
El piloto de TC Mouras, Francisco Luengo, repasa su camino desde Bonifacio hasta las categorías de la ACTC, destacando el valor del trabajo en equipo, la perseverancia y los sueños que hoy están más cerca que nunca.
A sus 22 años, Francisco Luengo atraviesa uno de los momentos más importantes de su carrera deportiva. Instalado entre los protagonistas del TC Mouras y peleando los puestos de adelante, el piloto oriundo de Bonifacio construyó su presente a partir de la paciencia, el sacrificio y una convicción que nunca abandonó, incluso cuando el camino parecía cerrarse.
Nacido el 17 de septiembre de 2003 en Bahía Blanca, Francisco creció en una familia donde el automovilismo siempre formó parte de la vida cotidiana. Hijo de María Evangelina Lobadino y Carlos Luengo, compartió su infancia junto a sus hermanas Débora y Valentina en Bonifacio, una pequeña localidad bonaerense de aproximadamente 2.000 habitantes.
Allí encontró sus raíces, el acompañamiento y la contención de una familia que siempre respaldó cada uno de sus desafíos deportivos. Desde los primeros pasos en el karting hasta su presente en el TC Mouras, el apoyo incondicional de sus seres queridos fue un pilar fundamental para afrontar los sacrificios, los momentos difíciles y las alegrías que entrega el automovilismo.
Su vínculo con el deporte motor comenzó prácticamente desde que tiene memoria. Con apenas cinco años se subió por primera vez a un karting, impulsado por una pasión que nació naturalmente al acompañar a su padre en las competencias zonales. “Mi viejo corría, pero la decisión de correr fue siempre mía. Yo le pedí subir al karting. Nunca me obligó ni me insistió”, recuerda.
De los kartings a la escalera de la ACTC
Los primeros pasos llegaron en el Prokart Salliqueló, donde comenzó a construir una trayectoria que rápidamente mostró resultados. En 2013 se consagró campeón en la categoría 110cc y años más tarde repetiría el logro en la división 150cc. También fue protagonista en el Karting Pampeano, donde alcanzó el subcampeonato.

A los 15 años dio el salto a la Fórmula Pampeana, categoría donde también había competido su padre. Aquella experiencia sería el inicio de un proceso de aprendizaje que tendría momentos tan difíciles como valiosos. Posteriormente desembarcó en la Fórmula 3 Metropolitana. Sin embargo, los resultados estuvieron lejos de lo esperado. Las limitaciones presupuestarias, la falta de experiencia y distintas dificultades técnicas generaron años complejos que incluso pusieron en duda la continuidad deportiva.
“Hubo momentos en los que estuvimos cerca de bajarnos. No fueron años fáciles, pero hoy no me arrepiento de nada porque todo eso me hizo crecer muchísimo”, reconoce.
El encuentro que cambió la historia
Dentro de ese contexto apareció una figura clave en su carrera: Claudio Re. Con una extensa trayectoria dentro del automovilismo y reconocido por su capacidad para formar pilotos y construir proyectos deportivos sólidos, Re abrió las puertas de una oportunidad que terminaría cambiando el rumbo de la carrera de Luengo. A partir de ese momento, el piloto encontró el respaldo deportivo y personal necesario para continuar avanzando.
“Estoy muy agradecido porque sin ellos no hubiese sido posible llegar hasta donde estoy. Me ayudaron a crecer como piloto y también a construir el proyecto para dar el salto a las categorías de la ACTC”, explica.
La relación fue consolidándose con el paso del tiempo hasta transformarse en una verdadera familia. Un grupo donde el trabajo cotidiano, la confianza mutua y la humildad se convirtieron en pilares fundamentales. En Re Performance se construyó un vínculo humano que trascendió lo deportivo. Claudio Re, Tamara Dolagaray, “Chula”, y cada integrante de la estructura estuvieron presentes en las distintas etapas del proyecto, acompañando tanto los momentos de crecimiento como aquellos más difíciles. Esa cercanía, el compromiso y la convicción de seguir adelante fueron determinantes para que Francisco pudiera superar etapas complejas y alcanzar el presente deportivo que disfruta actualmente en el TC Mouras.

El valor de las amistades
Si hay algo que Luengo destaca constantemente es la cantidad de amistades que le dejó el automovilismo. En una actividad donde la competencia es permanente, también encontró vínculos que trascendieron las carreras y se mantienen hasta el día de hoy. “El automovilismo me dio muchísimas amistades. Hay un grupo muy lindo que se fue formando con los años. Compartimos los fines de semana, los buenos momentos y también los difíciles. Eso hace que todo sea mucho más llevadero”, afirma.
Entre esos nombres aparecen pilotos con quienes construyó una relación cercana como Felipe Bernasconi, Bautista Oliva y Marcos Landa, compañeros de ruta dentro y fuera de los circuitos. Asados, charlas y momentos compartidos durante los fines de semana de carrera forman parte de una amistad que se fortaleció con el paso de los años y que hoy representa uno de los aspectos más valiosos que le dejó el deporte.
Un presente que ilusiona
Tras su paso por el TC Pista Mouras durante 2024, categoría en la que peleó el campeonato y consiguió victorias importantes, Luengo dio el salto al TC Mouras, donde actualmente continúa consolidándose como uno de los jóvenes talentos de la categoría. Aunque ya cuenta con la habilitación deportiva para seguir escalando, la realidad económica del automovilismo obliga a planificar cada paso cuidadosamente.
“Ya teníamos el pase para subir al TC Pista, pero no contábamos con el presupuesto ni con la estructura necesaria. Por eso decidimos apostar de lleno este año para poder pelear el campeonato. Obviamente el título te da el pase al TC y ese es el objetivo, pero también estamos trabajando para ver si podemos dar el salto el año que viene”, comenta.
Hoy, mientras combina los entrenamientos y las carreras con sus estudios de Licenciatura en Gestión y Producción Agraria, mantiene intactos el objetivo y la ilusión que lo movilizan desde niño.
El sueño sigue siendo el TC
Luengo entiende que todavía queda mucho camino por recorrer. Sin embargo, también sabe valorar todo lo conseguido. Hace apenas algunos años, cuando atravesaba las dificultades de la Fórmula 3 Metropolitana, pelear campeonatos dentro de la ACTC parecía una meta lejana. Hoy esa realidad es completamente diferente.
“Cuando estábamos en la Fórmula lo veíamos muy lejos. Haber peleado campeonatos, ganar carreras y estar donde estamos hoy ya es un sueño cumplido. Pero obviamente el objetivo sigue siendo llegar al Turismo Carretera”, asegura.
El presente de Francisco Luengo es el reflejo de años de aprendizaje, sacrificio y crecimiento dentro del automovilismo. Desde sus inicios en Bonifacio hasta su consolidación en el TC Mouras, el piloto bonaerense fue construyendo su camino acompañado por su familia y por un equipo de trabajo que se transformó en una parte fundamental de su carrera. Con nuevos desafíos en el horizonte y la misma pasión que lo impulsó desde niño, continúa avanzando con la convicción de que los grandes objetivos se alcanzan paso a paso.
Fotos: Tribuna 2 / Por: Morena Pérez – Tribuna 2







