Efemérides

Tuero le cerró la puerta en la cara a la F1

El ex piloto de Caballito debutó en marzo de 1998 con 19 años arriba de un Minardi. Al final de la temporada sorprendió a todos al bajarse de la Máxima.

Cuando estamos a un puñado de semanas de ver nuevamente en acción a Franco Colapinto sobre un renovado Alpine, el arcón de los recuerdos está allí, expectante como siempre, para abrir su portal y llevarnos a momentos que merecen ser recreados y vividos, aunque claramente de otro modo.

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Y marzo, mes que marca que los guardapolvos blancos vuelven a cubrir las aulas y el año efectivo se pone en marcha, nos pone de frente, por caso, a la figura de Esteban Tuero, quien con apenas 19 años llegó a la Fórmula 1. Así es que días pasados se cumplieron 28 años de su debut en el Melbourne Park, en el Gran Premio de Australia.

Con la edad de un recién egresado, el piloto de Caballito pisó la Máxima para seguir el rastro dejado por el Lole Reutemann y más cerca de Norberto Fontana, quien sobre un Sauber corrió cuatro GP en 1997. La ilusión de los hinchas argentos se encendía nuevamente para palpitar cada una de las fechas de la F1.
Tuerito era, de ese modo, el 20º piloto argentino en la Máxima y el contexto lo ponía en el papel de la gran promesa.

La herramienta fue un Minardi M198, con un motor Cosworth, cuya primera aparición se dio el 8 de marzo en Australia. En clasificación clavó el 17° tiempo entre 22 pilotos, y dejó a sus espaldas a su compañero, el japonés, Shinji Nakano. La carrera fue otra historia, puesto que representó el primer capítulo de un compendio de vicisitudes que lo acompañó durante la temporada 98. Es que sufrió su primer abandono a raíz de la rotura del Ford Cosworth, cuando marchaba en la 14° posición de la fila india.

Tuero en su paso por Minardi

Giancarlo Minardi había centrado su confianza en ese chico de 19 años llegado desde el sur del planeta. Sin embargo, la herramienta que puso en sus manos, como en las de Nakano, quedó lejos de ser una base sólida que pudiera sustentar, sostener y acompañar la evolución de un piloto que se perfilaba como promesa. Si bien las comparaciones pueden propender a confusiones, el 98 de Tuero no estuvo muy lejos del 2025 de Colapinto.

Por ello, no extrañó que, de los 16 grandes premios de la temporada, el argentino sólo pudo completar cuatro de ellos. Y lo mejor lo logró en Imola, en virtud del Gran Premio de San Marino, ya que con el octavo lugar se metió -por única vez- entre los 10 primeros del clasificador.

El detalle cronológico del paso de Tuero por la Fórmula 1 marca más abandonos que bandera de cuadros. En Australia fue abandono por rotura del motor; en Brasil lo dejó de a pie la electrónica del Minardi; en el GP de Argentina, abandono por despiste; San Marino (Imola) finalizó 8°; en España llegó 15°; Mónaco, al margen por accidente.

En Canadá volvió a traicionarlo la electrónica del auto de la escudería de Faenza; en Francia fue el turno de la caja de velocidades para dejarlo fuera de carrera; Gran Bretaña marcó otro abandono por salida de pista; algo similar aconteció en Austria; Tuero finalizó 16° en Alemania; el motor le impidió ver la bandera ajedrezada en Hungría; en Bélgica una falla eléctrica dejó mudo al impulsor Ford; en Monza, en Italia, fue undécimo; en Luxemburgo directamente no logró clasificarse, mientras que el cierre en Suzuka, Japón, le deparó un nuevo abandono por toque.

El Minardi de Tuero

Esa, quizás sin saberlo en ese momento, representaba la última función de Esteban Tuero en la Fórmula 1. No fue de las mejores despedidas, ya que para el argentino todo terminó con un fuerte accidente. En el 28° giro, en el frenaje de la chicana, el Minardi se fue encima del Tyrrell de Tora Takagi. El accidente dejó a los dos fuera de carrera, y al argentino con lesiones dorsales.

Un cuadrito aparte lo constituyó el Gran Premio de Argetina. Para Tuero asomó accidentado, puesto que en el primer día de actividad sufrió un fuerte golpe del piloto alemán, Heinz Harald Frentzen, quien con su Williams embistió en la Horquilla al Minardi de Tuero. En carrera debió entrar a los pits cuatro rondas antes de lo establecido, por un neumático averiado. Así perdió vueltas con respecto a la punta y el cierre fue abrupto en el Oscar y Alfredo Gálvez, a raíz de un despiste en el curvón Salotto,

Nadie la vio venir

Estaba claro que Minardi no estaba entre los autos de gran potencial de la grilla y que la confiabilidad era un punto a mejorar. El responsable máximo del equipo de Faenza, Giancarlo Minardi, contaba con Esteban Tuero para lo que se venía. Sin embargo, el piloto de Caballito tomó la decisión de bajarse, de regresar para Ezeiza… Toda una rareza. Es que se le había confeccionado un contrato por cinco años, que acomodaba todo para darle forma a una gran carrera en la Máxima.

Pero nada de eso sucedió, ya que Tuero decidió dejar Minardi y dejar la Fórmula 1. Nadie la vio venir, porque a quién se le podía ocurrir que un piloto tomara tal determinación. La respuesta mayoritaria sería: “a nadie”. Pero había una variante: a Tuero sí. Entonces, apareció Gastón Mazzacane, otro argentino para hacer dupla con el español, Marc Gené en 1999. Pero esto pertenece a otro capítulo.

El regreso al país marcó una continuidad con el casco calzado. Tuerito pasó por el TC 2000, TC, Top Race y Turismo Nacional, hasta que en 2016 decidió el pase a retiro. Si bien quedó una suerte de neblina en el medio que no dejó tener diáfana la razón de semejante decisión, como lo fue bajarse de la Máxima, pasados varios años, Esteban Tuero esbozó una explicación. “La Fórmula 1 fue una aventura muy linda pero me agarró muy chico y necesité volverme porque extrañaba”, dijo alguna vez.

Tuero y su compañero en Minardi

Se dedicó a trabajar en la empresa de su padre, lejos de todo ruido. Pero dejó escrito algunos párrafos propios en la historia de la Máxima. Fue contemporáneo en la pista de Michael Schumacher, con quien siempre mantuvo buena química; cenó con Mick Jagger, cuando los Rolling Stones visitaron la Argentina en 1998 y repitió antes de la carrera en Monza; coincidió en la fiesta de lanzamiento de la temporada 1998 de la F1 con otro prócer de la música. George Harrison, guitarrista de Los Beatles, lo felicitó por haber llegado tan joven a la F1, pero Tuero se enteró luego quién lo había saludado.

Decidió casi de un plumazo dejar todo aquello, bajarse del sueño de muchos y sin darse cuenta fabricó un nuevo estereotipo en el automovilismo de elite. Porque Esteban Tuero figurará en la historia como el joven, el hombre, al que la Fórmula 1 no alcanzó a encandilar.

Fotos: DyN – Redes – RMC Motori / Por: Osvaldo Alvarez

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