
El de Longchamps se convirtió en el primer ganador del título de la Promocional. Definió a su Chevy como un “tanque de guerra llegador”.
Nadie podrá dudar que el 7 de diciembre de 2025 se inscribe por los años de los años como un efeméride sublime en la vida de David Antúnez. Todo un entusiasta, un tipo simple, de laburo, como todos, pero que de repente, sin importarle momentos, ni edades, se decidió a dar un tranco y desde allí se catapultó a alturas insospechadas desde un tiempo pasado y no tan lejano. En ese primer domingo del último mes del año, el piloto de Longchamps se coronó como el primer campeón de la Clase Promocional del Gran Turismo Metropolitano, que hizo su estreno este año.
Se disparó un ramillete de sensaciones en Roque Pérez, sede de la consagración. “En la última fecha me pasó un poco de todo, me sentía mal y la pasé mal. Muy diferente a todo lo anterior, que todo fue relajado, quizás porque no pensaba en ser campeón. Pero en la última estaban las malditas exigencias que uno mismo se impone. Por eso fue duro, pero con final feliz”, describe David Antúnez en diálogo con Tribuna 2.
No era simple para el piloto de La Julia, tal como definió a su Chevy en honor a la memoria de su madre. “De repente me encontré con ganar dos carreras, líder del campeonato y llegué al final de la temporada como puntero. Entonces, estaba en mí que no quería defraudarme y defraudar a mi gente”, explica el campeón del Sur del Conurbano. “Mis amigos, la familia, el equipo me decían ´vos sos nuestro amigo no sos piloto, no tenes que demostrarnos nada. Porque no estamos perdiendo un campeonato, de última no lo ganamos´”, revela y admite: “Pero yo mismo me metí mucha presión”.

Lo lindo de la semana posterior, y de las subsiguientes, contrastaron con lo difícil del finde de cierre de temporada. “En la primera carrera no tenía agarre en una pista que estaba muy complicada, y en la segunda se rompió una de las bombas de frenos”, admite al recordar el pandemonium que vivió en el Gran Premio Coronación, que constó de fecha doble.
De todos modos, La Julia fue “llegadora” como todo el año y en la última tampoco lo dejó de a pie. Ganó en General Belgrano, la primera de la temporada, y en la 7° en Brandsen. Apenas fueron dos victorias, pero a esto le agregó la regularidad, un arma indispensable para construir sólidos campeones. “Siempre estuve entre los cinco primeros, a partir de tener un buen auto”, resalta Antúnez, quien se respaldó en lo prolijo de su andar a partir de cuidar el auto.
Enrolado en las filas del equipo Ules Competición de Longchamps, que realiza la atención integral de la Chevy campeona, David Antúnez no pierde de vista resaltar la sapiencia y tarea del equipo. “Me dio un auto ganador, y debí haber ganado dos carreras más, como mínimo, pero no se pudo por errores míos y otras circunstancias de carrera”, entiende y aporta: “Es que La Julia es un auto ganador, es un tanque de guerra llegador. De hecho, en dos años nunca me quedé en pista”.
Tras la autocrítica, el campeón de la Promocional tiene claro el camino. “El 1 lo voy a defender del mismo modo, pero más allá de todo nadie me saca que fui campeón, el primero de la clase, y el primer ganador, además de haber sido siempre puntero durante el año”, subraya y se entusiasma.
No hay edad para festejar

Son momentos de celebración en Longchamps, pero una vez que baja la adrenalina, que decanta, aparecen reflexiones que agigantan el objetivo logrado. “No había ganado ni a la bolita”, dice David Antúnez, quien deja picando la realidad que no hay edad para llegar a un objetivo preciado. “Con 53 años, en 2024 debuté en la división mayor, con pilotos hechos y ásperos. De hecho, casi me bajo del auto antes de debutar, luego de que me cayera la ficha en cuanto a dónde estaba”, relata.
No sólo no se bajó de la Chevy, sino que además aceleró, se equivocó, acertó y, sobre todo, aprendió para seguir el camino. “De la nada, armamos el auto, porque me dije ´quiero correr´. Era un entusiasta un autodidacta y sin experiencia. Por eso, esto fue impensado, que no figuraba ni en los mejores sueños”, asegura y añade: “Siempre la idea fue correr, aunque asomaba lejano, pero con 53 años se dio”.
Historia de familia y fierros
Sin embargo, en la historia de cada hombre, la familia y los afectos suelen darle el toque de magia cuando es hora de decidir. “En 2021 había comprado un auto para GTM, el de Carlos Sacara; había que reformarlo mucho y me convencieron que no era lo mejor, entonces lo vendí”, recuerda. Y destaca lo que vino a continuación: “En 2022 compré a La Julia y al año siguiente, Mónica, mi señora me dijo que si correr era mi sueño, que vaya y lo haga realidad”.
El campeón hizo lo que debía arriba de la Chevy naranja, pero abajo contó con toda una infraestructura humana que fue parte del título. “Con Mónica son 35 años juntos; íbamos a las picadas con un Chevrolet 400, porque ella es fanática de los fierros. Y en este caso, la movida la hizo ella. Todo se hizo con pasión, mucho sacrificio, más allá de lo económico. Es que dejé de lado muchas cosas, cumpleaños, juntadas, tiempo con la familia y amigos, en fin de todo un poco, pero la recompensa es hermosa”, define el de Longchamps. En el epílogo fue presa del sufrimiento, pero lo compensó con fibra que lo llevó a creer siempre. La Julia desde una estrella y su versión terrenal, sobre cuatro ruedas, lo llevaron a la cúspide para cumplir un sueño impensado.









