
La pole de Pierre Gasly y la remontada de Franco Colapinto con sus Alpine en Monza reflejan el crecimiento de una estructura que empieza a mirar de frente a los equipos de punta.
Hay dos opciones a partir de la negativa, a partir del “qué hubiera pasado si”. Podés seguir adelante, contemplando tus errores, analizando para que no vuelvan a ocurrir y, además, entender que hay cosas que simplemente no te pertenecen y están fuera de tu control. O quedarte atascado en aquello que jamás sucedió. En el caso de Alpine, según lo ocurrido y lo que está a la vista de todos, es un ejemplo de lo primero.
Este fin de semana, la escudería francesa, conformada por pilotos de alta calidad, se vio ante distintas encrucijadas: algunas sobre las que tenía control y otras que no. Tras la anulación del podio de Mónaco —un podio que tristemente se definió más en los escritorios que en las pistas—, uno de los mayores logros de la carrera de Pierre Gasly, no hubo más que muestras de superación y madurez. No es ninguna sorpresa la calidad del francés. Es uno de los mejores clasificadores del mundo y, cuando tiene una máquina que responde a ese potencial, se ven resultados como los del Gran Premio de Italia.

La pole del Alpine le dio a la Fórmula 1 un respiro de frescura, el condimento impredecible… o no. Si sos adepto a la categoría, podías ver que esto era mera cuestión de tiempo. La verdad es que era más temprano que tarde la escalada de Alpine y qué meritorio que, en tan poco tiempo y si tenemos en cuenta el cambio en las regulaciones, estén peleando con los equipos de punta. En una clasificación fueron los mejores frente a los Mercedes y sin ningún tipo de ventajas. El monoplaza tiene una gran fiabilidad y las mejoras que traen los ingenieros cada fin de semana tienen sus frutos.
Monza es un circuito donde es difícil hacer mucha diferencia: rectas largas, full acelerador y frenadas cerradas que requieren de un auto estable. Es un trazado donde se valora mucho el trabajo en equipo, un compañero que te corte el aire y te dé el rebufo, que te ayude con la tan importante aerodinámica. Ojo que, si son vivos, también pueden conseguir ese beneficio robado de sus propios competidores; es una cuestión estratégica.

Aunque criticado, el padrino Briatore está haciendo todo bien. Hace muy poco renovó a Franco Colapinto para el próximo año, lo que significa un peso menos. Creó una estructura sólida, que se basa en la confianza, el apoyo, el optimismo y la exigencia.
En el templo de la velocidad, Franco Colapinto se quedó con gusto a poco. Pero, en el balance, los resultados fueron más positivos que lo contrario. Tras la carrera, se vio a un Franco muy franco, valga la redundancia. Con lágrimas por lo que pudo haber sido, pero no fue. Terminó noveno después de 53 vueltas, mientras que su compañero quedó séptimo. No es una mala diferencia al tener en cuenta el ritmo arrollador de los primeros equipos y la diferencia respecto a Pierre. Después del despiste en Lesmo, que lo acomodó en el decimosexto lugar, Franco hizo una remontada, como dijo Briatore, “brillante”, y sumó puntos para el equipo.

Es un tema de perspectiva. Lo que pasó en Mónaco no se podía borrar y lo que pasó en Lesmo tampoco. La consistencia no está siempre en no equivocarse, más bien en qué se hace cuando ya existe la equivocación. También es valorable la introspección.
Lo más positivo de Alpine no es solo lo que consigue hoy, sino lo que construye para mañana. Tiene un auto que empieza a medirse con los mejores, una estructura que confía en sus pilotos y, entre ellos, una relación que también habla del buen momento del equipo. Se felicitan, se acompañan y festejan los logros del otro. Esa camaradería, sumada al respaldo de Briatore y de todos los miembros del equipo, demuestra que Alpine no solo está haciendo funcionar su auto, sino también su estructura. El futuro no se puede controlar, pero las condiciones para que sea prometedor ya están.
Fotos: motorsport.com – IG Franco Colapinto / Por: Keila Yegros






