
Ernesto Bessone tiene motivos para celebrar en noviembre. En 1985 fue su primer triunfo en el TC2000, con una Fuego; y en 1996, el título de campeón.
La vasta carrera en el automovilismo ha dejado mojones en todo tiempo para Ernesto Bessone, pero el mes de noviembre guarda algo especial en el recuerdo del piloto de Mataderos.
Si bien trascendió en cuanta categoría de autos con techo existe o existió, el TC2000 fue el hábitat en el que mejor se desempeñó. Es como que siempre se sintió cómodo, como el pez en el agua. Lo cierto es que esta semana es de efemérides, porque hay para festejar y/o recordar aniversarios por partida doble: su primera victoria, en 1985, y su único título, allá por 1996, ambos en la categoría.
Un 24 de noviembre de 1985, Tito Bessone provocó el primer llamado de atención. Porque en el veloz trazado del autódromo General San Martín de Las Flores, de 3.739 metros de cuerda, hizo doblete. Es que le dio forma a su primera victoria en el TC2000 y, al mismo tiempo, hacía que una cupé Fuego, el modelo más exitoso que compitió en la especialidad, se estrenara como ganador.
En aquel fin de semana, Tito sorprendió desde temprano en Las Flores, ya que en la tanda de clasificación peleó mano a mano en los relojes con Juan María Traverso. Lo cierto es que el domingo, la Fuego negra fue el punto de referencia de lo que fue una gran carrera. Bessone movió desde el cuarto cajón, detrás del Flaco, Rodolfo Zuain, (ambos con Renault) y Mario Gayraud con Ford Sierra.

No tardó demasiado en acaparar el liderazgo de la carrera a través de un ritmo incesante. El de Mataderos supo soportar al local, Jorge Emilio Serafín, que buscaba ganar en su casa. Aquella Fuego negra no dejó espacios para nadie y así Serafin y Mario Gayraud completaron el podio.
Se trató de una jornada épica que quedó grabada en los libros. Porque Bessone inscribía su nombre en la lista de ganadores por primera vez en el TC 2000, pero además había otro significado: tenía el honor de haber forjado el primer triunfo del que sería el modelo más exitoso de la especialidad.
Sin embargo, tras aquella victoria se enhebró otra historia: la que tuvo como centro de escena a la cupé Fuego. Es que luego de esa carrera en Las Flores, el auto quedó en el olvido y hasta se dijo que salió indemne de un incendio. Pero, un día irrumpieron los hermanos Medina. Estos fanáticos y artesanos restauraron la Fuego en cuestión, que fue presentada públicamente hace poco tiempo.
El titulo

La Bessonemanía de noviembre se formó con otro logro, aunque hubo que esperar once años exactamente. Y tuvo que ver con la obtención del título del campeonato 1996 del TC2000. Se trató del único halago de esa índole para Tito en la categoría, en la que quedó emparentado con Ford, a pesar de que arriba de una Renault Fuego había forjado su primera vez.
El autódromo Mar y Valle de Trelew fue el escenario de la penúltima fecha de la temporada 96. En medio de la aridez patagónica Juan María Traverso, con un Peugeot 405 se quedó con la carrera, mientras que Ernesto Bessone, con un Ford Escort Ghia, se apropió del 1 a través de arribar en cuarto término a la bandera de cuadros.
El Gurí Omar Martínez, con Renault 19, y el Yoyo Guillermo Maldonado, con VW Pointer, completaron el podio. Luego, lo dicho, Tito Bessone finalizó cuarto y detrás siguieron Pablo Peón, con Ford Escort y Rafael Verna, a bordo de un Ford Escort XR3.
Tito cosechó 146 puntos en ese año deportivo, contra los 129 del Flaco y 125 del Gurí. El capitalino logró cuatro victorias: Mendoza, Paraná, Río IV y Posadas; siete podios: además de los triunfos, se sumaron 3° en Rosario, 2° en Río Cuarto I y en San Juan. Pero además fue el más rápido tres veces en las tandas de clasificación: las dos visitas a Río Cuarto (además en ambas ocasiones clavó el récord de vuelta) y Posadas.

Era el soñado y lo alcanzó en 1996. Fue el único del TC 2000 y reviste un significado único para Tito Bessone, el gran defensor de Ford en la categoría, con la que tiene una identificación especial. Pero en su carrera también supo ser campeón en el TC (2003), en Turismo Nacional (2003), en el Club Argentino de Pilotos (1983 y 1984), en Supercart (1995) y en Top Race (2004).
Tito Bessone es dueño de marcas “5 estrellas” en el TC 2000. Fueron 264 carreras, de las que ganó 28: 16 con Ford Sierra, nueve con Ford Escort, dos con Chrysler Neon y una con Renault Fuego; completó con 25 pole y 31 récord de vuelta. Y en 1996, lo dicho, fue campeón con Ford Escort.
El TC, en tanto, constituyó otro lugar en el que se sintió como en casa. Allí, fueron 173 carreras, con 26 podios; nueve triunfos, cuatro con Ford Falcon y cinco con Dodge-Cherokee); enhebró media docena de pole position y el doble de récord de vuelta.
En el TC, Tito Bessone debutó con triunfo el 22 de diciembre de 1985 en el autódromo Oscar y Juan Gálvez, de Buenos Aires. Y el círculo fue perfecto porque se dio arriba de un Ford Falcon, el de Felipe Salgado, que tenía fierros del Polaco José Miguel Herceg.
Pero el título no se le dio con su gran amor, sino que lo alcanzó en 2003 con Dodge Cherokee.
Antes del TC2000 y del TC, el paso del piloto de Mataderos por el automovilismo se inició en el Turismo Nacional, con Peugeot en 1979, y luego cambió a Fiat. Su estreno absoluto en el TC 2000 se dio justamente en Las Flores, allá por 1982, a bordo de un Dodge 1500 que le alquiló al Loco Luis Rubén Di Palma.
Después vino la época del Club Argentino de Pilotos (CAP), en la que guió un Datsun 280 ZX, con el que fue campeón en 1983 y 1984. Y esto le valió afianzarse como piloto.
Así fue que desde Ford le “echaron el ojo”, lo vieron como el referente que faltaba. Así, desde 1986 defendió al Ovalo arriba de un Ford Sierra, pero el Escort lo depositó en lo más alto en 1996. Más tarde se unió a Chrysler, para en 1998 acelerar un Neón.
Por todo lo marcado, por su manejo y su ascendencia en el hincha, sobre todo del Ovalo, Tito Bessone está entre los principales íconos de nuestro automovilismo. Es que transitó por una galería glamorosa, junto a rivales y colegas intachables, como Juan María Traverso, Luis Rubén Di Palma, Cocho López, Guillermo Ortelli y Omar Martínez, entre otros.
Ganó y perdió, pero la sapiencia para manejar y sacarle el juego a un auto de competición emergió como una de sus grandes cualidades. No importó la marca, de hecho se impuso con la Fuego o con el Escort, pero si era Ford, mucho mejor.









