
Matías Forte impidió que los podios en General Belgrano fueran una monomarca de Chevrolet. Con una Dodge fue 3° en la Promocional y va por más.
El paso del Gran Turismo Metropolitano (GTM) por General Belgrano quedó signado por la sombra del Chivo. Los Chevrolet 400 y las Chevy casi que se repartieron los podios, tanto de la Clase mayor como los de la Promocional.
Sin embargo, hubo dos gladiadores que sacaron sus escudos, sus lanzas y se entregaron a la batalla. Jorge Panella hijo, de San Justo, con un Ford en divisional superior, y Matías Forte con una Dodge en la clase menor, cortaron tanto dominio.
Tribuna 2 buscó a uno de los que cortaron “tanta dulzura” como dice el comercial. Forte, piloto de Villa Luzuriaga, quien forma binomio con su padre Walter, fue uno de los responsables para que se viera otra marca en los primeros planos.
Con “El Perla Negra”, así se bautizó a la Dodge, el matancero se metió en el tercer lugar de la primera final de la Promocional, en General Belgrano. Y resultó todo un feliz hallazgo para buscar la paridad en la especialidad. El joven de 28 años tomó la posta en las dos finales a raíz de una imposibilidad de su padre para subirse al auto.
Lo cierto es que en una categoría dominada por los Chivos, el 400 sobre todo, Forte y el Perla Negra metieron la uña para que los podios no fueran monomarca. “No esperábamos llegar tan rápido al podio; fue una sorpresa muy grande”, aseguró Matías. Y reveló una intimidad familiar. “Ese fin de semana, mi abuela Julia cumplió 94 años, y cuando la fui a saludar antes de salir para el autódromo, me dijo: ‘Tráeme un podio’. Me lo pidió y pasó. Fue una locura”, contó con la emoción y la ilusión a flor de piel.


“Fue mi segunda carrera. Si bien en la primera anduvimos muy bien, más que nada en la clasificación, ya que metimos el cuarto tiempo, en esta segunda carrera salimos a girar con la intención de seguir sumando experiencia sobre la Dodge. Pero me encanta que haya sido este el resultado y haber estado en el podio. Así no fue todo de Chevrolet”, afirmó con un cierre de comicidad. Y enseguida aclaró: “Todo esto me lo tomo con mucha tranquilidad para poder seguir aprendiendo”.
Matías no registra experiencia en el automovilismo deportivo antes del GTM, como tampoco su padre. Sin embargo, a los fierros los llevan colgado como gajo de la mano desde siempre.
“Esta es mi primera experiencia. Si bien hace algunos años teníamos un auto para ir a los Track Day, esto no tiene ni punto de comparación, ya que una tracción trasera sobre tierra, significa todo un desafío. Y mi viejo (Walter, de 57 años) tampoco corrió. De todos modos, siempre estuvimos involucrados con el automovilismo a través de nuestros amigos, en Midget, en Procar4000 y en TC Regional. Pero ambos llegamos a GTM sin experiencia en otra categoría”, admitió el de Villa Luzuriaga.
Enseguida asoman los recuerdos de años de peregrinar por autódromos o por donde sonara un motor de competición. “Desde que tengo memoria siempre hubo automovilismo en casa. Nací en el 1997, época en la que el Midget era transmitido por TyC Sports, y hay una imagen de febrero de ese 1997, un mes antes de que naciera, en la que se la ve llegar a mi mamá a la tribuna con la panza a punto de explotar”, contó como para ejemplificar que es una cuestión de genes.
La dinastía de la Pentaestrella

En la charla en que poco a poco se van aflojando tensiones y las ganas de hablar empiezan a desbordar, Matías dio cuenta de la razón que lo llevó, junto a su padre, a subirse a una Dodge. Y allí surge la dinastía, una cuestión de descendencia, de tributo a los mayores.
“Dodge es algo muy especial, principalmente para mi papá. Porque es fanático de la marca, algo que heredó de su padre, es decir de mi abuelo Héctor. Perdió a su padre cuando era muy chico y creo que ese es el mejor sentimiento que hoy uno puede sentir”, aseguró en recuerdo a su abuelo.
Para entender qué representa para esa familia la marca de la Pentaestrella, Matías exhibió una foto del Perla Negra. “Por todo esto es que el auto tiene una mención la cual dice: ‘Cumplí tu sueño viejo’”, contó en referencia al sentimiento de su padre con su abuelo.
“El Perla Negra” no es otra cosa que una GTX, que adquirieron el año pasado y que ya vino bautizada. En pista se van conociendo y sobre ello, el matancero comentó: “Tener un Dodge me juega a favor, porque al no haber muchas, se acerca mucha gente y te pregunta: ‘¿Es un Slant Six?’ (motor de seis cilindros) y no lo pueden creer”, afirmó y agregó: “En estas dos carreras hasta tuvimos el apoyo de la hinchada de Dodge, algo inolvidable”.
También se prendió en la charla para apuntar el lado flaco. “Quizás me juegan en contra las limitaciones a la hora de hacer los rebajes, sobre todo por tener ese motor. Pero al mismo tiempo tiene muchas virtudes, como, por caso, mucho más torque a bajas vueltas”, expresó.
Matías Forte es uno de los “nuevitos” que deben cosechar conocimientos, aunque en este puñado de carreras ya empezó el aprendizaje acelerado. “Las sensaciones son mucho más de lo que esperaba. De hecho, una de las cosas que más me llamó la atención es ver toda la gente que se acerca y que te da su apoyo, que estamos en familia, juntos y compartiendo. Es lo máximo al ciento por ciento”, destacó.
Claro que él acelera, como lo hará su padre cuando sea su turno, pero abajo del Dodge hay un grupo de seres humanos que le inyectan el combustible para seguir. “Les tengo que agradecer a toda mi familia, a mi viejo, a mi mamá, que son los pilares de todo; a mi novia, mis hermanas, Checho, Carlitos Pérez (NdeR: reapareció en la categoría con un Chevrolet 400), Viruta y Maxi, Demasled, Chillar Imágenes, CarsssF1, Carpaint y Alineación Torre Fuerte”.
Los Forte están llamados a ser los escuderos de Dodge en el GTM. “El Perla Negra” buscará navegar en aguas mansas bajo el timón de Matías y de Walter.
