
El piloto del Turismo 4000 Argentino, Gabriel Grijniewicz que transformó su pasión en refugio, aprendizaje y presente.
Gabriel Grijniewicz nació el 12 de abril de 1975 en Boulogne, en el seno de una familia trabajadora conformada por Jorge Grijniewicz y Cristina Becerra. Desde muy joven, su vida estuvo atravesada por dos caminos que con el tiempo se volverían inseparables: el trabajo familiar y el automovilismo.
Su recorrido educativo comenzó en Villa de Mayo, donde realizó el jardín, continuó con el preescolar en el Colegio San José de Muñiz, en San Miguel, y siguió en la secundaria entre la Escuela Industrial Japón N°1 y la Escuela Modelo de Bella Vista. Aunque inició estudios universitarios, rápidamente entendió que su vocación estaba en otro lado.
“Me anoté en la facultad, pero la facultad fue el negocio. Ahí empecé a trabajar con papá y sigo con lo de él hasta el día de hoy”, cuenta. Así se consolidó dentro de la empresa familiar, una distribuidora dedicada a la venta de quesos y fiambres, donde comparte el día a día con su madre y su hermana. Con el tiempo, lo que empezó como una responsabilidad terminó convirtiéndose en algo más profundo: “Sí, me costó, yo creo que le costó a mi viejo meterme. Pero me dio todo y me tuvo que encarrilar un poco. Hoy me gusta mucho lo que hago, lo siento como una pasión también, porque es lindo ir a trabajar con ganas”.
La figura de su padre fue clave en su formación, tanto en lo laboral como en lo personal. Lo recuerda con admiración y honestidad: “Era extraordinario, tenía sus rayas, pero justificadas. Las cagadas, los autos que rompí yo en la calle, es más que obvio que se enojaba a veces, pero siempre me ayudó”, recuerda.

Ese vínculo también estuvo estrechamente relacionado con el origen de su pasión por los autos. Desde chico ya Gabriel Grijniewicz evidenciaba una atracción muy marcada por el mundo motor, con experiencias propias de la juventud como correr picadas a escondidas y vivir situaciones riesgosas que hoy recuerda como parte de esa etapa.
Sin embargo, su ingreso al automovilismo se dio de manera más formal a los 17 años, cuando tuvo la oportunidad de subirse por primera vez a un auto de carrera como copiloto, marcando el inicio de un camino del que ya no se apartaría.
Su debut como piloto se dio poco tiempo después, en un contexto tan desafiante como inolvidable: “Había una carrera de dos horas en Concordia y me dijeron: ‘si pagás los gastos, vamos’. Me subí, tenía 18 años y corrí con un montón de figuras. Fue una experiencia impresionante”, menciona Gabriel Grijniewicz.
A lo largo de su trayectoria, pasó por distintas categorías. En los años ‘90 corrió en Procar, en 2001 tuvo la oportunidad de disputar una carrera en TC Pista —donde logró un muy buen resultado en Buenos Aires—, aunque las dificultades económicas marcaron muchas de sus decisiones deportivas. Finalmente, encontró su lugar en el Turismo 4000 Argentino, categoría en la que compite desde hace más de una década.
Allí no solo disfruta de la competencia, sino también del trabajo en equipo. Actualmente cuenta con una estructura que incluye un Dodge propio y un Ford que conduce Juan Urbieta, junto a un grupo humano que destaca por su transparencia y compromiso. “Se armó un grupo humano muy lindo. Lo bueno es la transparencia. Si tengo una duda lo digo, lo probamos. No hay secretos. Tenemos una idea, la probamos y la desarrollamos. Todos nos podemos equivocar y eso es lo lindo, lo disfruto mucho”, expresa Gabriel Grijniewicz.
Sin embargo, su historia también está marcada por etapas muy difíciles fuera del automovilismo, que resultaron determinantes en su vida. La pérdida de su compañera significó un quiebre profundo, marcando un antes y un después al asumir un nuevo rol al frente de su familia y a atravesar años especialmente complejos, cargados de incertidumbre y desafíos constantes. Durante ese tiempo, cada día representaba una incógnita, pero aun así decidió enfrentarlo con fortaleza, resiliencia y haciéndose cargo de la situación, sosteniéndose con gran entereza frente a la adversidad.
Padre de Malena y Florencia, encuentra en ellas una motivación, unión y un compartir constante. El automovilismo, en ese contexto, también cumplió un rol fundamental. “El automovilismo fue mi psicólogo. Me armaba yo el auto y me pasaba horas ahí tratando de borrar lo que me pasaba en la vida real. Creo que ayuda mucho, te absorbe la cabeza y te permite salir adelante” explica Gabriel Grijniewicz.

Hoy, con otra estabilidad emocional, Gabriel reconoce el cambio y resalta lo siguiente: “Como que salió el sol. Estoy tranquilo, estoy contento. Son cosas que pasan y lo bueno es que siempre le pude poner el pecho” resalta Gabriel Grijniewicz. En su presente, su pareja Erika ocupa un rol fundamental, en una relación que se construye desde el amor, el diálogo, la comprensión y el crecimiento compartido.
Ambos se encontraron en una etapa de la vida en la que las experiencias previas los marcaron, lo que les permite afrontar el vínculo con mayor madurez. En ese camino, ella fue clave para que él incorpore algo que antes no le resultaba natural: la importancia de hablar, de poner en palabras los conflictos y buscar soluciones en conjunto, fortaleciendo así una relación que hoy valora profundamente.
Con el paso del tiempo, también fue cambiando su forma de ver la vida. Hoy elige priorizar el disfrute personal y la autenticidad por encima de las obligaciones impuestas o los compromisos que no nacen desde el deseo. Desde esa mirada, sostiene que lo importante es hacer lo que realmente a uno le hace bien, sin sentirse condicionado. Por eso, si algo no le genera interés o ganas, prefiere no hacerlo y optar por la tranquilidad, incluso en lo simple, como quedarse en su casa disfrutando de su propio espacio.
En lo deportivo, lejos de la exigencia por los resultados, su objetivo es claro: “Mi sueño es poder venir a todas las carreras y disfrutarlo. Más allá de los resultados, estar arriba del auto y disfrutarlo. Después, los resultados son secundarios”, destaca Gabriel Grijniewicz.
Actualmente compite con su Dodge, en una categoría cada vez más competitiva, donde los detalles hacen la diferencia: “Está todo muy parejo. Donde te equivocaste, estás en el fondo. Eso es lo lindo que tiene”, afirma.
En una vida que combina motores, familia y aprendizajes, Gabriel Grijniewicz sigue escribiendo su historia. Una historia donde el automovilismo es una forma de vivir, resistir y volver a empezar.
Fotos: Tribuna 2 / Por: Morena Pérez







