Entrevista

El Flaco Porcelli y su legado en el automovilismo

De piloto a formador, José “El Flaco” Porcelli construyó una historia de pasión, amistad y legado dentro del automovilismo argentino.

José Alberto “El Flaco” Porcelli es, sin lugar a dudas, uno de esos nombres que representan la esencia más pura del automovilismo, la pasión sostenida en el tiempo, el esfuerzo constante y el amor incondicional por las carreras. Nacido en Capital Federal y viviendo en Martínez, provincia de Buenos Aires, construyó una vida atravesada por los motores, pero también por los valores, la amistad y la familia.

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“Hijo de padre y madre italiana, con dos hermanos mayores, y con dos hijas y un hijo”, resume sus raíces familiares, que siempre lo acompañaron en cada paso. Su padre, José Porcelli, y su madre, Rosa de Bartolis de Porcelli, fueron parte de ese sostén invisible que impulsa cada sueño. Hoy, su legado también se proyecta en sus hijos: “Mi hija mayor, Jaqueline Vanessa. Mi segunda hija, Soledad Silvia. y Lucas Alberto, mi hijo menor”.

Su historia con el automovilismo comenzó en 1979, a los 23 años, casi como una extensión natural de su vida cotidiana. “Yo empecé a mis 23 años, 1979, a correr en una categoría que se llamaba Fiat 600 estándar mejorado”, recuerda Porcelli. Lo más curioso —y también lo más genuino— es que su primer auto de carrera fue el mismo que utilizaba a diario: “Debuté con el auto que yo usaba para andar por la calle, osea era mi auto particular y a partir de febrero del 79 pasó a ser mi auto de carrera”.

Ese espíritu de sacrificio marcó sus inicios. Mientras el auto corría los fines de semana, él se movía en colectivo, pero con el orgullo intacto: era piloto.

Con el tiempo, su carrera evolucionó. Tras formarse en la Asociación Argentina de Automóviles Sport, descubrió su verdadera vocación dentro de los monopostos: “Manejé por primera vez un auto de fórmula. Y en ese momento decidí que iba a correr o en fórmula o no corría más en nada”. Sin dudarlo, vendió su Fiat 600 y se subió a un Crespi Tulia 17, iniciando una nueva etapa en su carrera que marcaría su vida para siempre.

Porcelli junto a los Fara en los boxes

Pero fue en la Fórmula Renault donde encontró su mayor aprendizaje y su lugar dentro de la historia: “Lo mejor que hice en el automovilismo y la categoría que más me enseñó fue la Fórmula Renault. Tuve la suerte de correr en la época gloriosa de la Fórmula Renault”. Allí, Porcelli compartió pista con pilotos que luego se convertirían en grandes referentes del automovilismo nacional, como Ernesto ‘Toto’ Etchegaray, Henry Martín, Juan Manuel Silva y Guillermo Ortelli, en un contexto de máxima exigencia.

Entre sus logros más destacados, recuerda con orgullo actuaciones que, para él, vale tanto como un campeonato: “Tengo pole position de 65 autos en Buenos Aires”, algo que describe con una claridad que refleja el mérito real: “Tener la satisfacción de en una grilla de 65 autos, hacer la pole, delante de pilotos que después fueron muy renombrados dentro del automovilismo, para mí fue muy importante y muy valioso”.

Fuera de la pista, su vida también estuvo ligada al trabajo constante. Durante años se dedicó al rubro de avisos clasificados, con una receptoría que trabajaba con medios como Clarín y La Nación. Sin embargo, su vínculo con el automovilismo nunca se cortó. Al contrario, con el paso del tiempo encontró una nueva forma de vivirlo: acompañando, enseñando y transmitiendo experiencia. “Me dediqué a hacer eso mismo que había aprendido a través de los años para otros pilotos”, cuenta. Así nació su rol como formador, como maestro y como instructor, una faceta que hoy lo encuentra plenamente activo disfrutando en los autódromos.

En ese camino aparece una de las relaciones más importantes de su vida: su vínculo con el siempre vigente Málek Fara. Una amistad que ya lleva dos décadas y que nació de una situación tan simple como significativa. “El día de mi cumpleaños del 2006 vino al autódromo y Málek me estaba esperando con el auto que yo le había pedido”, recuerda. Ese gesto marcó el inicio de un lazo profundo: “Tuvo la gentileza de dármelo a pagar como pudiera”. Desde entonces, la relación se fortaleció dentro y fuera de las pistas, basada en la confianza y los valores: “Tenemos esa afinidad tan grande que nosotros disfrutamos el automovilismo y obviamente siempre estamos juntos, realmente es una linda relación, tenemos una gran amistad”.

Ese mismo vínculo se proyecta en la nueva generación. Porcelli no solo acompaña a Málek, sino también a sus hijos, a quienes conoce desde antes de nacer: “A Karim, igual que a Zahir, los conozco desde la panza de la madre, para mí son parte de mi familia y me emociono, disfruto estar al lado de ellos”.

Hoy, su entusiasmo tiene nombre propio: Karim Fara. Un joven talento que lo sorprende día a día: “Estoy entusiasmadísimo con Karim. Realmente no deja de sorprender que un jovencito de apenas 15 años, sin tener una trayectoria dentro del karting o las categorías que generalmente forman a los pilotos, que hoy esté corriendo mano a mano con pilotos que vienen de mucha más experiencia”. Y agrega, con emoción: “Me llena de alegría, cada maniobra, cada actitud, cada muestra de madurez, con mucha inteligencia”.

Consciente de la exigencia de la Fórmula 3 Metropolitana, no duda en describir el desafío: “Lo mandamos a los leones”. Sin embargo, también destaca su capacidad: “Él realmente está demostrando que está a la altura de la exigencia”.

Hoy, lejos de haberse alejado de las pistas, Porcelli vive el automovilismo desde otro lugar, pero con la misma intensidad. “El automovilismo es mi vida. Disfruto como el primer día”, afirma. Y concluye con una frase que resume toda su historia: “Cada día que estoy en una prueba, en un autódromo, en una carrera, es mi lugar en el mundo”. Porque para “El Flaco”, el automovilismo fue, es y seguirá siendo su forma de vivir, por sus ganas, sus sueños y esa pasión inquebrantable que lo impulsa a seguir cada día.

Fotos: Tribuna 2 / Por: Morena Perez

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