
Un 9 de abril de 1970, Oreste Berta abrió las puertas de su empresa dedicada al diseño de motores y autos de competición. Se trataba nada menos que de La Fortaleza.
Existen palabras, nombres propios, términos que con sólo mencionarlos dejan en claro a qué o a quién refieren. Por caso, si decimos Diego, claramente nos lleva a la figura de Maradona; si decimos Leo, aparece en primer plano Messi; si escuchamos Flaco, indudablemente pensamos y recordamos a Juan María Traverso.
Entonces, si unimos un par de sustantivos con un punto geográfico tendremos un emblema del automovilismo. Mago, Fortaleza y Alta Gracia equivale a un nombre propio de enormes kilates: Oreste Berta, quien está celebrando 56 años desde que abrió las puertas de su bunker de sabiduría y sapiencia. La empresa comenzó a funcionar en Alta Gracia un 9 de abril de 1970. Y se la bautizó como La Fortaleza, que recibió la bendición y el padrinazgo de nada menos de Juan Manuel Fangio, y que está ubicada a la vera de la Ruta Provincial Nº 5, Kilómetro 22.

Se levanta dentro de un predio de cerca de 20 hectáreas, pero la historia tiene un capítulo anterior, que se escribió dos años antes. Porque en 1968, Oreste Santiago Antonio Berta y su esposa, Lilian Elvira Dentesano, le dieron forma a la Sociedad Oreste Berta SA, una empresa de índole familiar. El objetivo se centraba en la preparación y desarrollo de motores de competición, pero también había espacio para la tecnología aplicada a la industria automotriz.
Debieron pasar dos años para la inauguración de lo que conocemos como La Fortaleza, que se dio el 9 de abril de 1970. Desde aquella ocasión se inició una vertiginosa labor que transformó al lugar en un emblema del automovilismo argentino, un verdadero ícono de la actividad motor de nuestro país. Aquello que arrancó sin grandes sonidos rimbombantes se fue convirtiendo en un complejo tecnológico de vanguardia, en donde Oreste ideó y construyó miles de hermosas “sorpresas”.
La Fortaleza responde con creces a su apelativo. Es que en ese predio de casi 20 hectáreas se imponen diferentes secciones, como lo son los talleres de preparación, bancos de prueba de motores, el túnel de viento y también un circuito privado de pruebas, que lleva el nombre de Gastón Perkins. No porque sí le aplicaron el apelativo de Fortaleza. Es que, además de ser un centro de alto vuelo tecnológico, se había convertido en un sitio inaccesible para poner a reparo todos los secretos que Oreste ideaba para que luego fueran inexpugnables en la pista de carreras.

Por ello, Alta Gracia suena fuerte en Córdoba, con la misma intensidad de Carlos Paz, la capital o Cosquín. Es que con La Fortaleza se convirtió en una suerte de Meca fierrera y tecnológica, a lo que se suma la cercanía del autódromo Oscar Cabalén.
Un nuevo mapa
Oreste Berta nació en Rafaela, provincia de Santa Fe, en 1938. Allá por los 60 empezó a caminar por la senda de la competición. Abrazó la construcción de autos de carrera y lo hizo en una época de pleno cambio, que instauraba un nuevo mapa. Es que la ingeniería se fue ganando un lugar dentro de un contexto en donde dominaba la artesanía por aquellos años.
Así, el Mago hizo que su Fortaleza se transformara en un centro relacionado con motores y aerodinámica, por nombrar sólo un par de grupos. Se dedicó al desarrollo de impulsores y autos de competición, luego de su paso por IKA Renault, otra empresa icónica de nuestra industria. Hoy es epicentro de la ingeniería de avanzada, aplicada al diseño, fabricación de motores de competición y asistiendo a diferentes industrias.

Obras emblemáticas
Desde la sapiencia de Oreste Berta irrumpieron en el universo de la competición autos que dejaron huella y que, a su vez, convirtieron en ídolos a sus pilotos.
En el enorme listado de creaciones del Mago se anotan el Berta LR (Sport Prototipo), los Torino de Turismo Carretera a fines de los años 60 (la famosa CGT), pero uno de los momentos más gloriosos se dio pisando los 70.
Cómo olvidar a la Misión Argentina de los tres Torino en los 84 Horas de Nürburgring, de 1969, que contó con la dirección técnica de Oreste.
Si bien en el TC supo hacer estragos con los Toro de IKA, el desembarco en el TC2000 resultó superlativo. La relación con Renault quizás aparezca como la más mágica de todas, que representó una verdadera hegemonía en la categoría. Porque de la mano de la cupé Fuego, y por carácter transitivo con el Flaco y Traverso, generó cuantiosas alegrías y festejos para la marca del Rombo.
De todos modos, la magia no tuvo límites, ya que el rafaelino también estuvo vinculado con proyectos en el orden internacional. Como se dijo, hay nombres que con sólo mencionarlos rugen como el escape de un auto de competición. Uno de ellos es el de un ingeniero autodidacta, el de un maestro, el de un Mago como Oreste Berta, que es algo así como el corazón y la mente de nuestro automovilismo. Toda su sabiduría está impregnada en cada motor, en cada proyecto, en cada pared de La Fortaleza de Alta Gracia.
Fotos: www.16valvulas.com.ar / Por: Osvaldo Álvarez






