
El Gran Premio de Miami dejó las primeras señales de cambio en la temporada. McLaren y Red Bull comenzaron a recuperarse, mientras que Mercedes mostró limitaciones sin nuevas mejoras. Alpine, el mejor del resto.
Transcurrido el Gran Premio de Miami, ya se puede empezar a desglosar lo ocurrido. El espectáculo brindado en Estados Unidos puede considerarse un rayo de esperanza, sobre todo en comparación con los tres primeros Grand Prix de la temporada. Y no precisamente porque Miami cumpla un rol destacado como circuito —de hecho, no es algo que lo caracterice—, sino más bien por una cuestión circunstancial.
Dada la actualidad de la Fórmula 1, el pasado Gran Premio de Miami fue el primero que permitió ver, aunque sea por momentos, más a los pilotos que a las máquinas.
Lo interesante es que no existe una tendencia clara. Mercedes parecía ser el equipo dominante; McLaren ni siquiera contaba con la fiabilidad necesaria para competir, y Red Bull apenas lograba meterse dentro del Top 10. De Ferrari se esperaba algo más: tal vez que fuera el equipo capaz de plantarse frente a la escudería alemana. Pero entonces, ¿qué dicen realmente los hechos?

La realidad parece indicar otra cosa. Miami expuso, quizás por primera vez en la temporada, que la diferencia entre las escuderías comenzó a reducirse. Mercedes continúa siendo el punto de referencia, aunque ya no con la comodidad que había demostrado en las primeras fechas del campeonato.
Y hay un detalle que no pasa desapercibido: mientras la mayoría de los equipos aprovechó el último mes para introducir una importante cantidad de mejoras aerodinámicas y mecánicas, Mercedes fue una de las escuderías que menos modificaciones llevó a Miami. El equipo alemán apostó por mantener la base del W17, mientras que el resto se vio prácticamente obligado a evolucionar para recortar distancia.
Pero si hubo un equipo que realmente logró capitalizar esas mejoras fue McLaren. Del vigente campeón del mundo se esperaba una reacción y Miami pareció confirmar exactamente eso. La escudería británica volvió a mostrar capacidad para evolucionar el monoplaza a medida que avanza la temporada, algo que ya había demostrado en años anteriores.
El salto de rendimiento fue evidente. McLaren pasó de ni siquiera poder participar con normalidad en los primeros Grandes Premios de la temporada a volver a pelear en la parte alta de la parrilla. Los problemas de fiabilidad que habían condicionado completamente el inicio del campeonato parecieron quedar atrás en Miami, donde el equipo británico mostró, por primera vez en el año, un monoplaza realmente competitivo durante todo el fin de semana.El equipo britanico ha demostrado históricamente que cuando encuentra el rumbo de desarrollo, suele sostenerlo durante gran parte de la temporada.
Sin embargo, Miami también volvió a dejar expuesta una característica que Mercedes arrastra desde hace varias temporadas: el ADN favorecedor en temperaturas bajas. El calor y la humedad de Florida puso a Mercedes en circunstancias desfavorecedoras que afectaron al equipo, especialmente a George Russell. El británico, que es apodado recurrentemente como “Mr. Consistencia”, jamás logró encontrar ritmo en carrera. Terminó a más de 43 segundos de Kimi Antonelli y, aun teniendo aire limpio durante gran parte de la competencia, nunca consiguió mejorar sus tiempos de manera significativa. El contraste no deja de llamar la atención. O Antonelli realmente está mostrando condiciones de prodigio, o Russell todavía no logra entender completamente el comportamiento del W17 en determinadas condiciones.

Del lado de Red Bull también comenzaron a aparecer señales positivas. Max Verstappen logró encontrar ritmo en clasificación, algo que parecía prácticamente imposible durante los primeros Grandes Premios de la temporada. El RB22 mostró una mejora considerable a una vuelta y permitió volver a pelear en los puestos de adelante, lo que le permitió acomodarse en el segundo lugar para la largada. Sin embargo, Verstappen perdió el auto tras un toque con Lewis Hamilton en las primeras vueltas y cayó hasta la décima posición. A partir de ese momento, el neerlandés pasó a depender de la estrategia.
Más adelante llegó el accidente de Isack Hadjar, provocado por un error propio en una curva relativamente lenta. Red Bull aprovechó ese momento para utilizar los neumáticos duros e intentar llegar hasta el final. Sin embargo, el compuesto no logró ofrecer el rendimiento esperado. De cualquier manera, Verstappen consiguió optimizar el paquete de mejoras y recuperar terreno hasta finalizar quinto. Un resultado que, hace apenas algunos Grandes Premios, parecía imposible para la escudería austríaca.
Ferrari continúa siendo probablemente la incógnita más grande de toda la parrilla. Durante el inicio de la temporada parecía mantenerse relativamente cerca de Mercedes. En Australia, Leclerc terminó tercero y Hamilton cuarto. En China, Hamilton finalizó tercero y Leclerc cuarto. Y en Japón, nuevamente el monegasco logró subir al podio mientras el británico terminó sexto.
Pero Miami mostró una realidad completamente distinta. Hamilton finalizó sexto y Leclerc apenas pudo terminar octavo, dejando la sensación de que Ferrari comenzó a quedarse atrás en cuanto al desarrollo del monoplaza.
La situación empeoró todavía más sobre la última vuelta de la carrera, cuando Leclerc perdió el control del auto y dañó la transmisión. A pesar de eso, Ferrari decidió mantenerlo en pista hasta el final, algo extremadamente riesgoso teniendo en cuenta el estado del monoplaza. Posteriormente, el monegasco recibió una penalización de 20 segundos por Drive Through, sanción que terminó beneficiando directamente a Franco Colapinto, quien avanzó hasta la séptima posición final –originalmente octava–.
Y justamente Alpine aparece hoy como el mejor del resto. Tanto Pierre Gasly como Franco Colapinto volvieron a mostrar solidez, aunque en Miami fue el argentino quien logró optimizar mejor el rendimiento del auto. Colapinto disputó el fin de semana con la versión sin mejoras del monoplaza, mientras que Gasly fue el encargado de probar el nuevo paquete aerodinámico. Sin embargo, los resultados no acompañaron al francés. Un fallo en la transmisión del auto de Liam Lawson provocó el accidente que terminó dejando a Gasly fuera de carrera luego de impactar contra los muros.
Miami probablemente no haya sido la carrera más espectacular del año, pero sí la más importante hasta el momento. Por primera vez en la temporada, las mejoras comenzaron a modificar el orden de la parrilla y dejaron en evidencia que la diferencia entre los equipos ya no parece tan marcada. Es muy pronto para intentar encontrar una tendencia, ya que la propia evolución de las escuderías irá estabilizando el campeonato. Con Canadá en puerta, indica un buen rumbo que los resultados sean al menos un poco impredecibles.
Fotos: formula1.com / Por Keila Yegros – Tribuna 2






