
Mohammed Ben Sulayem impulsó la posibilidad de recuperar motores V8 a partir de 2030. La propuesta surge en el primer año del nuevo reglamento híbrido y abre una discusión sobre el rumbo tecnológico de la categoría en la era de los combustibles sostenibles.
La posibilidad de que la Fórmula 1 vuelva a utilizar motores V8 después de 2030 dejó de ser una simple especulación. Mohammed Ben Sulayem, presidente de la FIA, confirmó que el organismo ya analiza una futura generación de unidades de potencia más simples, livianas y económicas, impulsadas por combustibles sostenibles. La propuesta surge en plena temporada 2026, apenas meses después de la entrada en vigor del nuevo reglamento técnico, y reabre una pregunta que parecía resuelta: ¿qué sentido tiene seguir aumentando la complejidad de los motores híbridos si la categoría puede alcanzar sus objetivos ambientales por otra vía?
La declaración llamó la atención por el momento en que llega. La Fórmula 1 acaba de iniciar una nueva era reglamentaria diseñada alrededor de la electrificación. Fabricantes como Audi, Honda y Mercedes respaldaron su presencia en la categoría precisamente por la relevancia tecnológica de estas unidades de potencia. Sin embargo, dentro de la FIA comienza a instalarse la idea de que el futuro podría no depender exclusivamente de sistemas híbridos cada vez más sofisticados.

El factor que cambió la conversación es el avance de los combustibles sostenibles. La categoría ya utiliza combustibles desarrollados para reducir drásticamente su huella de carbono y mantiene el objetivo de alcanzar emisiones netas cero para 2030. Bajo esta lógica, el foco deja de estar únicamente en la eficiencia del motor y pasa a concentrarse en el origen de la energía utilizada para impulsarlo.
Ese cambio de enfoque es clave. Durante años, la electrificación fue presentada como el camino inevitable para mantener la relevancia ambiental de la Fórmula 1. Hoy, los combustibles sintéticos producidos a partir de energías renovables y dióxido de carbono capturado permiten imaginar un escenario diferente: motores de combustión interna capaces de funcionar con un impacto ambiental significativamente menor sin necesidad de aumentar constantemente la complejidad técnica.

Es allí donde aparece la propuesta de Ben Sulayem. La idea no consiste en recuperar los V8 de la década pasada, sino en desarrollar una nueva generación de motores adaptada a las exigencias actuales. Sus defensores argumentan que una arquitectura más simple permitiría reducir costos, facilitar el ingreso de nuevos fabricantes y disminuir el peso de los monoplazas, una preocupación recurrente dentro del paddock durante los últimos años.
La discusión también encuentra argumentos en el propio reglamento actual. Los motores introducidos en 2026 fueron diseñados bajo una distribución de potencia cercana al 50% proveniente del motor de combustión interna y 50% del sistema eléctrico. Aunque el concepto fue presentado como un avance tecnológico importante, su implementación generó interrogantes desde el inicio.
Uno de los puntos más debatidos es la gestión de la energía eléctrica en determinados circuitos. Equipos e ingenieros han trabajado intensamente para evitar que la recuperación y utilización de energía se conviertan en un factor limitante del rendimiento. Si bien la FIA sostiene que el reglamento cumplirá sus objetivos, las dudas sobre el atractivo deportivo de esta filosofía técnica siguen presentes en algunos sectores de la categoría.

Ese contexto ayuda a explicar por qué el debate sobre los V8 ganó fuerza tan rápido. Para algunos dirigentes, la combinación entre combustibles sostenibles y motores más simples podría ofrecer una solución capaz de equilibrar sostenibilidad, costos y espectáculo. No se trata únicamente de recuperar un sonido que muchos aficionados todavía recuerdan con nostalgia, sino de redefinir cuáles son las prioridades tecnológicas de la Fórmula 1 para la próxima década.
Sin embargo, la propuesta está lejos de generar unanimidad. Fabricantes que apostaron por la electrificación continúan defendiendo la importancia de mantener una conexión directa entre la Fórmula 1 y las tecnologías que utiliza la industria automotriz. Desde esa perspectiva, reducir el protagonismo de los sistemas híbridos podría representar un retroceso en términos de innovación y avance tecnológico.

Por ahora, cualquier cambio parece lejano. El escenario que maneja la FIA contempla 2031 como el horizonte natural para una nueva generación de motores, una vez finalizado el actual ciclo reglamentario. No obstante, también existe la posibilidad de adelantar la transición a 2030 si las conversaciones entre equipos, fabricantes y organismos reguladores avanzan favorablemente. Por el momento no existe consenso, pero la discusión ya está instalada.
Y ese es, quizás, el dato más importante. Más allá de si los V8 regresan o no, la Fórmula 1 volvió a cuestionar una dirección tecnológica que durante años parecía inamovible. Los combustibles sostenibles no sólo prometen reducir emisiones: también están obligando a replantear cómo deberían ser los motores del futuro. Y cuando la máxima categoría del automovilismo empieza a replantearse sus certezas, normalmente es porque una nueva transformación está en camino.
Por Keila Yegros – Tribuna 2





