integró a la galería del absurdo, de lo espeluznante. Y fue la muerte de Tom Pryce, de la que se cumplen 48 años.

Habían pasado apenas un puñado de meses del accidente de Niki Lauda en Nürburgring, cuando en la tercera fecha de la temporada de 1977 apareció una garra que le arrancó la vida al piloto galés y a un auxiliar de pista. Se trató de un horrible combo, que dejó clavada como una estaca la sensación que la zancadilla está escondida y ataca cuando se le antoja.

Aquel GP, que ganó Niki Lauda, el primer triunfo del austríaco tras el accidente en Alemania, se coloreó de sangre en la vigésimo segunda vuelta.

Era un sábado por la mañana, eran tiempos del Apartheid en Sudáfrica, en donde la actividad no tenía espacio los domingos. Buenos Aires se movía casi como todos los días buscando el descanso de la tarde sabatina y del domingo de asado, pastas, familia, automovilismo y fútbol.

Del otro lado del Atlántico, el GP de Sudáfrica. La imagen de la TV mostró al Shadow blanco, con ribetes celestones y rojos, número 17 del italiano Renzo Zorzi cuando detenía su marcha al costado de la recta principal, con un principio de incendio en el motor, motivado por la rotura de la bomba de nafta.

En ese sector del circuito de Kyalami, el declive de la superficie era pronunciada. Se iba en subida, con lo cual no había visión acerca de lo que estaba delante hasta tanto no se llegara a estar casi mano a mano.

Pryce 3

Ese fue el mapa del principio del fin de Tom Pryce. Encaró ese sector, con el otro Shadow DN8-Cosworth -N°16- en plena lucha con el March del alemán, Hans Joachim Stuck. Allí aparecieron en acción dos auxiliares de pista con un extintor cada uno, que cruzaron la pista para auxiliar a Zorzi. El primero –Bill William-, zafó, el segundo, Frederik Jansen van Vuuren, de 19 años no tuvo la misma suerte.

Stuck logró esquivar a los dos, pero Pryce no pudo hacer nada. El chico de 19 años fue embestido a más de 270 km/h, voló por el aire, su cuerpo quedó esparcido por el sector, mientras que el cilindro de color rojo, de casi 20 kilos de peso, también salió despedido y semi decapitó al galés, quien perdió la vida en ese mismo instante.

Nada se vio en la TV del accidente, el que luego fue recreado en algún video de la época. Y el GP no se detuvo pese a la fatídica situación ocurrida en el ronda 22. Eran otros tiempos, en el que el show debía continuar descarnadamente.

Tom Pryce no había alcanzado la bandera de cuadros en las dos primeras fechas de aquel 1977, en Argentina y Brasil, respectivamente. Por ello, el galés quería desquite en Sudáfrica, en cuya previa había sido el más veloz bajo la lluvia, que era su especialidad. No pudo repetirlo en las tandas de clasificación (sobre piso seco) y de ese modo debió largar 15º.

Pryce 2

No movió nada bien ese sábado. Había quedado último, pero comenzó la recuperación, tanto que en 21 giros había ascendido de la 22° a la 13º posición.

Pero llegó el momento fatídico. Renzo Zorzi abandonó, el auto presentaba un principio de incendio, logró salir del cokpit y allí aparecieron en escena los dos bomberos y todo terminó.

El piloto galés y Van Vuuren ya estaban en otro plano, pero el Shadow siguió su alocada carrera, con el pie derecho de Pryce aún sobre el acelerador. Fueron unos 700 metros de un auto sin piloto, que le pegó a un guardrrail, chocó contra una entrada de vehículos de emergencia, cruzó la pista y en la primera curva, el auto N°16, con su piloto arriba y sin vida, encontró al Ligier JS7-Matra del francés Jacques-Henri Laffite.

Ambos autos terminaron contra un muro de hormigón envueltos en las defensas de mallas metálicas, que se utilizaban como elementos de seguridad en esa época. Se había consumado una burla del destino. El abandono de su propio compañero, Renzo Zorzi, representó el inicio del final. El pesado extintor cobró vuelo y la muerte tuvo una excelente puntería: hizo blanco en la cabeza del piloto de Shadow, que quedó sin casco y con la barra antivuelco del auto destrozada por ese impacto.

Un galés rápido y ganador

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Thomas Maldwyn Pryce, conocido como Tom Pryce (11 de junio de 1949 en Ruthin, Gales) tenía a Jim Clark como su héroe, su referencia. Hasta el momento es el único galés en la historia de la Máxima en ganar una prueba. Si bien se trató de una carrera no puntable, en 1975 alcanzó la victoria en la Carrera de Campeones en el trazado inglés de Brands Hatch.

Su carrera deportiva resultó de escaso recorrido por el infortunio de Kyalami. En forma oficial en F-1, logró una pole positión en Silverstone (1975) y dos podios: GP de Austria (1975) y GP Brasil (1976, en Interlagos), en todos los casos con Shadow.

Pryce 5

Tras el desastre en Sudáfrica se acusó recibo y se introdujeron medidas para mejorar la seguridad. Se apuntó a renovar los protocolos en caso de incendios, a la tarea de los banderilleros y auxiliares de pista, también se comenzó a meter mano en los diseños de los cascos, circuitos y condiciones de seguridad y protección. Allí se inició un camino que desembocó en la  seguridad que hoy impera en la Fórmula 1, muy distante a aquellos años, cuando la tecnología aún no se aplicaba a tales necesidades.

Los restos de Tom Pryce descansan en la iglesia anglicana de San Bartolomé, en Otford, Inglaterra. Su tránsito por la F1 no pasó desapercibido, puesto que dejó una marca en el recuerdo.

Las crónicas de la época cuentan que Tom Pryce, con 19 años de edad, rompió en llanto ante la muerte de su ídolo, Jim Clark. Aquel escocés, dueño de un perfil agresivo a la hora de acelerar, falleció en un accidente ocurrido el 7 de abril de 1968 en una carrera de Fórmula 2, celebrada en Hockenheim, Alemania).

Aquel 5 de marzo de 1977 también hubo muchas lágrimas y dolor cuando el galés dejó su vida en Sudáfrica. También lo sintió un pibe de 17 años admiraba el talento de Tom Pryce, todo un experto para manejar bajo la lluvia. Ese adolescente años después exhibió su habilidad sobre pista mojada. Ese día, él también lloró. Ese día también rompió en llanto… Era nada más ni menos que un tal Ayrton Senna da Silva. En definitiva, dos que le hicieron frente a los riesgos del absurdo.

osvaldo alvarez
Por Osvaldo Álvarez – Periodista especializado y docente universitario
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