Efemérides

Guido Falaschi: el Príncipe del TC

Se cumplen 14 años de la muerte de Guido Falaschi en el autódromo de Balcarce. La vida del santafesino se apagó en un tremendo accidente.

Existen sitios que llevan consigo un significado especial. El autódromo de Balcarce, enclavado al pie de la sierra La Barrosa, fue hasta un puñado de años atrás un bastión, casi el patio de su casa, para el Turismo Carretera. Sin embargo, desde 2011 quedó en el ostracismo y tristemente recordado por el accidente que se llevó la vida de Guido Falaschi y que hoy sigue doliendo.

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Era un finde más del TC, en uno de sus hábitats predilectos, por lo natural de la geografía y por la historia, en donde viven enormes carreras sobre ese dibujo bonaerense. Sin embargo, aquella penúltima fecha de la Copa de Oro empezó torcida y ya se notaba la incomodidad. Algo, un tufillo raro había quedado flotando…

La fatalidad se metió en el camino el 13 de noviembre, pero el viernes 11 apareció una señal. Claro que esto dicho con el diario del lunes bajo el brazo, aunque, de todos modos, fue para prestarle atención. Porque Agustín Canapino -sí, el mismo que hoy está más cerca que nadie del título 2025 del TC- vio cómo la tragedia pasaba cerca suyo, pero le permitió contarla.

El “Titán” voló con su Chevrolet a unos de 250 km/h en la recta principal. Cuando estaba por negociar la primera curva, los frenos no se accionaron, el Chivo siguió derecho y cayó por una suerte de acantilado, afuera del autódromo. El milagro hizo que el piloto de Arrecifes saliera ileso de semejante golpe, con sólo algunos magullones.

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Sin embargo, en la carrera del domingo, Guido Falaschi fue esquivado por la fortuna. Su muerte terminó en la Justicia, que determinó fallas en la implementación de la seguridad en pista. A raíz de eso, se condenó a la ACTC en el juicio por daños y perjuicios que inició la madre del piloto fallecido.

En la mayoría de los hogares era momento de almuerzo o, en su defecto, la sobremesa. El asado, los ravioles, el estofado o lo que hubiera en la olla o parrilla, quedó atragantado. No había paso fluido. Si hoy todavía replican en las retinas aquellos autos rebotando contra las objetadas defensas, el regreso a la pista y las temerosas colisiones, como un puñal clavado en el corazón fierrero.

El golpe

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Faltaban dos vueltas para el epílogo. Mauro Giallombardo mandaba con su Ford, pero pegadito venía el Falcon del Príncipe. A la salida del puente aparecieron banderas azules en señal de la presencia de un auto rezagado; se trataba de la Dodge de Leonel Larrauri. En ese sector, el de Granadero Baigorria pisó el cemento que cubría una mancha de aceite, el auto se le fue y se pegó contra unos muñecos de goma. Según los peritajes esos elementos no estaban bien ensamblados, y así no permitió amortiguar el golpe. Por ello, la Dodge fue impulsada otra vez hacia el medio de la pista. Era el principio del fin.

Giallombardo pudo esquivar a Larrauri, pero Falaschi se lo comió, su Ford impactó contra los muñecos de gomas y también volvió a la cinta asfáltica cruzado. Allí recibió dos topetazos: Guillermo Ortelli, primero, no logró esquivarlo y le dio de costado en la parte delantera; pero enseguida, ya en medio del polvo diseminado en el aire y que tornaba nula la visión, el Torino de Néstor Girolami fue de lleno con su trompa en el medio del lateral derecho del verde Falcon.

El piloto de Las Parejas recibió la atención del servicio médico de la ACTC y sin pérdida de tiempo fue trasladado al Hospital de Balcarce. Allí, se apagó la vida de Guido Falaschi, según el reporte oficial, tras 40 minutos de reanimación a causa de una fractura en la base del cráneo, aunque también presentaba una contusión pulmonar y golpes en la cadera y piernas. Allí, el TC sufría lo que es hasta el momento es la última muerte en pista de un piloto.

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Con todas las ganas

Guido Falaschi se había clasificado para la Copa de Oro del TC, pero por una sanción (por un toque a Diego Aventin en Paraná), debió ausentarse de las dos primeras fechas de los playoffs. El regreso era Balcarce, en donde necesitaba pelear por la victoria.

Se quedó con la pole y con el récord del circuito principal del “Juan Manuel Fangio” de Balcarce, que  incluye la chicana. En la final tenía la victoria al alcance de la mano, pero antes de que implementara el último ataque sobre Mauro Giallombardo, la tragedia se encargó de impedirlo.

Corta y rica carrera

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Con 22 años (1 de octubre de 1989), Guido Falaschi era parte de una generación que venía para renovar la categoría. Por caso, eran contemporáneos con Agustín Canapino, y supo qué representaba ser campeón con el título de Top Race V6 en 2010, mientras que en el año de su partida también había logrado su primer triunfo en el TC.

Claro que el salto de calidad lo dio desde la Fórmula Renault Argentina, en donde logró el título 2008. Más adelante, y ya consustanciado con los autos con techo, logró ser subcampeón del TC Pista, telonera del TC, y también fue parte del TC2000.

Su perfil de piloto veloz y picante lo puso en las primeros planos del automovilismo argentino. Por ello, en 2009, debutó en el TC y el 7 de agosto de 2011, el santafesino obtuvo su primera y única victoria en la categoría, que se le dio en el autódromo “Eusebio Marcilla” de Junín.

Fue parte del equipo HAZ Racing Team en el TC, que era propiedad del empresario Fernando Hidalgo. Ante la muerte del Príncipe y de los interrogantes abiertos sobre su muerte, el equipo se disolvió. “El HAZ murió con Falaschi”, deslizó en aquel momento el empresario. De todos modos, más tarde, formó otra escudería con la base del HAZ, pero que fue pensaba como un homenaje a Guido. Así ese equipo fue bautizado como “PSG-16 Team”. Tal sigla refiere: “Por Siempre Guido”, más el número 16, el último número que utilizó Falaschi en el Ford Falcon.

Tras aquel luctuoso domingo, el “Juan Manuel Fangio” fue cerrado y quedó casi en estado de abandono durante varios años. Hoy se habla de una posible vuelta a los calendarios top, tras reformas implementadas desde hace varios años.

El Príncipe era hijo único, cada fin de semana aparecía acompañado por su padres (Graciela y Héctor). Al pie de la sierra La Barrosa aquella sonrisa luminosa, que era una de sus propiedades indiscutibles, se apagó.

Aquel 13 de noviembre, el almuerzo dominguero perdió su esencia, se transformó en un pedazo de caucho imposible de masticar y de digerir. La vida, o vaya a saber qué, quiso que un Príncipe se fuera sin haber podido ser Rey. Sin embargo, sigue siendo el Príncipe del TC.

Osvaldo ALVAREZ
Por Osvaldo ÁLVAREZ
Fotos Jorge MARCHESIN
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