
Con más de 500 carreras, el piloto del Turismo 4000 sigue vigente gracias a su esfuerzo, convicción y amor por el automovilismo.
Hablar de Andrés Kechichian es hablar de una vida atravesada por el automovilismo, pero también por el trabajo, la constancia y una profunda vocación por hacer lo que ama. Nacido un 13 de febrero, hijo de Agop Kechichian y Nelly Da Prada, Andrés construyó su camino a base de esfuerzo propio, con una historia de sacrificios, talento y una identidad marcada por sus raíces armenias.
Único hijo y padre de dos hijos —Andrés Emir y Andrés Luciano—, su historia en el deporte motor no comenzó de manera sencilla. “Yo cuando tenía las posibilidades, porque el talento nace con uno, pero no tenía medios para cuando yo era muy joven, no tenía medios para poder meterme en el automovilismo”, recuerda. Recién con el paso del tiempo y una mayor estabilidad económica pudo iniciar un recorrido que lo llevaría a convertirse en protagonista de distintas categorías.
Sus primeros pasos fueron en el automovilismo regional del Comahue, en General Roca, Río Negro, donde llegó por cuestiones laborales vinculadas a la actividad frutícola. Allí empezó a correr, aunque no sin obstáculos: “Y ahí empecé a correr hasta que me agarró mi viejo y me rompió todo los huesos. No quería que corriera”. Sin embargo, la pasión fue más fuerte y desde 1980 comenzó su trayectoria de manera firme.
A lo largo de los años, Kechichian transitó diversas categorías. Pasó por el Turismo Nacional con un Peugeot 404, compitió en zonales y “Fui protagonista y creador también del stock car, que hoy es el Procar. Soy fundador de esa categoría junto a otros muchachos”, destaca con orgullo.
Su paso por el Turismo Carretera no fue menor: disputó 69 competencias en la categoría más emblemática del país y más antigua del mundo, siempre a bordo de Chevrolet. “Siempre con Chevrolet. El auto no era mío, era el de la espumita quilmeña y yo era el piloto”. En una época de altísimo nivel, compartió pista con nombres que marcaron una era: “Mis rivales, los que estaban en la punta. Mouras, Castellano, Di Palma, el ‘Chueco’ Romero, Aventín todos los de la época del 90 que no ganaba uno solo”. Un contexto competitivo donde no había margen y donde cada resultado tenía un valor enorme, consolidando su lugar entre pilotos de gran jerarquía. Kechichian sostiene una mirada que pone en valor la esencia del deporte: “Yo creo que el automovilismo es uno solo y cuando uno va ascendiendo de categorías

zonales y llega a una categoría profesional, como el TC, ya te recibiste de piloto profesional”.
Actualmente, Andrés continúa su camino en el Turismo 4000 Argentino dentro del equipo Luna Carrera Team, un espacio que marcó un punto de inflexión en su presente deportivo. Con motores preparados por Marcelo “El Perro” Suárez, compartiendo estructura con Agustín Suárez, Andrés Luna y junto a un grupo de mecánicos que trabajan incansablemente, encontró mucho más que un conjunto competitivo: halló un verdadero grupo humano. Después de haber pasado por distintas manos de obra a lo largo de su trayectoria, este equipo le devolvió la confianza, la seguridad, la motivación y el disfrute. Un entorno que acompaña, contiene y potencia, renovando sus ganas y su amor por seguir compitiendo.
Con más de 500 carreras en su haber, Kechichian demuestra día a día que la pasión no entiende de edades. “Calcula que el año pasado me hicieron el homenaje acá de 100 carreras en el 4000 y en total con esta carrera tengo 502 carreras”, afirma.
Pero su vigencia no es casual. Hay un trabajo y esfuerzo constante detrás de cada competencia. La preparación física ocupa un lugar central en su rutina, entendiendo que el rendimiento arriba del auto también depende del estado del cuerpo y la mente. “Me entreno, trato de hacer una vida sana, hago deporte, para poderme subir cada 21 días a un auto de carrera”, cuenta. A su edad, no solo compite: lo hace siendo protagonista, exigiéndose al máximo para estar en óptimas condiciones.
En cada fecha, Andrés reafirma su lugar, incluso frente a las dificultades mecánicas que son parte del deporte. Pero su motor sigue siendo el disfrute. “El automovilismo es una satisfacción, un cable a tierra… es el mejor psicólogo que tengo”, expresa. A su vez, agradece y recuerda con emoción a sus padres, pilares fundamentales en su vida: “Le agradezco a Dios, le agradezco a mis padres por haberme enseñado a trabajar”.
Hoy, con la misma convicción de siempre y con el impulso renovado, no piensa en detenerse. “Pienso seguir corriendo, por lo menos cinco años más voy a correr. Soy el último de aquella época del turismo carretera. Soy el último en actividad”, asegura.
Con décadas dentro del automovilismo, Andrés Kechichian construyó una gran trayectoria deportiva y también dejó una huella. Desde su rol como piloto, como fundador de categorías y como protagonista de distintas etapas del deporte, su aporte ha sido constante y valioso. Es parte de una generación que hizo grande al automovilismo argentino y que continúa transmitiendo esa esencia.
Andrés Kechichian es mucho más que un piloto con 500 carreras: es el reflejo de una vida de esfuerzo, de perseverancia y de amor inquebrantable por las pistas. Y lejos de mirar el pasado con nostalgia, aún sigue escribiendo su historia.
FOTOS: TRIBUNA 2 / POR MORENA PEREZ.






