Homenaje

Alex Zanardi, el dueño de la resiliencia

El italiano Alex Zanardi no sólo fue un gran piloto, también fue un enorme ejemplo de resiliencia. Nos dejó en las últimas horas, pero lo vamos a recordar por siempre.

¿Por dónde empezar? La crónica fría diría que, en las últimas horas, a los 59 años, falleció Alex Zanardi, ex piloto de Indycar (o CART para esa época), de F1 y doble medallista paralímpico…Pero Alex fue mucho más que eso.

Es difícil escribir cuando todavía la emoción de la noticia embarga el corazón y hace brotar algunas lágrimas. Hacía rato que no sabíamos nada de él. El accidente de junio de 2020, en plena pandemia, cuando estaba entrenando en su bicicleta de handbike y fue embestido por un camión, tendió un manto de misterio sobre su salud y sus últimos años.

Sin embargo, en cada visita de Indycar a Laguna Seca, era imposible no recordarlo. Es que allí se convirtió en leyenda en septiembre 1996 (ya hace casi 30 años!) cuando con su Reyanrd-Honda del Chip Ganassi Racing hizo aquella maniobra icónica, por la tierra y más que al límite, para superar a Bryan Herta y ganar la última carrera del año.

Alex Zanardi en el Reynard-Honda del Chipo Ganassi Racing

Pero eso no era lo único. Dueño de una simpatía, una humildad y una humanidad difíciles de encontrar en el ambiente, Alex supo abrirse camino nada menos que en los Estados Unidos, un mundo de competición totalmente distinto a lo que él estaba acostumbrado.

Su llegada a la Indycar fue por consejo de Adrian Reynard, quien ya lo conocía y le sugirió a Chip Ganassi que le de una oportunidad en las pruebas de pre temporada de 1996. Para ese entonces, quien estaba en conversaciones para ocupar la segunda butaca del equipo americano era el propio Herta.

Zanardi nunca había corrido en circuitos tipo óvalo, sin embargo, ese día sorprendió a todos, y desde allí el auto número 4 fue para él. A partir de allí, forjó una gran amistad con quien fue su compañero de equipo durante los tres años siguientes, Jimmy Vasser, y fue parte de las primeras etapas de la construcción de uno de los grandes equipos que hoy tiene el automovilismo americano: el Chip Ganassi Racing.

En 1996 fue Debutante del Año, siendo tercero en el campeonato. Y el despegue para él fue en 1997 y 1998, donde se consagró campeón con muchísima autoridad. Alex era uno de esos pilotos que le caen bien a todos. Un tipo normal, que además corría en autos. Un piloto querible, amigo de muchos en el paddock y con una fortaleza interna inmensa. En 1997, Vasser (que venía de ser campeón la temporada anterior), no lograba llegar a la victoria. Zanardi sabía lo que eso le generaba al americano, y, según contó él mismo años más tarde, colaboró para que el tan preciado triunfo llegara en Laguna Seca.

Las donuts de Zanardi, su festejo

En lo anecdótico, inauguró una era de festejos, aunque de un modo que no todos se animan (y que hace sufrir a los motoristas). Sí, porque luego de su primera victoria, que llegó en Long Beach 1996, tuvo la genial idea de hacer trompos quemando caucho. A Ganassi no le cayó muy bien (se imaginan si rompía el motor!!!) y a las autoridades de la categoría tampoco, por lo que le dieron una multa de 50.000 dólares. Nada le importó, siguió festejando con las famosas “donuts” luego de cada una de sus victorias. Y el público fue cómplice también. Cada vez que el italiano ganaba, sus fans llenaban cajas con esas confituras su box.

