
El “Gaucho” Martínez Boero fue campeón del TC en 1982, con un Ford del Automóvil Club Quilmes, con el cual ganó por última vez hace 41 años.
A nadie escapa que el Turismo Carretera ha puesto, y sigue poniendo, en lo más alto a pilotos llenos de talento, virtuosismo y carisma. Los nombres, los apodos, los apellidos, las historias se caen de los bolsillos, que no alcanzan a evitar que se derrame semejante volumen histórico.
La elección de Tribuna 2 no es una elección que vaya de la mano del capricho, sino que parte de logros que siempre viene bien recordarlos para que las nuevas generaciones se empapen de esa estirpe cobijada por los años. Jorge Martínez Boero. ¿Le suena? Seguramente a aquellos cincuentones o más, sí que les aparece la foto de un piloto afable, campechano, de grandes virtudes arriba y debajo del auto.
Días atrás, se cumplieron 41 años de su último triunfo en el TC, que coincidió con el título de Roberto José Mouras. El escenario semiparmanente Benedicto Campos, de Necochea, no fue una fecha más de aquel 1984. Se trataba de la definición de la temporada, que arrancaba con dureza, puesto que el Toro Mouras se accidentó.

El vigente campeón había movido desde la primera fila junto a Jorge Martínez Boero (campeón 1982), pero aparecieron problemas en la dirección, el Toro cayó a una hondonada. En definitiva, se trató sólo un gran susto, mientras que el Gaucho de Bolívar con su Ford agarró la punta y no la largo más.
Así se gestaba la última victoria de Martínez Boero en el TC, mientras que el podio lo completaron Oscar Castellano (Dodge) y el Vasco, Jorge Oyhanart (Ford). En tanto, más atrás se encolumnaron Ángel Di Nezio (Ford), Edgardo Caparrós (Dodge), Oscar Aventín (Dodge), Pedro Doumic (Dodge), René Ducret (Ford), Mariano Calamante (Chevrolet) y José Luis Paolucci (Dodge).
Fue de aquí y fue de allá

Su historia es toda un sinuoso interesante. Porteño de nacimiento (23 de mayo de 1937), pero se instaló años más tarde en La Plata para estudiar medicina y de paso se hizo hincha de Estudiantes. Su vida siguió en el campo, puesto que se afincó en el campo familiar de Bolívar. En la Ciudad de Dardo Rocha había desarrollado la pasión por el fútbol y en Bolívar le dio rienda suelta a su otra pasión, el automovilismo.
Fue así que en septiembre de 1967 debutó en el TC, con un Chevrolet en la Vuelta de Olavarría, en donde culminó en el décimo puesto. Más tarde, Martínez Boero se sumó al equipo semioficial de la Comisión de Concesionarios con un Chevrolet 400, bajo la órbita de Omar Wilke y Jorge Pedersoli. A mediados de los 70 se había afianzado de tal modo que en 1974 le peleó mano a mano el campeonato nada menos que a los Ford oficiales de Héctor Luis Gradassi y Juan María Traverso, para finalizar tercero en esa temporada.
Campeón de TC y de la vida
Eran épocas de duras batallas entre Roberto Mouras, Oscar Aventín, Oscar Castellano y Emilio Satriano. Pero, dos años antes, allá por el 5 de diciembre de 1982, el Gaucho de Bolívar estampaba su nombre con letras de gala en el automovilismo criollo, porque se consagraba campeón del Turismo Carretera.
El golpe de la enfermedad y fallecimiento de su hija Paula lo alejó del mundo de los fierros y recién en la década del 80 volvió a través de una propuesta del Quilmes Automóvil Club (QAC). Así, en 1981 se subió a un Ford Falcon construido por Mario Di Pietro y Roberto Monllor, mientras que en los motores contaron con el asesoramiento del Polaco José Miguel Herceg.
Entonces, en 1982, luchó contras tremendas figuras de la época, como Oscar y Antonio Aventin (ambos con Dodge), Roberto Mouras (Dodge), Oscar Castellano (Dodge), Emilio Satriano (Chevrolet) y el Jhonny De Benedictis (Dodge). Quizás no estaba en los planes de muchos, pero Martínez Boero se llevó el título con cinco victorias: Tandil, Olavarría, Buenos Aires y dos en San Miguel del Monte. En tanto, el Puma Aventín fue subcampeón y Satriano finalizó tercero. Era campeón del TC, pero sobre todo, de la vida.
Tras la consagración, el Gaucho Martínez Boero pintó el 1 en 1983, lo defendió en pista, pero no le alcanzó para evitar que Roberto Mouras lograra el primero de los tres títulos que lograría en forma consecutiva.

En 1984 se ubicó tercero en el campeonato, al año siguiente cambió de marca para subirse a un Dodge, y fue su última temporada en el TC. Así, redondeó 180 carreras, con ganó 10 triunfos (dos con Chevrolet y ocho con Ford).
A pesar del tiempo transcurrido, la figura de Jorge Martínez Boero se enalteció por los logros alcanzados en una era en la que coincidió con verdaderos “monstruos” del TC. Alcanzó la gloria cuando fue campeón luego de su regreso tras el doloroso trance familiar que debió soportar.

Su perfil bajo y su sencillez representaron una de las grandes condiciones que lo pusieron en el corazón del TC. Alejado de las suntuosidades, el Gaucho de Bolívar -apodado que responde a su costumbre de usar bombachas de campo- aparecía en los escenarios de carrera en su Citroën 3CV, que estacionaba al lado de autos de alta gama de la época. Y nunca se sintió menos, quizás porque todo lo vivía con pasión y naturalidad, porque correr y contar historias eran dos de sus grandes habilidades.
Desde el 11 de junio de 2004 descansa en el cementerio de su ciudad adoptiva, Bolívar, en donde aquella figura se mantiene inalterable en el recuerdo de quienes lo vieron acelerando en una pista.









