
El 26 de febrero de 1967 en la Vuelta de San Pedro se marcó un hito en el automovilismo argento: apareció Torino de la mano de Oreste Berta y de la recordada CGT.
El automovilismo, como la vida misma, está signado y conformado por segmentos, más comúnmente llamados ciclos. Algunos exitosos, otros no tanto; algunos extensos, otros menos y también hay que contar a aquellos que llevan la etiqueta de efímero.
El Turismo Carretera puntualmente vive una actualidad de cambios, pero no es la primera “revolución” en la vida de la categoría más trascendente de nuestro medio. Por caso, el Chevitú hizo carne uno de los grandes trancos hacia lo nuevo a partir de la iniciativa de José Froilán González en los 60, década ésta que también abrigó otro hito de modernidad, del que se están cumpliendo 59 años.
Porque el 26 de febrero de 1967 irrumpió el Torino en el Turismo Carretera y ese estreno absoluto fue con victoria, que llegó de la mano de Héctor Luis Pirin Gradassi. La aparición de Torino vino a romper con la hegemonía de Ford y Chevrolet, que se “prestaban” el dominio de la época.
Esos “intrusos” desembarcaron con cierta insolencia en el automovilismo, porque definieron un antes y un después, ya que nada fue igual de allí en más. Y todo propendió hacia el progreso. Aquella primera experiencia de los productos de IKA se dio en la única edición de la Vuelta de San Pedro, que le dio comienzo a la temporada de 1967.
Algo así como tres flechas de plata asomaron sobre la ruta de la ciudad bonaerense. Eduardo Copello, Héctor Luis Gradassi y Jorge Ternengo fueron los elegidos por un tal Oreste Berta, en ese momento casi un ilustre desconocido y todavía sin la pilcha del Mago de Alta Gracia. Aquel equipo pasó a la historia como la famosa CGT, a partir de las iniciales del apellido de sus tres pilotos.
Y casi sin querer le dieron una vuelta de rosca a la historia. ¿Cuál? Esa que imponía el paso del tiempo, y que no era otra cosa que poner en el centro de escena a un ciclo con fecha de vencimiento. El primer paso lo había experimentado el recordado y famoso Chevitu, que ideó Froilán y que condujo con maestría Jorge Cupeiro.
Aquello se trató de una movida particular, en cambio los Toro formaban parte de un equipo con apoyo de fábrica. Aquí quedaba expuesto que la época de las queridas Cupecitas estaban más cerca de convertirse en piezas de museo para mantener viva la historia, tal como hoy sucede.
Por el camino del Chevitu
Las andanzas del Chevitu habían instalado una filosofía diferente en la categoría, que tomaba solidez con los autos compactos. Y en IKA recogieron el guante. Así se eligió al Torino 380 W, auto de avanzada y potente, desarrollado por la empresa y que se producía en la planta de Santa Isabel, en Córdoba, con el Tornado como impulsor.
De todas maneras, no fue simple hacer pie en una categoría que mostraba férreas costumbres y dominadores absolutos. Por caso, en 1966, Chevrolet tenía el título de Juan Manuel Bordeu, que mataba con La Coloradita; en la vereda de enfrente aparecía Ford con el “Tractor” de Eduardo Casá, aunque también era la década de Rodolfo de Alzaga, de Carlos Pairetti, de Gastón Perkins y de un joven que hacía ruido en Arrecifes: Luis Rubén Di Palma.
La decisión estaba tomada por James McCloud, máxima autoridad de la empresa americana IKA, quien había recalado en un promisorio joven de 28 años. Sí, Oreste Berta. Así se creó el equipo oficial y el siguiente paso fue designar a los tres pilotos.
Para ello, Berta contó con plena libertad para la elección. Tras un análisis profundo el primer nombre anotado fue el de Eduardo Copello, quien ya había hecho una gran tarea con un Renault Gordini, que había preparado el mismo Oreste. El segundo apuntado fue el cordobés Héctor Luis Gradassi y el tercero el rafaelino Jorge Ternengo, quien competía en motos y estaba haciendo sus primeras armas en el automovilismo. Así, se formó “La CGT”, Copello-Gradassi-Ternengo, que debutó en San Pedro con los Torino de IKA totalmente plateados, y con una franja azul al medio del carrozado.
La famosa CGT
En nuestros días mencionar la sigla CGT nos remite al mundo gremial en consonancia con la Confederación General del Trabajo. En los 60 ya existía la central obrera y de allí, junto al ingenio popular, nació el apelativo que decoró el proyecto dirigido por Oreste Berta. Se trató nada menos que del equipo oficial de IKA (Industrias Kaiser Argentina), con sede en su planta de Santa Isabel (Córdoba) que en 1967 hizo pie en el TC y, como se dijo, estuvo conformado por Eduardo Copello, Héctor Luis Gradassi y Jorge Ternengo (CGT).
Ellos guiaron los revolucionarios Torino 380W del equipo, en cuya temporada de estreno obtuvo el título, que quedó en manos de Eduardo Copello. Fue el corolario de un dominio aplastante sobre las cupecitas que empezaban a sentir cerca el retiro para darle espacio a lo nuevo. Dicho en números, sobre 32 carreras de la temporada 67, los Toros ganaron 17, según este detalle: Copello,11; Gradassi, 4; Ternengo, 2. Así, Copello fue campeón con 99 puntos y subcampeón Gradassi, con 69.
Lo cierto es que en la historia quedó grabado que el debut de IKA en el TC fue con victoria, de la mano de Héctor Luis Gradassi, el único Torino que llegó a la bandera de cuadros, con Carlos “Coco” Piazza en la butaca derecha. Es que la suerte fue diferente para los otros dos. Copello quedó al costado del camino por una falla eléctrica, mientras que el “Nene” Ternengo sufrió un vuelco, aunque sin consecuencias físicas.
El clasificador de aquella Vuelta de San Pedro, organizada por el Automóvil Club San Pedro, Premio “Fruticultores Guzzo”, sobre un circuito de 56 kilómetros (34 de tierra y 22 de asfalto), quedó, tras 10 giros, con Héctor Gradassi (Torino 380W) al frente, escoltado por el Ford F100 de Eduardo Casá y Mariano Calamante – Chevrolet 7b-. En tanto, completaron los 10 primeros Ricardo Bonanno (Chevrolet F-100), Nasif Estéfano (Falcon F-100), Eduardo Matías (Ford/F-100), Nelson Prandi (Ford/F-100), Luis Villa (Chevrolet), Eloy González (Chevrolet) y Antonio Bertolotto (Ford/F-100).
A partir de aquella Vuelta de San Pedro la tradición en el TC comenzó a cambiar: se daba un tranco grande hacia adelante, pese a la lógica resistencia a lo desconocido. También, la semilla de un legado, el de Torino, quedaba plantada para la posteridad. Y, a todo esto, Copello, Gradassi y Ternengo le dieron otra entidad a la sigla CGT, porque plantaron la bandera del poderío de esa nueva agremiación, cuya partida de nacimiento establece que vio la vida aquel 26 de febrero de 1967 en San Pedro, provincia de Buenos Aires.
Fotos: Diario Popular – f1-web.com / Por: Osvaldo Alvarez









