
Transcurrieron 52 años del debut del santafesino Carlos Alberto Reutemann como ganador en la Máxima. Se le dio en marzo de 1974 en Kyalami, Sudáfrica, al mando de un Brabham-Coswort BT44.
Medio siglo y un puñadito de años más separan a la actualidad de uno de los recuerdos que se mantienen incólume ante el inexorable paso del tiempo. La leyenda cuenta que 52 años atrás, un argentino comenzaba a abrir un camino para él y para los que le siguieran, por caso Franco Colapinto.
Carlos Alberto Reutemann en los 70 cruzó el Atlántico para meterse de lleno en el mundo del automovilismo internacional y no tardó demasiado en empezar la buena cosecha. Así fue que a fines de marzo de 1974 logró su primer éxito oficial en la Fórmula 1.
Esa primera vez en lo más alto del podio ocurrió en el Gran Premio de Sudáfrica, en el mítico circuito de Kyalami, ubicado a unos 25 kilómetros al norte de la ciudad capital de Johannesburgo.

El Lole probó por primera vez las mieles de la victoria sobre un Brabham-Cosworth BT 44, perteneciente a la escudería de Bernie Ecclestone. El podio de aquella jornada de marzo de 1974 lo completaron Jean-Pierre Beltoise, con un BRM y Mike Hailwood, a bordo de un McLaren/Cosworth. Y más atrás arribaron Patrick Depailler (Tyrrel), Hans Joachim Stuck (March/Cosworth) y Arturo Merzario (Iso/Cosworth).
La historia cuenta que el santafesino prácticamente llegó a la tercera fecha de la temporada en soledad. Es que la carrera no contó con TV en directo, como tampoco hubo escasez en cuanto a enviados especiales para cubrir la faena del argentino.
Estaba claro que se enfrentaba a referentes únicos del automovilismo. Sin embargo, el Lole volvió a aparecer fuerte en pista, tal como lo había hecho en Buenos Aires y en menor medida en Brasil, un par de meses antes. En las tandas de clasificación marcó el cuarto registro detrás de la Ferrari de Niki Lauda, de su compañero de equipo, el brasileño José Carlos Pace y de Arturo Merzario. Pese a ello, el Brabham asomaba contundente.
Y así fue nomás. Porque en la final el 7 blanco rebasó al local Jody Scheckter y al suizo Clay Regazzoni y se puso a la cola de la roja Ferrari del austríaco. Eran tiempos en que Lauda estaba dibujando sus primeros palotes, con lo cual estaba lejos de ser el piloto sagas y certero en que luego se convirtió.

Este no fue un punto menor, puesto que la perseverancia del santafesino hizo la diferencia. Reutemann esperó el momento, atacó y pasó a la punta. En la undécima vuelta edificó una maniobra monumental y hasta la 78° ronda se mantuvo al frente con firmeza, a tal punto que le sacó 33 segundos de diferencia a su escolta, el francés Jean Pierre Beltoise. En tanto, Lauda ya había entendido que había girado detrás de una suerte de IA, pero de carne y hueso.
Resultó, seguramente, una oportunidad para sanar heridas que aún estaban abiertas. Porque el Lole no podía sacarse de encima la bronca que le había deparado el GP de Argentina, en ese mes de enero previo. Había logrado la pole, mandó en la fila india en gran parte de la carrera, pero la mala fortuna se le cruzó adelante. Se quedó sin nafta y no pudo ver la bandera a cuadros, en una tarde que podía haber sido de gloria, pero que terminó en desazón. Quizás era la señal que no sería profeta en su tierra, como a muchos otros les ha sucedido.
Tras ello, en Interlagos, sede de la segunda fecha de ese 74, peleó mano a mano con el local, Emerson Fittipaldi, que era el gran favorito con el Lotus 72. Sin embargo, el auto del argentino no pudo sostener el ritmo y se retrasó al séptimo peldaño del clasificador.
Por ello, alguna vez, Carlos Reutemann al referirse a su primera vez en la F1, confesó: “Fue lindo, pero no tuvo el mismo sabor que si la hubiese logrado en Argentina”. Y sí, había quedado clavada una espina con olor a nafta.
Con aquel halago en Sudáfrica, el automovilismo argento volvía a paladear el sabor maravilloso de la gloria. Habían transcurrido 17 años del último triunfo de Juan Manuel Fangio, en Nürburging, el 4 de agosto de 1957 a bordo de un Maserati.
Su estreno en la Máxima data del 22 de enero de 1972 y dos años después se consagró en Kyalami, en 1974. Hasta su retiro en 1982, justamente en el dibujo sudafricano, Carlos Reutemann alcanzó 12 victorias en la categoría, con 146 GP en el lomo.
Hoy es Franco Colapinto, antes lo habían intentado Ricardo Zunino, Popy Larrauri, Norberto Fontana, Esteban Tuero, Gastón Mazzacane. Pero, sucede que el Lole escribió de puño y letra historias en la Fórmula 1 que se han alojado en el corazón del deporte argentino. Era y fue el gran responsable de los madrugones domingueros para verlo en acción en Europa.
Dueño de una especial manera de construir el éxito, meticuloso, estudioso, analítico, respetado y poseedor de un poder comunicacional inigualable para la época. No fue producto de la casualidad que Bernie Ecclestone, Enzo Ferrari, Colin Chapman (Lotus) y el Sir Frank Williams pusieran la mira en sus dotes de piloto de carreras. Reutemann pasó por las mejores escuderías de la Máxima y en cada una de ellas dejó marcada su estampa.
Fue respetado por quienes valoraron su estirpe de piloto y criticado por aquellos que todo lo explican exclusivamente desde los números. Fue el rey sin corona, es verdad; pero el gran éxito del Lole se estampó en haber dejado una estela de talento y de sapiencia a 300 km por hora.
Fotos: parabrisas.com / Por: Osvaldo Alvarez






