Entrevista

Juan Domingo González: El cafetero del TC que hace 46 años acompaña a la familia fierrera

Juan Domingo González heredó de su padre la tarea de servir café en el Turismo Carretera y hoy sigue recorriendo autódromos con la misma pasión.

En este mundo apasionado del automovilismo hay trabajos que forman parte esencial de la vida en los boxes. Entre mecánicos, ingenieros y pilotos, cada fin de semana aparece una figura que muchos conocen y esperan: Juan Domingo González, el cafetero que desde hace décadas acompaña al Turismo Carretera.

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Nacido en Pilar, más precisamente en Los Polvorines, su historia en las carreras empezó cuando era apenas un niño. Su padre fue quien inició la tradición familiar, llevándolo desde muy chico a los autódromos.

“Yo soy el cafetero de todos los pilotos del TC y me dedico hace muchos años. Primero fue mi papá el fundador de este trabajo”, cuenta. Con el paso del tiempo, la actividad dejó de ser solo una ayuda infantil y se convirtió en su vida. Hace 24 años quedó al frente del trabajo tras el fallecimiento de su padre, y desde entonces continúa la tarea junto a su compañera de vida, Patri. Pero si se cuentan todos los años desde que empezó a acompañarlo, la historia es aún más larga.

“Hace 24 años que estoy solo con el trabajo, pero en general serían 46 años, porque empecé de muy chiquito con mi papá a los 6 años”, expresa Juan.
El primer recuerdo fuerte que guarda de aquellos tiempos también está ligado al automovilismo más tradicional: una carrera de Turismo Carretera en Necochea. Desde entonces, recorrió autódromos de todo el país, acumuló miles y miles de kilómetros.

Aún así, cuando le preguntan cuál es su circuito favorito, su respuesta es distinta. “Para mí son todos favoritos, más allá de que uno sea mejor que el otro, para mí son todos iguales por el sentido de la calidad de la gente”. El trabajo, sin embargo, empieza mucho antes de que los motores se pongan en marcha. Durante la semana, Juan Domingo González se ocupa de la logística: comprar café, azúcar, mercadería de primera línea y organizar el traslado del agua y todos los elementos necesarios para el fin de semana.

Después llega la rutina de las carreras. Madrugar es una regla innegociable. “Yo arranco a las 4 y media, a veces a las 4, según si hace mucho frío, para que 7 y media u 8 ya tenga el café preparado para los pilotos”.

El proceso no es simple: prepara grandes termos de café que reparte por los boxes para que nadie se quede sin su vaso antes de arrancar la actividad. Es una tarea que implica caminar durante horas y mantener un contacto constante con pilotos, mecánicos y equipos.

Juan Domingo González en los boxes del TC

Con tantos años en el ambiente, la relación con el mundo del automovilismo se transformó en algo mucho más profundo que un trabajo.

“Esto es una familia: pilotos, mecánicos y sponsors; con el pasar del tiempo se transforma en una amistad”, explica. A veces incluso comparte cenas con los equipos y momentos fuera de la pista que refuerzan ese vínculo.

Pero si hay algo que todavía lo emociona, es recordar a su padre, el hombre que le enseñó el oficio y lo introdujo en ese universo. “Lo extraño mucho porque él preparaba el café antes, él me enseñó a hacer todo esto y a conocer esta familia hermosa”, recuerda con emoción.

Hoy, Juan Domingo González, continúa ese legado acompañado por Patri, su compañera desde hace 15 años, con quien formó una familia y con quien comparte la vida, cada viaje, cada ruta y todas las madrugadas de carrera. Juntos caminan a la par en este trabajo, ocupándose de cada detalle, sosteniendo una rutina hecha de esfuerzo, organización y compromiso en cada fin de semana de automovilismo.

Construyeron una sociedad que combina trabajo, compañía y pasión por lo que hacen. “Cuando ella llegó a mi vida fui mejorando, mejorando el trabajo, ella veía cosas que yo no podía ver”, destaca Juan, reconociendo en Patri a esa compañera incondicional que lo acompaña siempre.

Entre carrera y carrera también intenta disfrutar del tiempo en familia con sus hijos: asados, charlas en casa, compartir momentos o pequeñas escapadas a lugares como Luján o Tigre. Y cuando el calendario lo permite, aprovecha para conocer las ciudades que visita el automovilismo.

Juan Domingo González es una historia viva del automovilismo. Una vida entera dedicada a hacer y vivir de lo que ama, con la misma amabilidad y espíritu colaborador que lo caracterizan. Un camino marcado por el aroma del café caliente en los boxes y por una pasión que empezó a los seis años y que todavía hoy sigue recorriendo cada autódromo del país.

Fotos: Tribuna 2 / Por: Morena Pérez

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