
El Pupi Oscar Angeletti fue uno de los referentes de los dorados 90 del Turismo Carretera. Salvó su vida en un accidente en Santa Teresita, pero debió abandonar la actividad.
Hay pilotos que pasan sin dejar marcas, en cambio otros perduran en el inconsciente colectivo. En este último grupo, los hay quienes son catapultados a la fama por enormes triunfos y epopeyas, y otros, en cambio, con menos, o con poco, están intactos en la memoria de quienes los vieron o de aquellos a los que sus mayores les contaron. Y si uno dice, o escribe, Oscar Angeletti se remonta a una época de oro del Turismo Carretera.
El Pupi, de recorrido corto pero de mucha riqueza, pudo haber logrado mucho más en el automovilismo, si no hubiese sido que en el camino se le cruzó un serio accidente en la Vuelta de Santa Teresita -aquella que abría la temporada-. Salvó su vida, para muchos todo un milagro, pero el costo fue olvidarse del casco. A pesar del “palo” la carrera npo se detuvo y la victoria quedó en poder de “Jhonny” De Benedictis.
Ocurrió un 18 de febrero en la Ruta Interbalnearia cuando el TC ponía primera en la temporada 1990 y la ruta era su hábitat natural. Era el debut sobre un Falcon al que se había subido luego del novedoso y exitoso Fairlane, también de la terminal de General Pacheco. Significaba casi el sueño del pibe, es decir aquello que se suele postear como el “sueño cumplido”.
En la ciudad balnearia, cuando la temporada vacacional estaba en su plenitud, el TC se unía a la movida. Se disputaba el Premio Homenaje al recordado periodista especializado en automovilismo, Alberto Hugo Cando.
La botella de champagne, el faso entre los dedos y el pañuelo al cuello eran marcas inconfundibles del Pupi en el podio. Algo así como un clásico, casi una costumbre, una cábala. Fueron tres temporadas con Dodge; en el 86 festejó el campeonato, que lo etiquetó como un referente teceísta. Tras el subcampeonato de1988 quedó en la historia grande por una valiente decisión, como lo fue competir con uno de los autos más emblemáticos del TC, el Ford Firlane, con el que repitió subcampeonato.
A bordo del “Trasatlántico” logró cuatro victorias y sólo no pudo con Oscar Castellano, que se quedó con el 1, en aquella recordada carrera en Tandil cuando ganó en tres ruedas. Lo cierto es que las prestaciones del Farline, que llevaba motor de Falcon, hicieron tanto ruido que la ACTC le bajó el pulgar a ese modelo del Ovalo para el 90. Ante ello, sin perder tiempo armó un Ford Falcon, que debutó en el “Triangulo del Tuyú”, Santa Teresita.
Trabajo contrareloj
En el taller de Burzaco se trabajó sobre aquel Ford Falcon hasta un día antes de encarar la ruta hacia el partido de La Costa. Antes de llegar a destino hubo una prueba en Oliden, localidad ubicada sobre la ruta 36 y perteneciente al partido de Brandsen. El equipo recibió buenas noticias del auto, cuyos tiempos decían que había chances de ganar, como si fuera con el “prohibido” Fairlane.
En realidad, representaba la oportunidad que Oscar Angeletti buscaba para demostrarle a la ACTC que no importaba el auto, que el piloto era el que tenía mayor preponderancia. El Pupi estaba herido por la decisión que se había tomado contra su auto anterior. Por ello quería poner blanco sobre negro y a puro acelerador. “Era la primera del año y yo quería demostrarle a todo el mundo que también podía ganar con un Falcon”, confesó el propio piloto al referirse a aquellas circunstancias.
Lo cierto es que el Ford era demoledor en el semipermanente Triángulo del Tuyú. Se impuso en la segunda serie (fueron tres) y en la final venía al frente del clasificador. Todo indicaba que el piloto de Burzaco se iba derecho a abrazarse con su primer triunfo con el modelo referente de Ford. Sin embargo, la moneda se dio vuelta en el aire y todo cambió.

Testigos oculares de la escena, por un lado, dieron cuenta que el Ford de Oscar Angeletti salió desacomodado a la recta y se estrelló contra un talud de tierra y la columna de alumbrado. La trompa quedó clavada en el metal, por unos instantes y con las ruedas traseras en aire, hasta que se calzó sobre las cuatro cubiertas.
Dentro del habitáculo se podía observar que la barra de la dirección había sido arrancada y torcionada por el golpe, que había producido que el motor se desplazara hacia atrás, mientras que el volante lucía absolutamente deformado.
A su vez, la campana del propio Angeletti, años después de lo ocurrido, fue diferente. Habló de una fallida maniobra de Spinella en la recta principal, que hizo que se le cruzara el auto y el Pupi en el intento por esquivarlo dio de lleno en el talud que cubría parte de una columna de alumbrado público, en la que el Ford terminó dando de lleno.
Más allá de algunos detalles en la reconstrucción de la historia, lo cierto fue que se trataba de un escenario, en el que Angeletti y su copiloto Tito Garín, quedaron sumamente magullados. La cabeza del piloto de Burzaco había dado de lleno contra el volante y parte de la barra de dirección y la butaca del acompañante había salido también de su espacio.
Con premura ambos fueron trasladados en ambulancia a un centro asistencial cercano. A raíz de la gravedad del cuadro de los heridos, se decidió el traslado en helicóptero a la ciudad de Buenos Aires, en donde quedaron internados en el Sanatorio Güemes.
El Pupi Angeletti presentaba un traumatismo de cráneo severo y un traumatismo en el ojo izquierdo, además de una lesión en la médula, mientras que Garín estaba delicado y sin conocimiento.
Casi una semana después pudo dejar el sector de cuidados intensivos para darle inicio a una larga recuperación. Las consecuencias perduraron en el ojo izquierdo, del que había perdido la visión y que las operaciones que se le practicaron no lograron recuperarlo.

Debió mentalizarte en que había salido de las pistas. Eso ya no podía ser. Se fue alejando de a poco de ese mundillo y, paralelamente, se puso a trabajar de lleno con los aceros, en la fábrica que había fundado su padre, Francisco Angeletti, ex jugador de Boca y de la Selección argentina.
Tenía 42 años cuando aquel accidente lo separó de una de sus grandes pasiones. Apenas pudo acelerar durante ocho años, desde sus inicios en los zonales (Cuarto de Milla y TC Bonaerense, 82 y 83).
Obtuvo el título en el Cuarto de Milla, en 1982, mientras que en esa carrera vertiginosa lo llevó al TC. Es que debutó el 19 agosto de 1984, en el Juan Manuel Fangio de Balcarce con una Dodge. Todo lo que hacía era a gran velocidad y así llegó rápido a la gloria. Porque en 1986 con un Dodge, que atendían Rubén Berdejo y Néstor Fernández, y fierros de Tato Ferrea, se consagró campeón.
Desde Tribuna2 se buscó recordar a un piloto que dejó un recuerdo imborrable en una época marcada por el romanticismo y el folklore del TC en la ruta, Se trató de un piloto al que le bastaron pocos años para trascender y perdurar en la memoria de todos. Quizás allí se emplace el mayor éxito de un Pupi Oscar Angeletti, quien se definía como un perseguidor de sueños. Y los pudo cazar a su manera.
Fotos: Solo TC – Clarin / Por: Osvaldo Álvarez









