Efemérides

Juan María Traverso: el Dios del Fuego

Cómo olvidar aquella victoria épica de Juan María Traverso en General Roca. Se cumplen 37 años del triunfo del Flaco con una Renault Fuego en llamas.

Dueño de proezas, hacedor de hazañas impensadas, domador de imposibles. Todo esto le da forma a un referente, a una leyenda, a un ídolo popular. El hincha lo hace propio desde el amor porque reconoce la habilidad, pero sobre todo la pasión. Cómo disociar, entonces, al Flaco Juan María Traverso de jornadas épicas e históricas, si fue quien siempre estuvo en el núcleo del protagonismo.

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Juan María hizo muchas, tuvo muchas y armó otras más, y todas tienen su aderezo que les entrega un gustito especial. Pero, la Fuego prendida fuego en el Autódromo Parque Ciudad de General Roca, en el Alto Valle de Río Negro, dejó una marca que perdurará y que se trasmite de generación en generación para que continúe diáfana y cuente que hubo una vez un hombre poderoso, con algo de esa linda locura, que se quedó a vivir en el corazón del hincha.

Aquel mediodía de TC 2000 del 3 de abril de 1988 entregó una de las jornadas más estupendas que haya generado el automovilismo. Se cumplen 37 años de esa proeza del Flaco en lo que era la segunda fecha de la temporada del TC 2000 (en la primera había sido victoria del recordado  Silvio Oltra en Mar del Plata). Ese triunfo resultó tan espectacular que se inmortalizó, a tal punto que el propio protagonista, dijo muchas  veces que la gente le preguntaba siempre por aquella carrera, pese a que había otras hazañas en el vademecum y a pesar de que el tiempo había continuado su expedición.

“¡Cuidado, Traverso, cuidado! ¡Ganooooó Traveeersoooo!”, deliraba Raúl Barceló, relator de la transmisión de ATC (hoy TV Pública), como no entendiendo lo que estaba viendo en General Roca.

Traverso Fuego 2
Última vuelta y empieza el show de Traverso.

Era la cupé Renault Fuego blanca, identificada con la marca de jeans “Lee”, que mandaba en la fila india, pero que tenía pegada a sus escapes a otra Fuego; la dorada que guiada el campeón, Silvio Oltra, nada menos.

El canta autor, como se lo conocía al recordado Silvio Oltra, presionó al Flaco durante toda la prueba en un dibujo complicado para el sobre paso, a partir de que se vive doblando. Es que sabía que el de Ramallo sufría una fuga de aceite y por lo tanto esperaba el momento que el auto puntero se parara.

Quizás allí haya estribado el error de lectura. Porque Juan María Traverso nunca se rindió, decidió aguantar hasta donde le diera el cuero. Y vaya si le dio: ganó con el auto en llamas.

Fueron dos vueltas y fracción que parecían salidas de un guión digno para cine. Un auto con llamas en la parte inferior estaba al frente de la carrera.

Semejante golpe de escena no se le hubiera ocurrido ni al mejor creativo publicitario. Una Renault Fuego ganaba con fuego. Una locura, que sólo el Flaco era capaz de armar.

El relato de Barceló por ATC subía de tono a medida que el final se acercaba. Es que las llamas aparecían cada vez más armadas debajo del producto del Rombo, mientras que Oltra recibía todo el aceite en manera de rocío que le bañaba el parabrisas y le impedía la buena visión.

Traverso Fuego 3

Al final épico sólo le faltó la melodía de aquellas películas propiedades de héroes. El Flaco cruzó la meta con el auto lleno de humo y fuego en la parte inferior y apenas pasó la primera curva detuvo la marcha, casi que se tiró del auto, lo miró y con el casco colocado aún levantó los brazos y recibió el cariño y la admiración de sus seguidores.

Horas después, días posteriores, meses y años que siguieron, el múltiple campeón relató aquella proeza. “Teníamos una pérdida de aceite en una manguera, que hizo que se prendiera fuego cuando el aceite caía sobre los escapes; empezó a salir humo, pero estaba claro que era aceite. Por eso sabía que en algún momento se armaría la llama”.