El paso a la Fórmula 1 y la vuelta a los Estados Unidos

A finales de 1998 anunció que se iba a la Fórmula 1. Concluía, sin que lo supiéramos, una de las mejores etapas de su carrera deportiva. Había firmado contrato con Williams y la expectativa por lo que pudiera lograr era grande. Sin embargo, su paso no fue lo esperado. Le costó mucho adaptarse a los frenos de carbono que usaba en ese momento la Máxima y tan sólo se limitó a terminar la temporada. Sus mejores resultados fueron un séptimo puesto en Monza, dos veces octaco (en Mónaco y Spa Francorchamps), y el décimo en Sepang.

Zanardi en el Williams de la F1

El retorno al CART y el accidente en Alemania

Luego de un año sabático, decidió volver al CART. En esta oportunidad con el equipo de Mo Nunn. Era el 2001, la serie se estaba consolidando y habían abierto la puerta a las competencias en Europa. El calendario marcaba que el 15 de septiembre habría una fecha en el EurSpeedway Lausitzring, un óvalo alemán, y que una semana después visitarían Rockingham, en el Reino Unido, para el desarrollo de una carrera de 500 millas. El desarrollo de la fecha alemana empezó mal.

Cuatro días antes el mundo se había estremecido con el ataque a las Torres Gemelas de Nueva York y muchos de los integrantes de la categoría habían tenido serios problemas para viajar debido a las suspensiones y reprogramaciones en los vuelos que esto trajo aparejado. El clima en el Lausitz el día de la carrera no era el mejor. A la pesadumbre en los ánimos que todo esto generaba se le sumaba un cielo plomizo, que amenazaba con suspender la carrera por lluvia en cualquier momento.

El accidente de Zanardi en Alemania

Así las cosas, y luego de los homenajes por lo sucedido esa semana, se puso en marcha la carrera. Faltando 13 vueltas para el final, Zanardi lideraba la carrera y entonces, pasó lo que nadie esperaba. El italiano entró a los boxes y, al salir, aceleró de forma brusca y el auto se cruzó en el medio de la pista. Patrick Carpentier pudo esquivarlo, pero no así Alex Tagliani, quien impactó de lleno en la zona lateral del auto de Zanardi, cortándolo en dos partes.

Alex llegó al centro médico habiendo perdido no sólo las piernas, sino el 75% de la sangre de su cuerpo. Pero su fuerza pudo más…

Dos años después, ayudado por una serie de adaptaciones al auto, Zanardi volvió a subirse a un auto de CART en el mismo circuito y completó las 13 vueltas que faltaban ante la emoción de todos.

El deporte paralímpico, su otra pasión

Zanardi en el handbike

Aun cuando volvió a correr en autos de turismo, Zanardi encontró una nueva manera de superarse a sí mismo: comenzó a entrenar en handbike, una disciplina paralímpica de ciclismo adaptado, donde como su nombre lo indica, la bicicleta se impulsa con las manos.

Fiel a su estilo, no se quedó sólo en entrenar, se puso un objetivo…y uno grande: ser medallista olímpico. Para ello, dedicó muchas horas, trabajó y se entrenó. Y el premio lo esperaría en la final de Londres 2012, las primeras olimpíadas en las que participó. De allí se llevó el oro en las categorías Contrarreloj H4 y Ruta H4, más una medalla de plata en relevos. En Río, cuatro años más tarde, repitió los logros, obteniendo dos preseas doradas en Contrarreloj H5 y relevo mixto, más otra de plata.

Y sería, justamente, el handbike el que le traería el último accidente, aquel de 2020, el que ¿quizás? nos terminó de arrebatar a alguien que supo ser un ídolo, un ejemplo de resiliencia a seguir.

Zanardi y la medlla de oro paralímpica

Todavía surgen los recuerdos. Alex Zanardi va a quedar en la historia como el tipo que hizo de todo, pero también el que se sobrepuso a todo y, sobre todas las cosas, el que le puso una sonrisa y toda la energía a los momentos más duros.

Me cuesta decirlo, pero es un “hasta cuando sea Alex”, gracias por enseñarnos que se puede salir adelante hasta en las más difíciles.

Fotos: cnn.com – Mundo Deportivo – Reuters / Por: Soledad Fattori – Tribuna 2

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