
Silvio Héctor Oltra logró el título del TC 2000, el único de su carrera, el 13 de diciembre de 1987. También incursionó en la música.
Su figura perdura en el ambiente, desde una sonrisa in-disimulable y constante. Una estampa de buen tipo, de un tipo afable, apasionado por lo que hacía. La velocidad era una de sus debilidades, pero no la única porque la música también había instalado su campamento en la vida de Silvio Héctor Oltra.
Hoy son 38 años de la obtención del título de TC 2000, el único de su carrera, cuando el piloto de Olivos tomaba por la puerta de ingreso a la historia dorada del automovilismo argentino con su cupé Renault Fuego.
Para muchos, el 13 representa la yeta, la escasa fortuna, pero para Oltra resultó todo al revés. Porque un 13 de diciembre de 1987 definió a su favor la temporada de ese año del competitivo TC 2000 ante rivales de fuste, como el Flaco Juna María Traverso y Ernesto Tito Bes-sone, por nombrar apenas a un par.
Aquella jornada fue testigo de cómo el autódromo de Buenos Aires se venía abajo. Es que la gente festejó el título de Oltra sin importarle demasiado qué marca de auto utilizaba, quizás porque se trataba de alguien que desde la simpatía, la humildad y el bajo perfil edificó una carrera íntegra.

No se trató de una definición simple y de las comunes. Sucedía que el “Canta autor” salió a batallar aquel año con una Fuego particular. Por ello, todo era un poco más cuesta arriba, no era casualidad, entonces, que a la última carrera llegara como tercer candidato, frente a los dos grandes favoritos, como el Flaco Traverso, con una Fuego oficial y Tito Bessone, con una Ford Sierra.
Silvio Oltra llegó a la fecha final con mínimas chances, pero chances al final para quedarse con el título. No tenía alternativa: debía ganar y esperar que a sus dos rivales les apareciera una zancadilla en el camino.
Y asomó dispuesto a hacer pesar esa posibilidad que él mismo había pergeñado en 1987. Es que había logrado un par de victorias en el Coliseo Porteño y en el Ingeniero Juan R. Báscolo, de Rafaela.
Los análisis previos ponían a Traverso y Bessone como los dos principales oferentes. Sin embargo, Oltra, a quien sólo se lo tenía en cuenta porque las matemáticas así lo imponían, desbordaba de confianza en su equipo particular, en el esfuerzo y en la voluntad de quienes lo secundaban.

Nunca se sabrá a qué atribuirle ciertas y semejantes si-tuaciones que suelen aparecen en el automovilismo y en la vida misma. Lo cierto es que el par de rivales se complicó, ya que Traverso y Bessone sufrieron con los neumáticos -como muchos ese fin de semana- y finalizaron en el décimo y undécimo puesto, respectivamente. Increíble, pero real, tanto que la victoria que Oltra necesitaba se hizo realidad sobre el dibujo 9 del Gálvez y con ello, la corona del TC 2000. Osvaldo Cocho López (Renault Fuego) y Carlos Crocco (Ford Sierra) fueron los otros integrantes del podio de una épica jornada, en que el piloto de Olivos escribió su mejor canción con melodía de motores.
La temporada del TC 2000 se integró de tres fechas en Buenos Aires, más General Roca, Mendoza, Santa Fe, Córdoba, Rafaela, Las Parejas, San Juan, Pigüe y Río Cuarto. Así, tras una docena de capítulos, el título quedó en manos de Silvio Oltra, con una cosecha de125 puntos; detrás se encolumnaron: Juan María Traverso, 119; Ernesto Bessone, 115; Mario Gayraud, 86; Osvaldo Cocho López, 71; Esteban Fernandino, 68; Ernesto Soto, 68; Gustavo Der Ohanessian, 47; Rubén Luis Di Palma, 46; y Rodolfo Zuain, 41.
Con toda la previa y los quilates de quienes llegaban con chances de campeonar, en el inconsciente colectivo se anidó aquello de que “nadie hubiera imaginado un final así”, es decir que se alzara con la corona aquel que menos “garpaba”.

Los tres (Traverso, Bessone y Oltra) se habían prepara-do para ganar, a partir de lograr confiabilidad y velocidad. Durante el fin de semana, los cronómetros y los parciales dejaban flotando la sensación que la Fuego de Silvio asomaba mejor equilibrada que los autos de sus rivales.
La clave la ideó Rubén Benavídez, a partir del nuevo tren trasero que realizó en la Fuego, que implicó que Oltra pudiera copiar con velocidad y solidez tanto la zona veloz como el mixterio del trazado 9.
Si bien, la Fuego oficial del Flaco y la Sierra de Tito no eran menos, la diferencia apareció en el caucho, porque la temperatura de los neumáticos era óptima en la Fuego particular, detalle que hacía que el equipo desterrara dudas sobre la duración y el desgaste. Dicho de otro modo, había confianza.
Un cimiento de zonales
Ese título del 87 significó llegar a la cresta de la ola, pero antes hubo cimientos que sostuvieron a lo largo de los años la carrera del piloto de Olivos.
Los inicios de Oltra se dio en el ámbito zonal, en las postrimerías de la década del 70, con la irrupción en la Asociación Standard Mejorado con un Fiat 600. Un poco más adelante, en los 80, el Canta Autor debutó en el ni-vel nacional: Fórmula Renault, el TC 2000 y el Club Ar-gentino de Pilotos (CAP).
Sin embargo, en 1986 Silvio Oltra apuntó todos los cañones al TC 2000 y al CAP, pero el éxito llegó primero en el TC 2000 y quizás fue donde se pasó a ser parte de un círculo selecto habilitado para los mejores de esa época.
Así fue que esa categoría constituyó su Meca; allí corrió 128 pruebas, con logró cinco victorias y 24 podios. Pero lo llamativo es que no se mostró como un monomarca, ya que siempre buscó el mejor auto. Por ello es que se subió a un VW 1500, Renault Fuego, Ford Sierra, Volks-wagen Carat, Fiat Regatta y Fiat Tempra (1994).
De todos modos, no fue lo único en su carrera. Es que también pasó por el TC y el Supercart, donde también fue ganador.
En el pentagrama
Su otra pasión pasó por las corcheas y el pentagrama. Es que mientras era uno de los top sobre autos de com-petición, su figura trascendió esa frontera. Se dedicó a la música, a tal punto que editó tres discos: “Silvio Oltra” (1987); “Ahora tengo todo” (1990); y “Aprender a vivir” (1992).
Este último trabajo discográfico contó con la producción de Eddie Sierra y que tuvo como tema insignia, y como tal más conocido, “Sintonía”.
Le tocó convivir con verdaderos monstruos del automovilismo, y por lo tanto en un ambiente competitivo al ciento por ciento. Sin embargo, Silvio Héctor Oltra generó un doble comando exitoso. Porque como piloto se instaló en la elite y como ser humano ganó mucho más aún, porque en el recuerdo que dejó sobre sale una sonrisa bonachona y humilde. Se fue temprano, apenas tenía 37 años.
Aquella mañana del 15 de marzo de 1995, el helicóptero donde viajaba y que piloteba Carlos Menem Jr., el hijo del por entonces Presidente de la Nación, se estrelló a la vera de la Ruta Nacional 9, entre Ramallo y San Nicolás. Allí se apagó esa sonrisa única que regó a aquellos de nuestro automovilismo.









