
Ozzy Osbourne, además de ser una de las voces más icónicas del heavy metal, era un apasionado por los fierros.
Desde este martes, Ozzy Osbourne pasó a la eternidad y su obra lo mantendrá vivo. El “Padre del metal”, el “Príncipe de las tinieblas”, o simplemente Ozzy, será recordado por siempre cada vez que suene “Paranoid”, “No more tears” o “Mama, i’m coming home”, entre otros cientos de éxitos, en cualquier lugar del planeta.
Parece mentira que, hace unas semanas nomás, diera su último show en Birmingham, su ciudad natal hace 76 años, con el festival “Back to the Beginning”, al que asistieron artistas como Metallica, Guns N’ Roses, Slayer y Alice in Chains, entre otros, y él cerrara el show con Black Sabbath.
Su voz ya no era la misma y al cuerpo se lo notaba cansado, pero le seguía dando batalla al parkinson, esa enfermedad que lo alejó de los escenarios hace unos años…
Como parte de la promoción de ese megaevento, el fin de semana del 6 de julio, el equipo Meyer Shank Racing (MSR) de Indy Car, pintó el auto de Felix Rosenqvist con la imagen de la leyenda del rock para la carrera de Mid-Ohio. El piloto sueco largó 16° y llegó 6°.





Otra recordado contacto de Osbourne con el automovilismo se dio en el Gran Premio de Canadá 2003 de Fórmula 1, cuando caminó por el paddock y se fotografió con pilotos y leyendas de la categoría.


La colección de Ozzy


Amante de los autos desde muy pequeño, Ozzy sorprendió en los 70’, en pleno auge de Black Sabbath, cuando apareció con un Daimler DS420, una limusina reservada para la aristocracia inglesa pero a la que Ozzy le puso rock al motor Jaguar de 6 cilindros y exprimió los 163 caballos por los caminos cercanos al Palacio de la Reina.
Por el garaje de Ozzy también pasaron un Mercedes W201, un Volvo 265, una Ferrari 458 Italia y, en los últimos tiempos, un Audi R8. Pero al artista se lo veía en el asiento derecho, como acompañante de su esposa Sharon.
Por Fernando Rossetti