Por radio le informó a  su director deportivo, Cachi Scarazzini, quien le dio luz verde para que siguiera hasta donde diera. “Cuando aceleraba se prendía más, pero estaba tranquilo porque en ese lugar no había nada que tuviera que ver con el combustible y con ello el peligro era relativo”, contaba el Flaco en diferentes entrevistas. De todos modos, “me  saqué los cinturones, trabé la puerta, busqué a los bomberos y dije ‘donde se complique, paro’. Pero hubo suerte porque aguantó hasta el final, ya que apenas me bajaron la bandera, explotó el motor”, apuntaba.

Traverso, el más ganador en la historia del TC 2000 con 68 victorias y 73 pole positions, supo ese mediodía que su auto se podía parar en cualquier momento. Pero aplicó conocimientos de mecánica para saber que podía seguir pese al venteo de aceite. “Para correr en autos cuando yo empecé, tenías que saber de mecánica porque en un Gran Premio, si se rompía algo, tenías que arreglarlo con tu acompañante”, explicaba, y en Roca le fue útil.

Lo cierto es que manejó medio ahogado, abrió las ventanillas del auto, hacía malabares para llevar a la Fuego en medio de la humareda infernal y con una cubierta trasera derecha sin grip por el aceite que se derramaba sobre el caucho.

Aquella segunda fecha tuvo en el escalón más alto del podio a Juan Maria Traverso y lo acompañaron en la celebración con champagne Silvio Oltra y Osvaldo “Cocho” López, también con una Fuego. Siguieron Mario Gayraud (Ford Sierra), Miguel Angel Guerra (Renault Fuego), Carlos Crocco (Ford Sierra), Raimundo Patat (Renault Fuego), Pedro Comito (Renault Fuego), José Pontoriero (Ford Sierra) y José Luis Bessone (Ford Sierra).

Tan fuerte resultó lo del Flaco en Río Negro que opacó aquel domingo el debut del “Poppy” Oscar Rubén Larrauri en la Fórmula 1. Ese día, el de Granadero Baigorria hacía su aparición en el GP de Brasil, en Jaracarepaguá, con un Eurobrun y así, tras seis años del retiro del Lole Reutemann, Argentina volvía a tener presencia en la Máxima.

Traverso Fuego 4

Diez años después de aquella proeza, volvió a hacer de las suyas. El 15 de marzo de 1998 en el Oscar Cabalén, de Alta Gracia, Juan María colocó otro ladrillo en el muro de lo imposible. Con un Honda Civic del Pro Racing, se ubicó  como escolta del ganador, el Gurí Martínez, en la segunda final con una rueda menos.

Cuando negociaba la ronda de cierre, el Flaco se fue de pista y perdió el neumático trasero derecho. Cualquiera se hubiera bajado decepcionado y entregado, pero Traverso no era eso: peleó el auto y lo llevó a la bandera de cuadros para lograr el segundo lugar en el clasificador.

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Eso de andar con una rueda menos ya era conocido para el de Ramallo. Porque en 1986 sucedió algo parecido, aunque no perdió la rueda. En Pigüé restaban cuatro giros para el epílogo, el Flaco marcaba el camino, pero la trasera derecha comenzó a dar problemas. La Fuego se tornó ingobernable, lo cual hizo que le cediera la primera posición a su compañero de escudería, Ernesto Soto.

De ahí en más con una rueda desinflada y desflecada debió defenderse del ataque de la Ford Sierra del local, Mario Gayraud, quien finalmente fue tercero. Por todo ello fue el amo y señor del TC 2000, y dan cuenta de ello los siete títulos logrados (seis con Renault y el restante con Peugeot).

La epopeya casera del Flaco está marcada por victorias y jornadas épicas dignas de un ídolo. Juan María ha quedado en la memoria del público y es habitante del inconsciente colectivo,  como aquella carrera en General Roca. Allí escribió una de las páginas doradas del automovilismo argento, en donde habita como una leyenda.

El tiempo ha hecho lo suyo: siguió caminando, pero la memoria no permitió que Roca 1988 se perdiera en ese túnel. Por ello, aquellas llamas que asomaban como lenguas amarillas parecen más grandes, tanto como la figura del Flaco Traverso, el Dios del fuego (Vulcano para los romanos; Hefesto para los griegos).

Por esto y por tantas más, no habrá ninguno igual.

osvaldo alvarez
Por Osvaldo Álvarez – Periodista especializado y docente universitario
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